Una marea euskaltzale inunda el Botxo

Los 79 kilómetros que Korrika recorrió ayer por Bilbo fueron el broche a una jornada en la que Ezkerraldea madrugó como nunca para coger el tesgigo del euskara con cientos de participantes que se transformaron en miles de euskaltzales en un Botxo entregado.

Agustín GOIKOETXEA|GARA
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Miles de euskaltzales se sumaron a una carrera en la que todas y todos quisieron aportar y arropar.

Bilbo nunca ha fallado a Korrika, no lo hizo en 1980 en su primer encuentro con un fenómeno que cada segundo que pasa supera el hito anterior. Ayer, durante cerca de cinco horas, la villa vibró como nunca en la vigésima ocasión en que se encuentran; se dio la paradoja que desde su pedestal Don Diego vio hasta en dos ocasiones a cientos de korrikalaris pasar al grito de «ika, ika, ika, hemen dator Korrika».

Antes de arribar al Botxo, Korrika hizo madrugar a Ezkerraldea, cuyo testigo llegó por vía marítima a la dársena de Portu, en Barakaldo, desde Erandio. Cientos de euskaltzales la recibieron con ímpetu como luego lo hicieron Sestao, Portugalete y Santurtzi camino de Meatzaldea y Enkarterriak, con un salto a la localidad alavesa de Artziniega.

Cientos y cientos de euskaltzales se fueron relevando hasta que pasadas las 17.00, Korrika llegó a Bilbo a través de Kastrexana, donde a modo de metáfora portó el testigo Ongi Etorri Errefexiatuak, toda una carta de presentación para una edición en la que se anima a sumar y aportar al euskara, al conjunto de lenguas del mundo, en favor de la cultura universal.

El ritmo de ‘‘Zirkorrika’’ iba contagiando a quienes se sumaron en Zorrotza, donde hubo suerte y las barreras del paso a nivel de Feve no se bajaron al paso de la carrera. El rico movimiento ciudadano salió a la calle con sus reivindicaciones, también trabajadores de empresas e instituciones deseosas de apoyar a Korrika, como se fue repitiendo en las decenas de kilómetros por las calles del centro y de los barrios hasta que por la anteiglesia de Deustu, por Elorrieta, se encaminó al Txorierri a través de Lutxana.

Zorrotza fue la primera etapa luego llegó Zorrozgoiti, Altamira y Basurto buscando Errekalde e Irala para descender hacia San Francisco y Bilbao la Vieja. En Zamakola, bajo el puente de Miraflores, corrieron los bomberos para dar el relevo a grupos de Abusu. En Bolueta, Herri Norte marcó impronta como luego lo harían en Txurdinaga y Otxarkoaga Kale Dor Kayiko y Pa-Ya Konpartsa. Santutxu no quiso ser menos, al igual que Begoña y Uribarri. Ediles con Juan Mari Aburto a la cabeza cogieron el testigo como lo harían otros.

Los presos, muy presentes

Un momento especial se produjo en la plaza Unamuno, donde la abogada y expresa Arantza Zulueta lo portó con más compañeros –antes había sucedido en Santutxu con otros exprisioneros– mientras se reivindicaba la vuelta a casa de todos los represaliados. Bilboko Konpartsak lo tomó en el Arriaga en las personas del pregonero Patxo Telleria y la txupinera Giséle Felli Gorritxo, rodeada de otras compañeras, que tuvieron un gesto con los tres huelguistas de hambre que mantienen su protesta desde hace ya 15 días en La Naja. Los propios protagonistas llevaron el testigo en el corazón del Casco Viejo, en la calle Perro.

Fue uno de los ‘‘momentos’’ de la tarde, como luego en los alrededores de San Mames los metros que corrieron las jugadoras del Athletic. La reivindicación de la vuelta a casa de los presos no desfalleció en los 79 kilómetros por las calles del Botxo, pero se hizo aún más intensa junto a Puppy, frente al Guggenheim, donde estuvieron integrantes de Etxerat.

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