Un jefe policial reconoce que ETA no atentaba indiscriminadamente y que eso le descartaba en el 11M

«Cualquiera que haya trabajado el terrorismo de ETA, sabe que una organización autóctona, que necesita el apoyo social para subsistir, no puede cometer un atentado con víctimas indiscriminadas, porque inmediatamente sería aniquilada por la colaboración de la propia gente de su organización». La frase corresponde a Juan Jesús Sánchez Manzano, comisario y jefe de los Tedax en el 11M.

Iñaki Altuna|2019/03/11 13:30
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Los yihadistas colocaron bombas en varios trenes de cernanías de Madrid (NAIZ)

Juan Jesús Sánchez Manzano era comisario y jefe de los Tedax (unidad de desactivación de explosivos) en las investigaciones tras el ataque yihadista perpetrado el 11 de marzo de 2004 en Madrid, que causó 193 muertos y sobre el que el Gobierno del PP urdió un gran montaje de intoxicación para atribuir la autoría del mismo a ETA, al menos hasta celebrarse las elecciones generales tres días después.

Jubilado en octubre pasado, Sánchez Manzano ha ofrecido una entrevista al diario ‘El País’, en la que afirma sin tapujos que el Gobierno de Aznar le pidió «que asumiera su mentira sobre el 11M».

El comisario reconoce que tenían prácticamente descartada la autoría de ETA a las pocas horas del atentado, y ofrece los datos que les llevaron a esa conclusión, que no hizo más que confirmarse con el paso de las horas. Pese a ello, el Ejecutivo insistía e incluso mandaba mensajes al ámbito internacional señalando a la organización vasca. Los mandos policiales remitían sus datos desmintiendo ese extremo, pero luego escuchaban en los medios de comunicación que los portavoces gubernamentales seguían con el «ha sido ETA».

Pero no solo había pruebas materiales. El propio carácter indiscriminado de la acción era para los mandos policiales un sólido indicio para saber que no era ETA. Así lo reconoce ahora el entonces jefe de los Tedax, quien con esta afirmación deja al descubierto, además, una práctica habitual de los responsables políticos y policiales españoles en la lucha contra ETA, la de atribuirle esa voluntad de causar masacres indiscriminadas.

La propia ETA, en su última entrevista concedida pocas semanas antes de anunciar su final, el de 3 mayo de 2018, se refería precisamente a esta cuestión: «No queremos que se malinterprete, pues es innegable que también hemos cometido grandes errores. Pero tenemos que decir que mucho de lo que se ha atribuido a ETA en los medios de comunicación no se corresponde con la realidad, sobre todo cuando han dicho que hemos buscado masacres indiscriminadas. Han solido decir, cuando las fuerzas policiales han conseguido impedir alguna acción, que tal acción tenía como objetivo provocar la muerte del mayor número posible de personas, a sabiendas de que era mentira, pues muchas veces no tenían más que objetivos materiales. Puede ser duro decirlo, pero no se puede negar que es significativo: ¿cuántos coches-bomba ha hecho estallar ETA en Madrid, cuántas toneladas de explosivo? Si el objetivo hubiera sido matar al mayor número posible de personas, ¿qué efecto habría tenido eso?»

«A los policías, periodistas y responsables políticos que practican esas intoxicaciones –insistía ETA en aquella última entrevista anterior a su disolución– habría que preguntarles si para quitar legitimidad a la organización no basta con lo que ETA ha hecho verdaderamente, y si es por eso que han tenido que inventar semejantes mentiras. ¿Acaso solo con lo hecho no seríamos lo suficientemente ‘terroristas’?»

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