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Carreras de montaña

No pueden vivir sin correr, sin trepar por senderos de montaña, atravesar collados a la carrera y descender volando a zancadas gigantes. Son los atletas del trail running y Euskal Herria cuenta con representantes en la elite de este deporte; Aritz Egea y Mayi Mujika son dos de ellos.

Gotzon Aranburu|2019/03/12 11:10
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No pueden vivir sin correr, sin trepar por senderos de montaña, atravesar collados a la carrera y descender volando a zancadas gigantes. Son los atletas del trail running, los espigados hombres y mujeres que pueden mantenerse en competición durante 30, 40 o incluso 300 kilómetros, a lo largo de horas interminables en las que luchan contra el terreno abrupto, el cansancio y la propia mente. Euskal Herria cuenta asimismo con atletas de la elite de este deporte; Aritz Egea y Mayi Mujika son dos de ellos.

¿Quién no conoce a estas alturas la Zegama-Aizkorri? O la Ehunmilak de Beasain. O ha oído hablar de carreras míticas como el Ultra Trail del Mont Blanc, con sus temibles 172 kilómetros de recorrido y un desnivel positivo de 10.000 metros. Atletas como Kilian Jornet han alcanzado el Olimpo mediático gracias a sus continuas hazañas en trail y ultra-trail. Euskal Herria cuenta con varios nombres relevantes en lo más alto de este modalidad deportiva, como Iker Karrera, Javi Domínguez, Jokin Lizeaga o Aritz Egea, por citar algunos entre los hombres, o Maite Maiora, Oihana Kortazar o Oihana Azkorbebeitia entre las mujeres. Docenas más les secundan en los podium y otros muchos y muchas, adolescentes todavía, vienen ya empujando en las carreras de montaña.

Las carreras de montaña se dividen en dos categorías principales, en función de su distancia: trail y ultra-trail. Una carrera de trail sería, por ejemplo, la carrera Leharrei que se disputará en Gabiria el 6 de abril, con 24 kilómetros de recorrido y 1.300 metros de desnivel positivo. También sería trail la Zegama-Aizkorri, con sus 42 kilómetros de recorrido, curiosamente igual que una maratón de atletismo convencional. Una ultra-trail sería la Ehunmilak de Beasain, con sus 168 kilómetros y 11.000 metros de desnivel positivo. Y una ultra-trail extrema sería la italiana Tor des Géants, con sus 330 kilómetros de recorrido y 24.000 de desnivel positivo; la edición masculina de 2013 la ganó Iker Karrera (con un tiempo de 70 horas y 21 minutos), la de 2017 el gasteiztarra Javi Domínguez (67 horas y 52 minutos), mientras que la femenina de 2018 fue para la abadinotarra Silvia Trigueros, que invirtió 87 horas y 50 minutos en completar el recorrido.

Una característica de las carreras de montaña es que, al contrario que en el fútbol, por ejemplo, su categorización a nivel internacional no está definida. Existen distintos campeonatos, pero no un Campeonato del Mundo homologado y reconocido por la comunidad trail. Sin embargo, se trabaja en ese sentido, y la ITRA (International Trail Running Association) y la WMRA (World Mountain Running Association) pretenden organizar un Campeonato del Mundo conjunto en 2021, proyecto con más apoyo por parte de las estructuras federativas de atletismo que de las de montaña. Ahora mismo, los circuitos mundiales más importantes son las Migu Run Skyrunner World Series, que se dividen en Sky Classic y Sky Extra, esta última con pruebas de más largo recorrido, y las Golden Trail World Series, organizadas por la marca Salomon, en la que se inscribe este año la Zegama-Aizkorri, que hasta la edición del año pasado pertenecía a las Skyrunner World Series.

Un hombre que conoce perfectamente el mundo del trail es Aritz Egea, que nos recibe en su casa de Ezkio tras completar el entrenamiento del día. El deporte es un componente fundamental de su vida y lo practica desde niño, cuando sus padres le llevaban de la mano a Irimo, Izazpi y otros montes del contorno. De caminar pasó a correr, y a la bicicleta, y a nadar… y pronto estaba haciendo triatlones. Llegó a disputar la carrera mítica de la especialidad, la Ironman de Hawai, en 2010 («el recuerdo más poderoso de mi carrera deportiva», nos dice), pero al año siguiente dejó el triatlón y en 2012 ya estaba disputando carreras de montaña. Gracias a un amigo que le facilitó el dorsal, aquel año corrió por primera vez la Zegama-Aizkorri, la completó en 4 horas y 38 minutos, y el “veneno” del trail se introdujo en su cuerpo, de donde no ha salido ya. Siempre está en la línea de salida de Zegama-Aizkorri y dos veces ha conquistado el cuarto puesto, con un tiempo de 3 horas y 59 minutos en 2015 y 3 horas y 55 minutos en 2017. Este fue sin duda el año de su despegue internacional, con dos triunfos en la Copa del Mundo Sky: Olympus Marathon en Grecia y The Rut 28K, en Estados Unidos.

El año pasado Aritz ganó carreras del nivel de Reventón Trail y logró puestos importantes en muchas carreras de elite, como el quinto en la Marathon du Mont Blanc, tercero en la Media Maratón Transvulcania, o séptimo en The Otter Race de Sudáfrica. Está claro que Aritz es extremadamente competitivo y un magnífico gestor de su tiempo, pues para mantenerse en la elite mundial ha de cumplir rigurosamente el programa de entrenamiento que le diseña otro grande del trail vasco, Jokin Lizeaga. «Es cuestión de organizarse y marcar prioridades. Este deporte nos apasiona a quienes lo practicamos y a quienes lo siguen de cerca, pero a nivel mediático y económico está en un escalón muy inferior. Es decir, que nadie se gana bien la vida con las carreras de montaña, exceptuando a atletas de la talla de Kilian Jornet. Hay corredores que se han profesionalizado y viven de los premios de las carreras y algunos patrocinios, pero de forma muy precaria; tiene que ser muy duro. Yo tengo mi trabajo y mi familia, y para combinarlo he de levantarme muy temprano, volver lo antes posible del trabajo, entrenar, y estar con mi pareja y los niños. Es un encaje de bolillos complicado, y claro, para mí el poteo y la televisión no existen».

Aritz es ingeniero electrónico y profesor e investigador en Mondragon Unibertsitatea. Tiene pareja y dos niños pequeños. Todo ello ha de compaginarse con la competición y las doce horas semanales de entrenamiento. Compañeros suyos en el equipo Salomon se dedican a tiempo completo al trail, lo que les permite entrenar hasta veinte horas por semana, algo inalcanzable para Aritz, a pesar de que cuenta con el apoyo total de su mujer, por lo que se considera «verdaderamente un privilegiado. No solo me apoya, sino que me empuja a hacerlo bien cada que compito». Aritz es impulsivo en carrera, con salidas explosivas, si bien el uso del pulsómetro le está haciendo correr últimamente de forma más regular. Pero lo que tiene de impulsivo en la montaña lo tiene de estratega en el diseño de su carrera deportiva; sabe que con doce horas semanales de entrenamiento no puede aspirar a estar en lo más alto en las ultra-trail y por tanto renuncia a ellas y se concentra en el trail clásico.

Las carreras de montaña atraen cada vez a más mujeres, y las vascas no son una excepción. A las citadas Kortazar, Maiora, Azkorbebeitia o Trigueros se van añadiendo nuevos nombres cada año. Entre las runners de montaña emergentes está Mayi Mujika. También ella ha practicado deporte desde niña -volvía corriendo de la ikastola a casa…- pero fue el fútbol su primera elección. Tras once años con el balón, hace tres decidió cambiar y optó por el trail. En su primera carrera de nivel, Goierriko Bi Handiak, vio que se le daba bien, se entregó a la nueva modalidad, y el año pasado recibió la llamada de la selección vasca, con la que disputó la Copa de España, subiendo al tercer cajón del podio en la clasificación general final. También fue tercera en la Matterhorn Ultraks, de 49 kilómetros, carrera que se adjudicó otra vasca, Virginia Pérez Mesonero.



«Al contrario que Aritz, yo no tengo cargas familiares y además suelo disponer de tres mañanas libres en mi trabajo -es monitora deportiva-, por lo que cuento con bastante tiempo para entrenar» nos cuenta Mayi, que tras terminar la entrevista se lanzará montaña arriba (Irimo) acompañada de su inseparable perra Copi. El programa de entrenamiento se lo diseña Jokin Lizeaga, a quien Mujika atribuye gran parte de su buen rendimiento en carrera, pues hasta ingresar las filas de la selección era bastante autodidacta en materia de entrenamiento. Descansa dos días a la semana y el resto los distribuye entre entrenamiento en asfalto, montaña y algo de bicicleta.

Aritz fue miembro de la Selección Vasca de Trail y Mayi lo es en este momento. Ambos coinciden en que la selección es como una familia, el trato muy cercano y el ambiente inmejorable. Y abre posibilidades, como la de disputar carreras en el extranjero con los gastos pagados, algo difícilmente asumible a título particular. «También supone una gran responsabilidad, por lo que representa la camiseta que llevas», apunta Aritz. Mayi se ha encontrado cómoda desde el primer momento con sus compañeros y compañeros, de los que aprende todos los días: «Esperaba un grupo más estricto, jerarquizado, pero no es así, me han hecho sentirme miembro de la familia en pie de igualdad». Económicamente, la selección supone una ayuda importante para Mayi a la hora de viajar y alojarse en competiciones lejos de casa, por cuanto el equipo se hace cargo, pero por lo demás su única ayuda proviene de un patrocinador que le hace un descuento en material deportivo.

En el caso de Aritz, la llamada de Salomon llegó en un momento clave, pues ya había decidido abandonar la disciplina de la selección vasca y tratar de competir en otras pruebas del calendario. Es lo que le permite el prestigioso equipo francés, que llevará a Aritz, además de a la Zegama-Aizkorri, a la Marathon du Mont Blanc, la Sierre-Zinal de Suiza, la Ring of Steall escocesa, e intentará estar en la Pikes Peak Marathon de EEUU y la Annapurna Train Marathon de Katmandú. A cambio, Egea, consciente de que la mayor competencia la tiene en su propio equipo, dará de nuevo el 100% de sí mismo en carrera. Y atenderá otras exigencias del deporte moderno, como una presencia continua en las redes sociales, un terreno en el que se maneja con soltura. En cualquier caso, la pertenencia a Salomon solo obliga a Aritz a atenerse al calendario previsto por el equipo, pero él es soberano en cuestiones como elegir el entrenador, que en su caso sigue siendo Jokin Lizeaga, en quien confía totalmente en el plano estrictamente técnico y en el sicológico.

El plan de preparación semanal de Egea consiste en un día o dos de descanso y entrenamientos en asfalto o montaña en torno a hora y media diarios el resto de la semana, a excepción del sábado, cuando se alarga hasta tres horas. En época invernal corre más en carretera, por un doble motivo: adquirir velocidad y aprovechar mejor las escasas horas de luz. A medida que avanza la temporada, abandona el asfalto y se concentra únicamente en la montaña.

Parece claro que para entrenar -muchas veces con una climatología adversa- y competir -en carreras siempre exigentes-, todo ello con una compensación económica tan exigua, tiene que haber una gran motivación. Y vaya si la hay. Tanto Aritz como Mayi admiten abiertamente que son «adictos» al deporte y que no se imaginan su vida sin práctica deportiva. Correr les produce placer. Aritz: «Si por algún motivo tengo que estar dos días seguidos sin entrenar, me pongo insoportable». Mayi: «Las horas de entrenamiento son mi mejor momento del día. Y aunque en una carrera sufra, en cuanto piso la meta ya estoy deseando que llegue la siguiente». ¿Y es sano un deporte con tanta exigencia? me atrevo a preguntar. Egea tiene la respuesta preparada: «En mis tiempos de triatleta solíamos decir que no sabíamos si competir es sano, pero desde luego que lo es la vida que tienes que llevar para poder competir. Pues ahora lo mismo».

En este momento en que cada vez más gente se anima a correr, Aritz llama la atención sobre la importancia de medir correctamente las fuerzas propias y el estado de forma a la hora de iniciarse en este deporte. Naturalmente, apoya la práctica del atletismo, pero no oculta que viene observando algunos comportamientos de riesgo, y se refiere concretamente a esas personas que sin haber hecho deporte en toda su vida de pronto ven la luz y se lanzan a correr con bastantes años y kilos encima. «Que se lo tomen con calma, que vayan poco a poco, que no hagan locuras. No puede ser que en un año pases de cero a competir en una maratón de montaña. Si llevas toda la vida practicando algún deporte el cuerpo se ha hecho a determinados esfuerzos, pero si no es el caso y lo fuerzas, te pones en riesgo. Lo dicho, poliki poliki…».

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En el plano sicológico -y es sabido que durante las largas horas de carrera en montaña a los competidores les pasa de todo por la cabeza- Aritz tira de un recurso que no oculta, y es que le apasiona ganar, dejar el pabellón alto ante los espectadores y recibir su cariño. Ese ego bien entendido le proporciona un impulso extra en los momentos de desfallecimiento. Su otra gran motivación es el recuerdo de su abuelo, el convencimiento de que estaría orgulloso de ver a su nieto dándolo todo. Aritz nunca sale a cumplir.

El invierno se acaba y llegan las carreras. Mayi competirá en Semana Santa en Japón, luego disputará la Transvulcania, la Skymaraton de Livigno, la Zegama-Aizkorri, el Campeonato de España en Somiedo, también volverá a Zermatt… un calendario intenso y exigente de la Skyrunner World Series al que se enfrenta con confianza y dispuesta a dejar alto el pabellón vasco. Lo mismo que Aritz, vista la camiseta que vista.

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