La historia del negacionismo sobre la luna y el puñetazo de Buzz Aldrin a Bart Sibrel

Mañana se cumplirá medio siglo desde que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisaron por primera vez la Luna. Poco menos tiempo tienen las versiones que niegan tal logro y achacan a Hollywood el montaje de la escena. En alguna ocasión, la disputa se ha dirimido, literalmente, a puñetazos.

Mikel ZUBIMENDI|2019/07/19
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Louis Armstrong, sobre la superficie de la Luna. (NASA)

Medio siglo después, en plena era de Internet, donde uno puede decir lo que quiera a un número de gente que nunca antes imaginó, la idea de que el alunizaje en el satélite fue una gran estafa muy elaborada, una producción hollywoodiense, tiene cada vez más seguidores. Siempre que pasa algo grande, y más si es trascendental, aparece una contraexplicación y, al parecer, a la gente le resulta más atractiva si es conspirativa.

Los conspiracionistas son así. Que la mano del Gobierno de EEUU está tras el 11-S, que la Tierra es plana, que el Holocausto nunca existió y que la llegada a la Luna fue una falsedad son simplemente hechos para ellos.

Todo empezó como una corazonada, como una intuición. Luego se hizo convicción. Bill Kaysing, exempleado de Rocketdyne, una compañía que ayudó en el diseño de los motores del cohete Saturno V, publicó en 1976 un panfleto –“Nunca fuimos a la Luna: la estafa de los 30 millardos de dólares”– acompañando sus certezas con fotocopias y ridículas teorías. Hoy sus seguidores son legión.

A pesar del increíble volumen de evidencias, entre otras, 382 kilogramos de roca lunar, que Rusia corroborase el hecho o de las imágenes de la sonda espacial estadounidense destinada a la exploración lunar que mostraban las huellas de los astronautas en la Luna, los negacionistas y sus reclamaciones siguen ganando creyentes.

Afirman, por ejemplo, que la bandera de EEUU aparece como si estuviera agitándose al viento. Y como eso es imposible, dado que no hay viento en la Luna, todo fue un «fake» que bien podría haber sido filmado por Stanley Kubrick. Los hechos, no obstante, indican que antes de dejarla caer, la NASA decidió utilizar una varilla en ángulo recto para mantenerla extendida. Armstrong y Aldrin la doblaron accidentalmente un poco. También les preocupaba que el asta de la bandera pudiera caerse y decidieron sacar inmediatamente las fotos, capturando la imagen de la bandera cuando estaba moviéndose.

También defiende esa vieja estirpe de «terraplanistas» que no aparece ninguna estrella en el fondo de las fotos porque la NASA sabía que los astrónomos las usarían para determinar si estaban sacadas en la Tierra o en la Luna. Sencillamente, la velocidad de obturación de las cámaras de los astronautas, para que las fotos no fueran sobreexpuestas a la brillante luz en la luna, era demasiado rápida para capturar la tenue luz de las estrellas.

Dicen también que cuando el módulo descendió a la superficie lunar no esparció polvo y no dejó ningún cráter. Pero la gravedad de la Luna es más o menos una sexta parte de la gravedad de la Tierra, lo que hace posible un aterrizaje más suave. Además, durante el alunizaje los astronautas descendieron en horizontal durante un tiempo, con lo cual no tuvieron que dirigir hacia abajo los propulsores.

Los escépticos presentan también otra reclamación: el ángulo y los colores de las sombras en las fotografías de la Luna son inconsistentes, lo que sugiere la utilización de luz artificial para iluminar un estudio. Pero pasan por alto lo esencial: la multitud de cráteres y colinas de la luna, junto con las diferentes fuentes de luz que la iluminan –luz directa desde el Sol, luz reflejada en la superficie de la Luna, luz reflejada en la Tierra–, causa lo que parecen ser distorsiones e inconsistencias. Además, las cámaras tenían objetivos de gran angular.

Asqueado de los negacionistas, en un episodio memorable, Buzz Aldrin decidió cortar por lo sano. En 2002 pegó un histórico puñetazo al cineasta Bart Sibrel, después de que este le hubiera llamado «mentiroso» y negar que hubiera estado en la Luna.

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