Sudáfrica alza el dedo al comprobar que los All Blacks también son humanos

Los Springboks se llevan el Rugby Championship por vez primera desde que se disputa entre cuatro selecciones. Nueva Zelanda baja el pistón y sus rivales sueñan con destronarle en el Mundial. Australia de menos a más, Argentina de más a menos.

Imanol INTZIARTE|2019/08/12 10:30
Springboks
Mtawarira, Mbonambi y Nyakane, primera línea titular de Sudáfrica frente a Argentina, celebra el título del Rugby Championship. (JUAN GASPARINI / AFP)

¿Ha sido hallada la vacuna contra la plaga negra? ¿O se trata tan solo de que se encuentra en fase durmiente, a la espera de brotar con mayor virulencia? Es la incógnita que nos deja el Rugby Championship, el torneo anual de las cuatro potencias del hemisferio sur.

Este curso, por eso de ser mundialista, hemos vivido su versión reducida, a una vuelta y tres partidos por barba. Y Nueva Zelanda no es que no haya sido primera. Es que tampoco ha podido ser segunda. El título ha sido para una Sudáfrica que ha gustado, y mucho. Los Springboks ganan enteros en los pronósticos para Japón, a falta de poco más de un mes para el arranque de la Copa del Mundo.

La roja a Scott Barrett

Por partes. Los de negro han cerrado el torneo con una apurada victoria en Argentina (16-20), un empate en casa frente a Sudáfrica (16-16) y una abultada derrota en Australia (47-26), marcada por la roja que vio Scott Barrett justo antes del descanso. Los Wallabies aprovecharon la coyuntura para darse el gustazo y servirse la revancha de tantas derrotas ante sus vecinos.

Con el calendario tan cargado que afrontan los jugadores de élite, el seleccionador Steve Hansen –al igual que sus colegas– se ha dedicado a rotar, a repartir minutos y descansos, a despejar dudas para la convocatoria. Hay que tener en cuenta que Nueva Zelanda arranca la fase de grupos el 21 de setiembre ante Sudáfrica, pero sus tres siguientes partidos (Canadá, Namibia e Italia) son en teoría un trámite antes del choque de cuartos, 19 o 20 de octubre. Ahí empezará el auténtico Mundial para los vigentes campeones.



El técnico también se ha dedicado a las probaturas a la hora de repatir dorsales y roles. Lo más llamativo, ver a Beauden Barret como zaguero, desplazando a Ben Smith al ala, para hacer hueco a Richie Mo’unga en el puesto de apertura. A primera vista los resultados no han sido óptimos, pero precisamente para eso son los experimentos.

Nueva Zelanda ha mostrado su rostro humano, lejos de ese rodillo implacable que pasaba por encima de la víctima de turno a partir del minuto 50-60. Se ha visto sometida en muchos momentos, pero ha demostrado por un lado su gran capacidad de sacrificio defensivo y, por otro, su afilado colmillo para firmar ensayos a la más mínima ocasión que se les conceda. Y ojo, en 2011 y 2015 tampoco ganó el Championship, pero sí el Mundial, que era lo que importaba.

Si alguien sale rebosante de optimismo es Sudáfrica. En Wellington pudo dar la campanada, pero le falto claridad en los metros decisivos y se tuvo que conformar con un empate sobre la bocina. Los otros dos choques los ha resuelto con solvencia, 35-17 sobre Australia y 13-46 en Argentina.

Springboks Vice

Rassie Erasmus tiene mimbres de postín en todas sus líneas de la delantera –Mtawarira y Marx en la primera, Etzebeth y Mostert en la segunda, Vermeulen en el 8…–, azuzada por dos diminutos medios de melé que imponen un ritmo frenético. Y el que pueda que lo baile.

Con poco más de 1,70, Faf de Klerk juega con un absoluto desprecio por su integridad física. A su vera ha emergido el más pequeño todavía Herschel Jantjies (1,67), tres ensayos en sus dos primeros partidos como internacional. Velocidad, desenfreno… como Sonny Crockett y Ricardo Tubbs pero con el 9 a la espalda. Puro vicio.



En la pugna por el 10, Pollard parece llevar la delantera ante el otro Jantjies, Elton; mientras que hombres como Kolbe o Le Roux apuntan a indiscutibles en la línea.

El ‘affaire Folau’

Australia no arrancó bien, encajando una dolorosa derrota en Sudáfrica. Pero finaliza pletórica tras ganar a Argentina (16-10) y, sobre todo, después de vapulear a los All Blacks. La primera mitad de 2019 no ha sido plácida, marcada por el ‘affaire Folau’. La estrella de los Waratahs de Sidney y de la selección vio como club y Federación cortaban su contrato por sus declaraciones homófobas en el marco de su discurso ultracristiano. Llovía sobre mojado, y el asunto está ahora en los tribunales porque el zaguero ha recurrido su expulsión.  

Por contra, han vuelto a vestir la camiseta dorada el apertura Christian Lealiifano –felizmente recuperado de un cáncer en la sangre– y otro ‘enfant terrible’ como James O’Connor, con un largo historial de escándalos a sus espaldas y que a sus 29 años tiene una nueva oportunidad para redimirse.



Pero el alma de este equipo sigue siendo Michael Hooper, un tercera línea que se parte la cara, en el sentido literal de la expresión. No hay más que mirar fotografías de los últimos años y ver la evolución de su rostro. Placador implacable, pescador suicida en los rucks y con un motor físico que le permite ofrecer su ayuda en todas partes, tanto en defensa como en ataque.  

Australia quizás no sea lo suficientemente sólida y fiable como para llevarse el Mundial, pero puede amargarle una eliminatoria a cualquiera que se despiste por exceso de confianza.    

Depresión albiceleste

Argentina llegaba al torneo subida a la ola, y ha terminado sumergida y con una profunda depresión lastrando sus tobillos. Los sudamericanos se las prometían felices tras ver como Jaguares, la franquicia del Super Rugby de la que se nutre la selección en un enorme porcentaje, llegaba hasta el subcampeonato. Tan solo se trataba de ajustar las piezas procedentes de Europa, como Nicolás Sánchez o Facundo Isa.

En el estreno llegaban a Buenos Aires unos All Blacks con numerosas ausencias, y quien más quien menos soñaba con la primera victoria de los Pumas frente a los de negro. No pudo ser, pero estuvieron cerca.

Sin embargo, tras el subidón de adrenalina de ambas citas –final del Super Rugby y visita de Nueva Zelanda–, los albiazules se desinflaron, hasta parecer un guiñapo en el duelo final en casa ante Sudáfrica. Ha sido llamativo su sufrimiento en las melés, una de sus señas de identidad en tiempos no tan lejanos.

Mario Ledesma tiene por delante un mes para recuperar anímicamente al grupo y a su siempre intensa parroquia. En Japón le espera una dura fase inicial, ya que comparte grupo con Inglaterra y Francia, y uno de ellos se quedará fuera de los cuartos de final.

Aunque el Championship no vuelve hasta 2020, el próximo fin de semana se repiten los emparejamientos de la tercera jornada, pero con los terrenos invertidos: Nueva Zelanda recibe a Australia –ojo a la reacción de unos All Blacks heridos– y Sudáfrica a Argentina. Otro peldaño que nos acercará a la apasionante cita otoñal en el país del sol naciente.