Dabid Lazkanoiturburu
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Johnson tiene un problema, Corbyn un problema o una oportunidad
2019/11/07

El primer ministro británico, Boris Johnson, dio inicio ayer a la campaña electoral en Edimburgo, Escocia, pero se presenta como candidato  por la circunscripción de Uxbridge et South Ruislip, en el noroeste de Londres.

Pero los votantes de su distrito ni le ven ni le esperan. Quien sí se presenta es el candidato laborista, Ali Milani, quien asegura que el escaño de Johnson está amenazado.

«Aquí estamos asistiendo a algo increíble. ¿Sabéis qué es?. Por primera vez en la historia de nuestra democracia hay una oportunidad de destituir a un primer ministro en ejercicio».

No lograr el escaño supondría automáticamente que Johnson no pudiera acceder a su reelección incluso si, como apuntan las encuestas, los conservadores vencieran en los comicios.

Los mismos sondeos no sonríen tanto al propio Johnson en su distrito electoral de Uxbridge et South Ruislip.

Y, lo que es peor para él, confirman una tendencia que ya se vio en las elecciones de 2017. Entonces los laboristas vieron aumentar en un 13% sus votos y la distancia a favor de Johnson se redujo a unos exiguos 5.034 votos, menos de la mitad de su margen en 2015, y de largo los peores para un candidato tory en la circunscripción desde 2001.

Resultaría, en este sentido, paradójico, que Johnson, quien ha protagonizado una verdadera pugna contra los conservadores «moderados» o remainers cerrándoles las puertas del Parlamento, siguiera sus pasos. ¿Justicia poética?

Tampoco bajan tranquilas las aguas en el Partido Laborista.

Tom Watson, número dos de la formación y alineado con el sector blairista, anunció el miércoles su dimisión y su decisión de no presentarse a los comicios del 12 de diciembre.

Ferviente defensor del mantenimiento de Gran Bretaña y crítico con la posición de Corbyn en este dossier, insistió en que «esta decisión es personal, no política», pero no engaña a nadie.

En setiembre, Watson escapó de milagro a un intento de Momentum, corriente-campaña que apoya a Corbyn, para destituirle durante la conferencia anual laborista.

El líder laborista, que aseguró no estar al corriente de aquel intento, se niega a exigir la celebración de un segundo referéndum sobre el Brexit calcado al de 2016.

Por contra, defiende la renegociación de un acuerdo de salida con Bruselas que mantendría la unión aduanera y preservaría los aspectos sociales y medioambientales frente a la tabula rasa que defienden los tories.

En caso de ganar las elecciones anticipadas, Corbyn se compromete a llevar ese hipotético acuerdo a referéndum, que incluiría la opción de votar a favor de seguir en la UE.

El secretario general del Labour busca así evitar la fuga de votos laboristas de circunscripciones laboristas brexiters del norte de Inglaterra, votos que se han convertido en el primer objetivo de Johnson para asegurarse la victoria.

El problema para Corbyn es que su posición contemporizadora sobre el Brexit le puede enajenar votantes remainers y echarles en brazos de los liberal-demócratas.

Otra cosa es que sea consciente de que los laboristas nunca podrán competir en europeísmo con los lib-dem y que haya llegado a la conclusión de que su batalla es otra, concretamente la que tiene que ver con la lucha contra los recortes sociales, a favor de los servicios públicos y de las renacionalizaciones. Un mensaje que puede calar especialmente en los sectores que votaron a favor de la salida de la UE hastiados por años, decenios de austeridad, y por la desindustrialización y depauperación, de sus ciudades, pueblos y barrios. Y que, no se olvide, es un electorado históricamente fiel y en el que un político tan odiado como Johnson puede tener problemas para abrir cuña.

Ese es precisamente el eje de la campaña de Corbyn, el de sus propuestas socialistas. Y ahí es donde más le duele al sector blairista del partido. Tanto que le lleva a perder los papeles.

Hoy mismo, un antiguo ministro laborista con Gordon Brown. Ian Austin, no ha tenido empacho alguno en pedir al electorado que vote a los tories tras calificar de «incapaz» a Corbyn.  «Yo no soy conservador pero no me atrevería a decir que boris Johnson es incapaz de cumplir la función de primer ministro mientras que sí lo diría de Jeremy Corbyn».

Con semejantes amigos, más vale tenerlos como enemigos. Así las cosas, las fugas laboristas podrán ser vistas como un problema, pero a la postre pueden suponer un refuerzo al proyecto socialista de Corbyn. De problema a oportunidad.