Mireia Saiz es miembro del Centro Asesor de la Mujer Argitan, una de las entidades feministas de Ezkerraldea que trabaja especialmente en Barakaldo. Trabaja de forma específica asesorando sobre las prestaciones sociales. Ha visto todo tipo de situaciones.

«La violencia contra las mujeres tiene mil caras, unas se ven más y otras menos»
Asier ROBLES|BARAKALDO|2019/11/22

En la juventud se están repitiendo roles que parecían superados: posesión, celos, actitudes agresivas...

El Centro Asesor de la Mujer Argitan nació en 1996 para responder a las necesidades que tenían las mujeres de atención e información. Surgió en Barakaldo, pero actualmente, su trabajo se extiende por todo Ezkerraldea y Meatzaldea. Mireia Saiz, miembro del centro, trabaja asesorando sobre las prestaciones sociales a las mujeres que acuden alí. El asesoramiento jurídico y psicológico es otro de los puntos que cubre Argitan. Tal y como subraya Saiz, todas las mujeres que trabajan en este centro lo hacen de manera «activista y militante, dentro del movimiento feminista».  

¿Cuál es su labor?
Argitan es un centro asesor o un punto de información, pero no es un espacio asistencialista. Es un punto que usamos como herramienta para testar e identificar la realidad de la calle que viven las mujeres. Esto nos sirve para hacer nuestras reivindicaciones y denuncias, pedir recursos y presionar a las instituciones. Nosotras creemos que son las instituciones las que tienen la obligación de atender a las mujeres.

¿Cuál es el perfil de las mujeres que más acuden?
Es un grupo heterogéneo, hay un poco de todo. Pero en especial, el de las trabajadoras de hogar es un colectivo que se acerca mucho. Están en una indefensión y vulnerabilidad muy grande. Son mujeres que están sufriendo abusos de poder, incluso violaciones sexuales en sus trabajos. En general, este colectivo lo integran mujeres de mediana edad que llevan muchísimos años sufriendo violaciones en silencio. También hay que recordar que es un colectivo en el que trabaja mucha mujer inmigrante, con todas las dificultades que eso añade al problema: a veces no tienen los papeles en regla, trabajan como interinas casi en semiesclavitud sin derechos laborales, muchas no tienen un entorno familiar aquí...

¿Como llegan a Argitan?
Sobre todo llegan por el boca a boca y el trabajo de difusión que hacemos en la calle, mediante panfletos, carteles o buzoneo. En muchas ocasiones somos el primer contacto de las mujeres a la hora de verbalizar su situación.

¿Qué tipo de situaciones viven?
La violencia contra las mujeres tiene mil caras. Hay violencias que son más fáciles de identificar, como un asesinato o una agresión, pero hay otras que no se ven tan fácilmente, como la económica, la institucional, la sexual… Vivimos en una sociedad patriarcal, en la que la violencia que nos atraviesa a las mujeres es totalmente estructural. Hay muchas mujeres que se acercan a nosotras sin saber bien que les pasa, y tratamos de identificar bien esas violaciones que no se ven tan fácil a primera vista. También hay que decir que existen una falta de información terrible, y hay muchas mujeres que se encuentran solas y no saben adonde acudir.

¿A qué dificultades se enfrentan?
Estamos viendo que la pobreza tiene rostro de mujer. Somos un colectivo muy vulnerable. La violencia económica y la falta de recursos hacen que muchas mujeres tengan que vivir situaciones muy difíciles, como seguir viviendo con su agresor porque no tienen medios para sobrevivir por ellas mismas.
Por otro lado, cuando una mujer toma la determinación de denunciar, se enfrenta a un proceso durísimo. Muchas veces, la gente que les está atendiendo carece de formación en perspectiva de género y de empatía suficiente para estos casos. Las mujeres acuden en una situación personal muy complicada y lo que se les hace es relativizar, culpabilizar y poner el foco en ellas.

¿Cuál está siendo la evolución de los últimos años? ¿Llegan más o menos casos?
La verdad es que el número de casos que nos llegan va en aumento. Pero también es verdad que las mujeres cada vez son más conscientes y se van atreviendo más a denunciar estos casos. Por lo tanto, la presión que tenemos que hacer también va en aumento. Tenemos que estar en la calle, protestando por la falta de recursos, por las carencias…

¿Cómo ven a la juventud?
Por un lado, vemos que las mujeres jóvenes identifican antes las violencias y las agresiones de todo tipo y toman antes cartas en el asunto para combatirlas. Pero por otro lado, estamos viendo que hay un cierto retroceso en la juventud. Vemos que se están repitiendo roles que parecía que estaban ya superados, como la posesión, los celos, las actitudes agresivas y machistas...

En Argitan reivindican la autodefensa feminista...
Así es, Muchas veces, cuando se habla de autodefensa feminista se creen que es aprender a pegarnos o a defendernos de una agresión física, pero la autodefensa feminista es mucho más. Es el empoderamiento tanto individual como colectivo de las mujeres para enfrentarnos a las situaciones de violencia que vivimos y dejar de ser y sentirnos víctimas para poder enfrentarnos a esas violencias que nos atraviesan.
Reivindicamos usar la autodefensa feminista como una herramienta que nos sirva para dejar de ser sujetas pasivas en las circunstancias que a algunas no nos pasan y ponernos de forma activa, siendo sujetas activas.


La formación en perspectiva de género y la falta de recursos, en el punto de mira

Mireia Saiz asegura que hay «una falta de recursos inmensa» a la hora de ayudar a las mujeres a salir de situaciones de violencia. «La realidad es que, por ejemplo, una mujer que ha sufrido violencia no puede acceder a un recurso de asistencia psicológica, porque no lo hay, o si lo hay, es de poca duración e inestable», subraya.

También destaca la falta de asistencia jurídica o recursos habitacionales. «Nos llegan muchas mujeres que nos dicen que les han puesto en listas de espera y que no tienen adonde ir», lamenta.

Saiz explica que, además de que «no se estén dotando de recursos económicos» esos servicios, se está «recortando» en diferentes prestaciones sociales. «Están planteando una ley de reforma de la RGI que lo que hace es ser totalmente restrictiva a la hora de acceder a prestaciones sociales», indica tras recordar que las mujeres son el colectivo más grande de receptoras de RGI.

La formación es otro de los temas en que pone el foco. Por un lado denuncia «la falta de formación en perspectiva de genero» de los profesionales que van a tratar con las mujeres que han sufriendo violencias, como en la judicatura. Por otro, lamenta la «falta de visión feminista» en los colegios. «Ahora mismo no hay ninguna educación sexoafectiva en las escuelas. Ahí hay que intervenir, la educación tiene que tener una perspectiva de género clara, para que no se reproduzcan roles machistas heteropatriarcales que queremos evitar», sentencia.