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Artikutza, un bosque mágico con un millón de árboles

El bosque y el agua. Son los elementos principales que convierten Artikutza en un enclave de extraordinaria biodiversidad. Se estima que en sus 3.700 hectáreas conviven cerca de un millón de árboles, especialmente hayas y robles, entre puentes de madera, restos de pequeños crómlech y dólmenes, mojones, vestigios de antiguos hornos mineros y de ferrerías, miradores naturales y una extensa red de senderos. Ubicado geográficamente en Nafarroa –Goizueta–, este espacio protegido pertenece al Ayuntamiento de Donostia, que lo compró en 1919 para «controlar» el abastecimiento de agua de la ciudad tras una epidemia de tifus.

Eguzki Agirrezabalaga Iparragirre|2020/07/27
Arttik
Artikutza.

Rodeado por montañas, la finca de Artikutza toma el nombre del pequeño barrio que se ubica en su interior, cuyas primeras referencias escritas se remontan al siglo XIII. Fue, hasta el siglo XIX, propiedad de los agustinos de la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles y, después, pasó a manos privadas, hasta que, finalmente, el Ayuntamiento donostiarra se lo compró a los herederos del marqués de Acillona.

A partir de entonces se construyó una amplia red de tuberías y canales que aprovechaba el agua de los manantiales. Al mismo tiempo, se prohibieron las actividades susceptibles de contaminar el agua, se limitó el acceso de personas y trasladaron a los habitantes de los caseríos dispersos por la finca al barrio de Artikutza, tras un foco infeccioso de fiebres tifoideas que provocó varias muertes. Localizado el lugar del foco aguas arriba de la presa, al parecer, la tifus llegó a la ciudad por el río Añarbe.

Vegetación y arbolado autóctono

Hoy, Artikutza es un acogedor santuario de vegetación y arbolado autóctono, un tesoro natural, un bosque mágico en el que se respira tranquilidad y que invita a ser descubierto paso a paso, sin prisas, con los cinco sentidos activados para disfrutar al máximo de los caprichos de la naturaleza y con el sonido del río como guía natural.

La ruta puede comenzar en Eskas, concretamente en la Casa del guarda, en dirección al barrio de Artikutza, siguiendo el antiguo trazado del ferrocarril minero, aquel que comunicaba el entorno de Elama con la estación de Rentería y que, con sus casi treinta kilómetros de recorrido, se convirtió en el tren minero más largo de la península entre 1905 y 1918.

Balcones naturales sobre barrancos

A medida que avanza por el sendero, el caminante podrá disfrutar de panorámicas impresionantes desde miradores y balcones naturales situados sobre barrancos, de huellas de jabalíes y jabatos, de restos de pequeños crómlech, dólmenes, mojones y carboneras, de caudalosas cascadas, de la sombra de árboles de curiosas formas que parecen encantados... sobre todo, hayas trasmochas, producto de la explotación del carbón vegetal de antaño. Pero también robles, hayas, castaños, abetos, alerces, coníferas y los últimos acebos.

Una vez alcanzado el embalse de Artikutza –que ha sido vaciado totalmente y sustituido por el de Añarbe para abastecer de agua a la capital guipuzcoana–, cerca queda la meta: el barrio de Artikutza, donde es tradición acercarse hasta la ermita de San Agustín, que cada 28 de agosto acoge una multitudinaria romería. Ese día, festividad de San Agustín, es el único en el que el parque protegido se abre al público sin restricciones. Durante el resto del año las visitas están limitadas y únicamente se puede acceder con permisos o en visitas organizadas.

Cuatro itinerarios balizados

Conviene, eso sí, informarse previamente de las rutas diseñadas y optar por la que más convenga. Hay cuatro opciones, cuatro recorridos balizados para recorrer la finca. Se trata de senderos de montaña de dificultad baja-media de entre 6 y 17 kilómetros. Una de ellas es, precisamente, Eskas-Barrio de Artikutza. Las restantes son: ‘Por los límites de Artikutza’, ‘La vuelta al embalse’ y ‘Camino de las ferrerías’.

El acceso restringido obedece a que Artikutza es, desde 2004, un espacio natural protegido a nivel europeo. Y lo es por varios motivos, pero, sobre todo, por la gran superficie de bosques naturales que alberga de hayedos, robledales y tejedas. Tras un siglo de protección, el 90% de su superficie se halla cubierta de bosque y, además, la presencia de viejas hayas trasmochas y la abundancia de madera muerta facilita la existencia de especies interesantes, algunas de ellas amenazadas.

Especies protegidas y amenazadas

Igualmente, Artikutza alberga especies de gran interés botánico, algunas muy vulnerables y escasas incluso en Europa, y especies acuáticas protegidas que verifican la calidad del agua.

Destaca también la presencia de varias especies protegidas de murciélagos, que se sienten protegidas en las cuevas, antiguas minas y ruinas que proliferan en el parque.

Algunas especies, evidentemente, no se dejan ver con facilidad, pero ahí están siempre los corzos, jabalíes, gatos monteses, pájaros carpintero, martas, ardillas, ranas bermeja, mirlos acúaticos... y, especialmente, el Desmán de los Pirineos.

 

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