Fallece a los 92 años Pere Casaldàliga, el «obispo del pueblo»

El obispo Pere Casaldàliga fue uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación y vivió más de 50 años en São Félix do Araguaia, donde luchó por los derechos de los pueblos indígenas y defendió a los campesinos y peones frente a terratenientes y latifundistas.

NAIZ|2020/08/08
Casaldaliga
Casaldaliga junto al acto Eduard Fernandez. (AFP)

El obispo Pere Casaldàliga, defensor de los derechos de los indígenas y uno de los promotores de la Teología de la Liberación, ha fallecido este sábado a los 92 años en la localidad brasileña de Batatais, en el estado de Sao Paulo, donde estaba ingresado por una afección respiratoria grave.

Casaldàliga, que vivía en Brasil desde 1968, estaba hospitalizado desde hacía días aquejado de una neumonía con derrame pulmonar.

Al religioso, nacido en 1928 en Balsareny (Barcelona) y reconocido en Brasil por su intensa labor social y defensa de los más vulnerables, se le conoce como el «obispo del pueblo» por su defensa de las etnias indígenas de la Amazonía y la lucha contra la violencia en el campo.

Los claretianos, a los que pertenecía Casaldàliga, han anunciado que habrá un velatorio en Batatais, y que será enterrado, tal y como pidió, en la localidad de Sao Félix de Araguaia, en la región de Mato Grosso.

El misionero catalán llegó al Brasil más profundo en 1968, en plena dictadura militar, y tres años después se convirtió en el primer obispo de Sao Félix do Araguaia, un humilde y remoto poblado de poco más de 10.000 habitantes situado en el interior del estado de Mato Grosso.

Allí se implicó en la lucha de los indígenas de la etnia Xavante en una disputa con hacendados por la propiedad de unas tierras cercanas a Sao Félix do Araguaia, la ciudad donde vivió sus últimos días hasta ser ingresado esta semana en un hospital de Sao Paulo.

La batalla por los más vulnerables le llevó a abrazar la Teología de la Liberación, una rompedora corriente teológica nacida entre los movimientos de base de la iglesia Católica en Brasil y que luego se expandió por el resto de América Latina.

Casadàliga soñaba con ir a África tras jubilarse «para estar en oración y solidaridad con los hermanos de aquel continente marginado». «La salud, sin embargo, ya no secunda mi sueño y no quiero dar trabajo a nadie. A Europa no vuelvo. Me quedo en el Tercer Mundo», sentenció.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el vicepresidente Pere Aragonès han lamentado su muerte y han destacado su compromiso con los oprimidos y su lucha en favor de los más pobres y desfavorecidos.