Miles de chilenos salen a la calle para conmemorar el primer año desde que el país «despertó»

Miles de personas se han congregado este domingo en la céntrica Plaza Italia, ubicada en la capital chilena y rebautizada como Plaza Dignidad, para conmemorar el primer aniversario del estallido social contra el Gobierno y la desigualdad económica y para clamar que «Chile despertó».

NAIZ|SANTIAGO DE CHILE|2020/10/18
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Manifestantes chilenos, en Plaza Dignidad. (Martin BERNETTI/AFP)

En un ambiente completamente festivo, a diferencia de la semana pasada donde se registraron enfrentamientos entre manifestantes y policías, la plaza se ha llegado de puestos ambulantes de comida y bebida, así como de colectivos sociales con pancartas y familias enteras, con niños y adultos mayores.

«¡Hasta que respetarnos se haga costumbre!», decía un cartel de una joven, mientras a su lado un grupo entonaba míticas canciones chilenas que se han convertido en lemas durante las protestas, como ‘El derecho de vivir en paz’, de Víctor Jara, o ‘El baile de los que sobran’, de Los Prisioneros.

«Hace un año Chile despertó de un largo letargo, los chicos dieron la cara, iniciaron la lucha, han sido muy valientes», cuenta a Efe el jubilado José Antonio García, visiblemente emocionado.

«No son 30 pesos, son 30 años»

Lo que empezó siendo un llamamiento de los estudiantes a colarse en el metro de Santiago para protestar contra el aumento de 800 a 830 pesos en la tarifa se convirtió en una revuelta sin parangón, la mayor desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), con una treintena de muertos y miles de heridos.

«No son 30 pesos, son 30 años de abusos. El aumento del boleto fue la gota que colmó el vaso. El pueblo quiere derechos», afirma a Efe la universitaria Patricia Santamaría, que porta una bandera mapuche y para quien el crecimiento económico que acumuló Chile desde el fin de la dictadura no permeó a la sociedad.

Cerca del mediodía miles de ciclistas han irrumpido en la rotonda, bautizada por los manifestantes como Plaza Dignidad, con pancartas a favor de una nueva Constitución y pidiendo la salida del presidente chileno, Sebastián Piñera, con mínimos niveles de aprobación popular.

«Tengo 60 años y mi pensión es de apenas 100.000 pesos (125 dólares). Este país no funciona, hay que cambiarlo de raíz», agrega María Iliana Sagredo, quien pide a sus compatriotas que salgan en masa a votar el 25 de octubre en el histórico plebiscito sobre una nueva Constitución.

Redactada en la dictadura militar, aunque reformada después una decena de veces, la actual Carta Magna es vista por una parte de la sociedad como el origen de las desigualdades del país, por darle un papel secundario al Estado en la provisión de servicios básicos.

El plebiscito, que iba a celebrarse en abril pero fue aplazado por la pandemia, busca descomprimir la tensión en un país muy polarizado, que hasta el año pasado estaba considerado el más estable de Latinoamérica.

«La violencia que vimos el año pasado no la vamos a volver a ver durante el proceso constituyente, lo que no significa que Chile vaya a ser una balsa. El proceso va a ir acompañado de mucha efervescencia social. lo hemos visto en otros países», asegura Claudia Heiss, jefa de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Chile.

«Marcará nuestras vidas»

El cuerpo policial de Carabineros ha desplegado este domingo un amplio dispositivo se seguridad, que incluye 40.000 agentes en todo el país, pues se esperan también concentraciones en ciudades como Valparaíso, Viña del Mar y Concepción.

La institución, hace años muy respetada, está en el punto de mira por su crudeza en la represión de las marchas y diversos organismos internacionales, como la ONU, les han acusado de haber cometido violaciones a los derechos humanos.

Según el Ministerio Público, hay más de 4.600 causas abiertas contra las fuerzas de seguridad, pero solo 75 agentes han sido imputados.

«Reiteramos la urgencia de avanzar a favor de la verdad, la justicia y la reparación para todas las víctimas. Y, por supuesto, exigimos claras garantías de que hechos tan brutales como los vividos no se vuelvan a repetir jamás», ha indicado en su Twitter la ONG Amnistía Internacional (AI).

Se trata de una revuelta sin líderes, que la oposición no ha sido capaz de capitalizar, ni siquiera los jóvenes diputados que salieron de las protestas estudiantiles de 2011, dado la enorme desafección de la ciudadanía hacia la clase política.

Para Gloria de la Fuente, presidenta de la Fundación Chile 21, «lo ocurrido hace un año marcará el resto de nuestras vidas», independiente de que «para algunos fuese el despertar de una ciudadanía que parecía dormida» y «para otros, la emergencia de actos incomprensibles de violencia y vandalismo».