El Museo San Telmo, testigo del diálogo creativo entre Oteiza y Chillida

Data

22.04.09 - 22.10.02

Lekua

Gipuzkoa - Donostia

Imagen de una de las obrsas expuestas y su juego de sombras creadas en la pared.
Imagen de varias de las obras expuestas en la amplia muestra que alberga el Museo San Telmo. (Maialen ANDRES | FOKU)

La muestra ‘Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Diálogo en los años 50 y 60’ abre sus puertas este sábado en el Museo San Telmo hasta el 2 de octubre, después de su paso por Fundación Bancaja de Valencia.

Se trata de la primera vez que se expone de forma conjunta la creación de ambos artistas, figuras clave en la escultura europea del siglo XX, casi veinte años después de su fallecimiento.

Javier González de Durana ha sido el artífice de la implicación de las instituciones legatarias de ambos artistas, la Fundación Museo Jorge Oteiza y Chillida Leku  para culminar el «acercamiento simbólico y reconciliar lo que podía haber de distante todavía» pese a la «frialdad» inicial. «El abrazo de verdad, el abrazo auténtico» se materializa en esta muestra «curativa» en palabras del comisario.

Las diferencias del carácter de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida se observan desde el inicio de la muestra. Una imagen nos muestra al artista de Orio «elaborando una teoría en su cabeza, mientras contempla la obra realizada». Al mismo tiempo vemos al creador donostiarra en plena acción. «Es un hombre activo, que lucha contra el fuego, contra la naturaleza, con golpes, fuerza y maña», ha señalado González de Durana.

«Caracteres opuestos»

«Oteiza y Chillida, de caracteres tan opuestos, no podían sino manifestarse también muy diferentes a la hora de realizar sus obras, incluso cuando los asuntos por los que se interesaron fuesen los mismos: el espacio, la luz, lo espiritual, la sonoridad visual... Incluso a pesar de puntuales semejanzas formales, pues sus motivaciones primeras e intenciones últimas no podían ser más distintas», en opinión del comisario.

«Oteiza era dueño de una teoría y creaba familias de esculturas con variedad de matices para demostrarla. Chillida empezaba cada escultura sin puntos de partida ni de llegada precisos para descubrir, una vez concluida la obra, la idea rotunda que encerraba. El temperamento fogoso de Oteiza daba lugar a obras templadas con la científica frialdad propia de un laboratorio, mientras que de la calma serenidad de Chillida surgían piezas que parecen contener interiores ardientes, alzándose y cruzando el aire como llamaradas detenidas o relámpagos mineralizados», en palabras de González de Durana.

Los criterios de agrupación de las esculturas son la proximidad cronológica, la cercanía formal y la proximidad conceptual. González de Durana ha querido presentar la obra a través de «sugerencias y resonancias». Si en las primeras salas los trabajos de los artistas se presentan enfrentados en cuanto al espacio ocupado, a partir de la tercera sala están entremezclados.
 
La muestra se centra en su producción artística a lo largo de dos décadas, concretamente en sus trayectorias comprendidas entre los años 1948 y 1969, fechas determinantes en sus vidas. En 1948, Oteiza (Orio, 1908-Donostia 2003) regresó de su estancia en Latinoamérica –estuvo trece años–, tiempo que dedicó principalmente a la docencia universitaria, aunque sin abandonar su creación escultórica.

Mientras, ese mismo año, Chillida (Donostia, 1924-2002) se iba a París tras decidir convertirse en escultor después de abandonar los estudios de Arquitectura, según han señalado este viernes en la presentación ante los medios.

Por su parte, en 1969, Oteiza ponía fin a la realización de su estatuaria para el Santuario de Arantzazu, iniciada en 1951 y paralizada cuatro años más tarde por orden eclesiástica vaticana. Aquel año, Chillida colocaba en el exterior del eficicio de la Unesco en París su primera gran obra pública en Europa.

El recorrido comienza con varias obras que evidencian su interés por el cuerpo humano –más dramático, existencialista, influido por Henry Moore en el caso de Oteiza y más corporal, influido por las esculturas preclásicas en el caso de Chillida–.
«Oteiza introduce el espacio, mientras que Chillida lo conforma», ha remarcado el comisario. «A Oteiza le interesaba no la forma, sino el espacio que crea la forma», ha agregado.

También son de destacar los juegos de sombras que crea Chillida con sus obras al reflejarse su silueta en la pared.

Arantzazu

Destacan diversas réplicas y bocetos de los apóstoles que el artista oriotarra creó para la Basílica de Arantzazu, y alguna pieza traída expresamente –es la primera vez que sale de allí– desde el museo de Altzuza.

«En Arantzazu dejaron algunas de sus mejores obras de la primera mitad de los años 50   –abstracción geométrica de las puertas y existencialismo trágico en la estatuaria–. Pero cuando alcanzaron la plenitud creativa fue a partir de 1955-56, cuando Oteiza dio inicio y completó sus investigaciones espaciales que denominó ‘propósito experimental’, y Chillida empezó a ’cortar el hierro’ para crear el peculiar y romántico lenguaje cercano al informalismo», en palabras del comisario.

Los años 50 y 60 eran tiempos en los que al margen de desarrollar sus respectivas carreras artísticas en paralelo –participaron en proyectos culturales y tuvieron iniciativas políticas en favor de otros artistas y estuvieron envueltos por el espíritu de la época–, ambos artistas mantenían una relación personal. La exposición incluye imágenes de los dos juntos ­–también una película grabada en super8– y diversa documentación, entre la que el visitante puede leer una carta de Chillida dirigida al director de la Escuela de Arte de Minneapolis (EEUU) recomendando la contratación de Oteiza como profesor al tiempo que elogiaba la inteligencia y cualidades pedagógicas de este.

Luego vendrían las desavanencias públicas, antes del conocido abrazo protagonizado en Zabalaga, que algunos de los presentes afirman no fue todo lo verdadero que se quiso hacer ver. Varias décadas después, el arte de dos de los grandes de la escultura vasca se une en esta muestra.

La muestra permanecerá abierta hasta el 2 de octubre. El horario de visita es de 10.00 a 20.00, de martes a domingo. La entrada general es de 6 euros, a la venta en taquilla y online.




Kokapena

Museo San Telmo
Plaza Zuloaga, 1
Donostia. Gipuzkoa