Asier Iturralde ilustra la trayectoria de Jane Goodall en Aiete

Data

21.04.16 - 21.06.13

Lekua

Gipuzkoa - Donostia

Asier Iturralde, en Aiete. (Jon URBE | FOKU)

Jane Goodall (Londres, 1934) no lo tenía fácil para cumplir su sueño, pero lo consiguió. Un sueño que viene de la mano del comprimiso. Ambas facetas, la de investigadora y la de activista, son, al igual que en su dilatada trayectoria, los ejes de la muestra que alberga la casa de cultura de Aiete.

La exposición, enmarcada en el Festival de Cine de Derechos Humanos, se compone de una veintena de ilustraciones realizadas por Asier Iturralde. Fue una propuesta que surgió por parte de Marta Ibánez de Aspuru, directora de la casa de cultura de Aiete. «Consideró que mi estilo encajaba con lo que quería contar de Goodall. Y yo, encantado», explica Iturralde a NAIZ. 

Ambos escribieron el guion de la muestra. No es un cómic, aunque el objetivo ha sido condensar en veinte escenas tanto su trayectoria vital como sus aportaciones a la ciencia, sin olvidar su labor social. «Hemos querido hacerlo de un modo ameno y atractivo», señala.

La exposición comienza en la infancia y juventud de Goodall. Posteriormente se centra en la década de los 60-70, en sus investigaciones, y finaliza con la labor social desarrollada una vez logrado el reconocimiento.

Los dibujos son sencillos, de líneas limpias. Van acompañados de un breve texto, con los datos más remarcables. «Primero lees el texto y luego ves los dibujos, que son narrativos y contemplativos», cuenta.

«Ella ya tenía interés en los animales y en la naturaleza desde pequeña. Tenía las cosas muy claras y se veía que no iba a seguir el camino marcado por la sociedad y la época», subraya Iturralde.

La llegada a África. El doctor Leakey estaba llevando a cabo una investigación en busca del eslabón perdido entre el chimpancé y el ser humano. Estaba convencido de que no se dio una ruptura violenta entre un animal inconsciente y un hombre muy inteligente. Creía que ambos mundos no estaban separados, lo veía como un continuum.

Leakey acogió a Goodall y encaminó su investigación. «El mayor descubrimiento de Goodall fue que los chimpancés tenían cultura y la transmitían de unos a otros. Se dio cuenta de que para comer un termitero, que era lo que les gustaba, hacían herramientas con palos. No era instintivo, sino que era un conocimiento que se transmitía», recuerda.

«También corroboró que cada chimpancé tenía una personalidad diferenciada y cumplía ciertas funciones en el grupo en función de ello. Eran similares a nosotros, aunque más primitivos», remarca.

Sin estudios académicos, no fue fácil que la comunidad científica –formada por hombres– la aceptara. «Al principio no le dieron validez a sus teorías, pero al final las cosas cambiaron. Su camino no fue ortodoxo y tuvo que vencer muchas barreras», recuerda.

Llegó el reconocimiento y su activismo. «Tenía relación con la revista ‘National Greographic’ y vio que su imagen –rubia, en la selva, sola con los chimpancés– vendía. Aprovechó su fama para comenzar su faceta como activista».

El reto de Iturralde ha sido hacer una Goodall reconocible. «Mi estilo es muy suelto, los rostros los suelo dibujar con cuatro líneas. Eso era una dificultad para mí porque en esta ocasión es un personaje real. Pero creo que lo he conseguido», afirma.

A esto se unía el hecho de reflejar lugares y épocas muy diferentes. «Y tenían que mantener cierta armonía y formar parte de una unidad. Para ello elegí una paleta de colores muy reducida, no llegan ni a siete. No solo hay verdes, ya que en lugar donde estuvo en Tanzania, se parecía más a nuestros bosques. También he partido de la tonalidad que tenían las películas de aquella época que reflejaron su vida».   

 

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