San Telmo invita a reflexionar sobre el horror de las guerras, los exilios y los campos de exterminio

Data

22.10.29 - 23.01.29

Lekua

Gipuzkoa - Donostia

Imagen de la muestra que abre este sábado sus puertas.
Imagen de la muestra que abre este sábado sus puertas. (Gorka RUBIO | FOKU)

‘El exiliado, ese ser devorado por la historia, una historia cruenta. Ese desconocido. Ese ser que no tiene lugar en el mundo, ni geográfico, ni político, ni social, ni ontológico», dijo María Zambrano en su obra ‘Los bienaventurados’ (1979).

En el Museo San Telmo de Donostia abre sus puertas este sábado la muestra ‘Indésirables. De bombardeo al campo. Trayectos del exilio’. El título hace referencia al término ‘indésirables’, que empezó a utilizarse en el Estado francés en 1938 y que hacía alusión no solo al aspecto racial, sino también a aquellos que al no tener papeles eran susceptibles de ser internados en campos de concentración.

La exposición aborda cuestiones como la discriminación política y racial, las guerras y bombardeos, los transportes de personas exiliadas y deportadas y el control de una parte de la población en campos’de internamiento, concentración o exterminio. Y lo hace a través de obras artísticas multidisciplinares. También incluye documentación histórica, textos teóricos, fotografías y vídeos documentales. Ha contado con la participación de diversas instituciones internacionales.

La muestra, producida por el Museo San Telmo, tiene su origen en otra exposición realizada en 2017 bajo el título de ‘Wasteland, tierras devastadas’. «Fue nuestro primer trabajo con ella y ya en aquel momento se planteó una posible continuación y este es el resultado. Es un tema de enorme actualidad y es importante tener un conocimiento directo», contó Susana Soto, directora del museo. La exposición permanecerá abierta hasta el 29 de enero de 2023.

«De las fortalezas de Ghana con la obra ‘Puerta del no retorno’ a los barracones de los campos y los módulos de prisiones contemporáneas, de los cercados con alambre de espino de Gurs a la dispersión de inmensos campos-ciudades de refugiados sin ciudadanía no hay tanta distancia», han recalcado los responsables de la exposición.

Gurs

Son de destacar los dibujos y cuadernos de campo procedentes principalmente del archivo de Elsbeth Kasser. Se trata de acuarelas, dibujos y fotografías que dan testimonio de una parte de la historia de Europa. Mantener vivo el recuerdo de lo ocurrido es el objetivo marcado por la fundación creada en 1994 para difundir su legado cumpliendo el deseo expresado en su testamento por la propia Kasser.  

De las cerca de 150 obras que forman parte de la colección de Kasser, se exhiben en Donostia 80. Kasser fue enfermera de la Cruz Roja en la Guerra del 36 y vivió desde 1940 hasta 1943 en el campo de internamiento de Gurs proporcionando ayuda humanitaria.

Son obras llevadas a cabo por artistas y pensadores que estuvieron internados en Gurs y que reflejan el horror vivido. Las obras reflejan escenas que fueron parte de su cotidianidad, como las alambradas, los momentos en los que se separaban a las familias.

Hannah Arendt fue una de ellas. «(…) La historia contemporánea ha creado un nuevo tipo de seres humanos, el que los enemigos ponen en los campos de concentración  y los amigos en los campos de internamiento, afirmó la autora en su obra ‘We, refugees’ (1943)».

Chueca ha colaborado en la exposición con la elaboración del memorial que rinde tributo a las 11.000 persona sque estuvieron en Gurs. Se ha ubicado en una de la crujías del claustro del museo. El listado de personas es fruto de la investigación que está llevando a cabo durante años. «No están todos los que fueron, estuvieron 60.000 personas y hubiéramos llenado todo el claustro, pero los que están presentes aquí estuvieron en Gurs. De allí, a partir de 1942 salieron varios convoyes –con destino desconocido en teoría– pero sabemos que los destinos eran Auswitch y otros campos de exterminio».

Julius Turner, nombre con el que firmó sus obras Julios Conh, captó en sus trabajos artísticos momentos en los que se transportaban en camiones a los presos. «En las obras se ve claramente que fue con la connivencia de la Policía Francesa. En numerosas ocasiones su destino eran campos de exterminio. En el caso de Turner se desconoce si murió allí o consiguió sobrevivir. La mera presencia de estas obras justifican por sí sola esta muestra», expresó un emocionado Josu Chueca a NAIZ.

El preso español Vicente García también hizo lo propio en su ‘cuaderno de vistas’ en el tiempo en que estuvo en el campamento de penados de Belchite (Aragón).

«Las obras que alberga el museo dan testimonio de la malas condiciones en las que vivieron. Varios de los autores murieron en la deportación, pero realizaron un reflejo gráfico y artístico de esa situación que comenzó en abril de 1939 y no culminó hasta diciembre de 1945. Es el campo que mayor población tuvo y al mismo tiempo, la que más perduró en el tiempo».
 
Fueron vascos los primeros en llegar allí en abril de 1939. «Esto, junto a su proximidad geográfica, hace que Gurs sea algo cercano para los nosotros», remarcó a continuación.

El pasado no desaparece

En la exposición sobrevuela una idea: la de que el pasado no desaparece, sino que retorna al presente. Reflejo de ello son los paralelismos que ha encontrado Solans entre la serie de pinturas ‘Los desastres de la guerra’ de Francisco de Goya, presentes en todo el recorrido, e imágenes de siglos posteriores.

Solans ha querido aunar diversas realidades como los conflictos, las guerras, los desplazamientos, los transportes de personas refugiadas, la industria de las armas… «Todo está relacionado y unas son consecuencias de otras. He abordado la muestra de forma poliédrica, tiene muchas caras, muchas facetas», ha explicado en la presentación de esta mañana.

Se extiende a través la salas expositivas como un mapa que no es geográfico sino histórico –pero no como un trayecto lineal como se acostumbra en nuestra cultura, sino como un relato en el que las asociaciones y la memoria emerge constantemente y unos hechos se relacionan con otros–.

Están presentes también los traumas, que en opinión de la comisaria «nunca desaparecen porque nunca son elaborados adecuadamente».

Asimismo, se han incluido las obras de 16 artistas multidisciplinares que presentan instalaciones, video-instalaciones, escultura, fotografía y videojuegos. Entre los artistas que han participado se encuentran Esther Ferrer, Alexandra Ranner, Iñaki Gracenea, Peggy Ahwesh y Pilar Millán, entre otros. «Con ello he querido romper este sentido de la recta línea de la historia. Estamos en el presente pero de alguna manera seguimos en muchos agujeros de la historia que emergen y siguen ahí», ha manifestado.  

La muestra finaliza con la utilización de nuevas tecnologías y una panorámica de la guerra en el mundo actual, en el que se incluye Ucrania. La llamativa obra, titulada ‘El rayo que no cesa’ es de Cristina Lucas. El visitante puede ver, situados en un mapa mundi, y fechados en el tiempo y acompañados de imágenes de la época, la intensidad de los bombardeos que han tenido lugar en diversos conflictos.   

«En la II Guerra Mundial se experimentó con el horror. El objetivo de los bombardeos no era masacrar la población civil, sino que el horror fue un arma de guerra», ha recalcado Solans.
 
«Los acontecimientos de entonces se están repitiendo hoy en día en Ucrania. La coyuntura de los años 1939-40 se está viviendo ahora. Es algo a tener en cuenta desde el punto de vista ético y humano. Está bien recuperar la historia pero está bien proyectarlo al presente por lo que pueda ocurrir», ha afirmado Chueca al respecto.  

La muestra está abierta de 10.00 a 20.00, de martes a domingo. La entrada general cuesta 6 euros, y la reducida, 3 euros. En taquilla y online. Contará con diversas conferencias y visitas guiadas (martes y sábados). La programación se puede consultar en la web.

Kokapena

Museo San Telmo
Plaza Zuloaga, 1
Donostia. Gipuzkoa