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Con nombres propios

El de ayer fue uno de esos días que quedan grabados en el calendario de los recuerdos con nombres propios. Uno de esos días que nunca se olvidan. Jamás de los jamases, como dice el dicho popular.

Por la mañana, en Laudio, despedimos a Isidro Murga. Abrazaba contra su pecho un ejemplar de Egin y otro de GARA, sus dos amores impresos. También son los nuestros. Y lo hicimos en silencio, con el corazón prieto y la lágrima casi contenida. Sólo casi.

Y de vuelta a casa, se abrieron las urnas.

Como cuando Lord Carnavon abrió la puerta oculta de la Gran Piramide, a muchos nos pareció ver cosas maravillosas. La sonrisa ancha de Mertxe nos hizo saltar; la serenidad de Matute nos retrotrajo a una noche mágica, aquella del 5de mayo en el Arenal de Bilbo y la entereza de Iñaki nos trasladó a Lekeitio, allí donde reposa Santi. O a Zornoza, cuna de Jon o a la playa de Laga, donde nada Txomin.

El independentismo de izquierdas dió anoche un salto de gigante, levantó un trampolín que será determinante para los próximos retos electorales.

Y también, una reflexión. Bel Pozueta se ha quedado a las puertas por un puñado de  papeletas. Habrá quien tenga hoy una buena razón para reflexionar.

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