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El aburrimiento de los debates

Quedan pocos días para que las urnas despejen dudas en el Estado español y los líderes de sus principales fuerzas -al resto no se les invita- fían un último empujón en los debates televisados. Que en realidad ni son debates ni nada. Poco más que una concatenación de monologos previamente redactados por los amanuenses de sus sedes centrales. Hasta los gestos y muecas están previamente decididos. Y el peinado y el color de la corbata.

Ahí no hay política. Todo es pose.

Perdí el tiempo como espectador del primero de los debates y tengo que reconocer que me aburrí como sólo una ostra puede hacerlo. Discursos acartonados, con el pequeño Rivera queriendo sacar la cabeza, ausencia de compromisos verificables y sucesión de datos no comprobados que la audiencia, en buena parte, no comprende... en fin, la antipolítica.

Este es el tiempo que nos toca vivir y en  medio de este tedio, los más fascistas se hacen oir con un disparate cada día más obsceno. El próximo debate, esta vez con Vox, será más entretenido.

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