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El juzgador, juzgado


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Los máximos representantes del pueblo catalán se enfrentan ya a los dictados del Tribunal Supremo español. Y anoten que nada hay más supremo que el mandato del pueblo. Lo demás es puro teatro.

Pedro Sánchez, agobiado por la necesidad de apoyos imprescindibles para sacar adelante sus cuentas, relativiza ahora y reconoce que tal vez no hubo delito de rebelión. Y se equivoca, porque rebelión sí que hubo. Rebelión cívica, pacífica, con la democracia de las urnas por delante.

No se rebelaron Junqueras ni Puigdemont. Se rebeló un pueblo que quiere ser libre y dueño de su destino. Y ese día, la España más oscura y profunda mostró, una vez más, la brutalidad de su esencia.

Invadieron Catalunya con sus fusiles, sus porras y sus soldados. Frente a la rebelión democrática, la fuerza y la violencia. Es de su naturaleza.

Algo me recuerda al Juicio de Burgos de 1970: Los juzgados pueden juzgar al juzgador y dejarlo desnudo.

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