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Es cuestión de prioridades

Dice el actual gobierno de Gipuzkoa que las demandas laborales de las trabajadoras de las residencias de ancianos no son viables para las arcas públicas por razón del progresivo envejecimiento de la población.

El argumento no se sostiene si se miran las cuentas pero, sobre todo, se desmoronan en el terreno de lo ético.

Si hay dinero para construcciones faraónicas o para perdonar gentilmente impuestos a los más ricos, habrá que pensar que también hay dinero para cuidar de los nuestros, que mañana seremos nosotros y nosotras.

Sólo quien no haya necesitado de ese servicio público imprescindible o confía en su propia capacidad económica para recurrir al sector privado puede tratar de convencernos de que la dignidad no corresponde a quienes trabajan con denuedo y cariño impagables para los que son mayores y los que seremos.

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