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Habría que inventarlo


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Si Carlos Urquijo y Valdivielso no hubiera nacido habría que inventarlo y recrearlo, aunque fuera en una impresora 3D financiada por el movimiento independentista vasco.

Y es que resulta difícil imaginar un apóstol tan eficaz a la hora de remover conciencias y generar tanta ilusión en la causa del abertzalismo. Ayer mismo solicitó la prohibición de los actos de bienvenida a Arnaldo Otegi. A buen seguro, Jorge Fernández Díaz le tendrá presente en sus plegarias.

Lo que le falla a Urquijo y Valdivielso es su percepción de la realidad, distorsionada como la del chipirón que pierde tinta al picar el anzuelo de la potera.

Lo que no termina de comprender es que Otegi, como el resto de las presas y presos políticos vascos, son personas con reconocimiento público y social y que los homenajes que les tributan son el mero reflejo de esa realidad. Urquijo, sumido en sus obsesiones, prohibiría cualquier expresión de la realidad colectiva vasca.

Y así va generando, día sí y día también, más independentistas. Lo dicho, una máquina de patente abertzale.

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