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Hay novedades en Madrid

Comparto la opinión de quienes se quejan de un pleno parlamentario de escasa talla, con un aspirante prepotente; un llamado, quejoso por las migajas que le ofrecen; los independentistas imprescindibles, dolidos por el ninguneo y una oposición encabritada.

El nivel parlamentario español es lo más parecido al cero, si hay comparación posible con los tiempos de los brillantes y vibrantes oradores de la República. Apenas una sucesión de lugares comunes y promesas más vagas que la chaqueta de un guardia.

Leña al paro; trabajo de calidad; impuestos justos; justicia para las mujeres; igualdad a raudales; pensiones dignas y educación universal y, además, buena.

Pedro Sánchez, un superviviente nato, nos aburre. Pero en medio del páramo del tedio ha surgido con fuerza una navarra -navarra tenía que ser- que no ha dudado en levantar la mano al cuestionar si alguien en el PP representaba al País Vasco en ese Congreso de los Diputados. Ana Beltrán, enérgica, ha alzado el brazo y así se proclamaba más vasca que el Arbol de Gernika. Es la presidenta del PP en Nafarroa, pero tenía razón.

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