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La estrategia de Maya

Estábamos sobre aviso, porque la derechona en Nafarroa es cerril pero no discreta. Tampoco lo fue Mola cuando conspiraba en el monasterio de Iratxe y todo quisqui lo sabía, aunque luego le fue bien en la fiesta hasta que el aeroplano tornó en mano de la justicia.

El retorno de Enrique Maya a la presidencia del consistorio iruindarra, después de cuatro años de disparar todas sus baterías, día sí y día también contra el gobierno local de Joseba Asiron hacía prever una contrareforma con sus hogueras correspondientes.

Y así ha sido con las primeras decisiones contra las políticas de igualdad en marcha, contra el impulso al euskara, la memoria histórica... Y todo ello para caldear el ambiente de unas fiestas que en los últimos cuatro años se han desarrrollado de una manera pacífica ejemplar.

Los desvelos de Maya dieron sus primeros frutos con las vergonzosas escenas protagonizadas por él mismo y sus policías de corps en el interior de la casa consistorial. Las imágenes de los concejales de EH Bildu y Geroa Bai zarandeados, golpeados y arrojados al suelo por pretender exhibir una bandera legal -insisto en lo de legal- no tienen parangón en esta parte del mundo que llamamos civilizado. Será porque, como reza el estribillo del Vals de Astrain, son unas fiestas sin igual. Y Maya sonriendo.

Lo de la procesión es la segunda de feria.

Como en el original Riau-Riau, la población se agolpa al paso de una mistura de clerigos, entorchados y fracs enchisterados y le dicen al alcade lo que piensa. Sea agradable o no. Pero eso va en el cargo.

Este año la novedad es que a Maya le han levantado la chistera y la derechona ya ha abierto las puertas de la ira. Sólo falta que al autor del chisterazo le apliquen la doctrina Altsasu.

Maya sonreiría.

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