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La necesaria autocrítica


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El caso del andoaindarra Karlos García Preciado va mucho más allá del escándalo que siempre supone el error judicial, en tanto que el daño causado es irreversible.

La sentencia que absuelve a este ciudadano, después de 18 años de acoso judicial y policial, 15 de exilio y 1 de prisión, allá en Italia, es el reflejo del despropósito que supuso -y hay que entender que aún supone- la doctrina que buscó la criminalización del conjunto de la juventud independentista vasca.

No hay que olvidar que sus propios creadores reconocieron en público que los famosos “Grupos Y” no eran más que un burdo montaje, fruto de literatura policial. Y aún hoy decenas de jóvenes cumplen años entre rejas como producto de aquel vano intento de secar el pozo para ahogar al pez.

Karlos García Preciado disfrutará ahora de la libertad en compañía de su familia; podrá volver a Andoain y reintegrarse a la vida civil a la luz pública después de dos décadas de fuga. Y eso es bueno.

Pero lo que resulta imprescindible es la autocrítica de los acosadores y, sobre todo, que se aplique el cuento al resto. A los que todavía sufren por aquel despropósito.

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