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Las cadenas de Miramamolin

Cuenta la Historia que Miramamolín, el caudillo árabe que acampó en las Navas de Tolosa se hizo fuerte en su jaima, rodeado por centenares de fieros soldados de su guardia, encadenados a la tienda para protegerle de las tropas enemigas. También cuentan que fueron los navarros quienes rompieron las cadenas que ahora adornan su escudo, pero ésto último no viene al caso.

El próximo viernes el Gobierno españolísimo de Pedro Sánchez pretende hacerse fuerte en Barcelona para celebrar un Consejo de Ministros con tufo a provocación y para asegurar su propia integridad, temerosos de que la ciudadanía lo impida. Por eso quieren asegurar el perímetro de su jaima con un ejército de Mossos, policías nacionales y guardias civiles que llevarán, ex profeso, desde Madrid -Tampoco se fían de los policías nativos-. Les faltará,tal vez, encadenarlos.

Las tropas de refuerzo serán arengadas en sus cuarteles madrileños y, alcanto del "A por ellos" volverán a la capital de una nación que ya castigaron y, como los tercios del Duque de Alba, pretenderán clavar una pica, no en Flandes sino en Catalunya para que Sánchez y sus ministros demuestren que son fieles al último mandato de Franco a su sucesor: "La unidad de España, Alteza, la unidad de España".

Se equivoca Sánchez como se equivocó Rajoy con sus piolines. El castigo a un pueblo que quiere ser libre es, sin duda, lacerante. Pueden castigar otra vez a la mayoría indepentista, que duda cabe. Pueden aporrear a jóvenes y ancianos; disparar contra mujeres y alcaldes. Pero no se percatan de que así sólo reforzarán, en número y convicción a esa mayoría que decidió proclamar la República de Catalunya y quiere ahora implementarla.

Ahora falta romper las cadenas.

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