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Más allá de las emociones

Después de lo de ayer en Altsasua se abren un buen número de interrogantes y se plantean también respuestas.

Más allá de la emoción desbordada en un pueblo castigado con saña y que ha recibido la muestra de cariño más impresionante que hemos vivido en los últimos años, hay que preguntarse ¿y ahora qué? ;¿Podemos resignarnos a algún gratificante titular de prensa?; ¿Y después?; ¿Otra vez la oscuridad den los tricornios?

El aldabonazo de ayer tiene que resonar en todos los rincones de Euskal Herria y en la conciencia de todos los progresistas y buena gente de otras partes del Estado y aún en Europa.

Porque ellos siguen ahí. Los de siempre. Los que se mantienen en nuestra tierra para garantizar que la conquista del Duque de Alba -ayudado, es cierto, por el traidor Conde de Lerín- no ha concluido; los que vinieron en portaaviones a Getxo -Bizkaia, Casado- y son los mismos que asaltaron Barcelona en el barco de Piolín.

La emoción que decenas de miles de personas en un pueblo de apenas siete mil habitantes tiene que dar paso a algo mucho mayor. Y es responsabilidad de la clase política articular toda esa energía emocional en algo operativo. Algo así como el que se vayan y nos dejen a nuestros jóvenes en casa.

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