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Mucho más que un esperpento

El juicio que se sigue en el Tribunal Supremo español contra la dirigencia catalana del Procés ha superado ya las más altas cotas del esperpento.Empezó el juez Marchena con aire de cierta esquisitez garantista, por aquello de dar imagen de impacialidad a los ojos del Tribunal Europeo que tendrá que juzgar luego los más que previsibles recursos a las sentencias cantadas y, es posible, ya redactadas.

Las cosas no han ido bien  en las primeras veinte sesiones para los intereses de acusaciones y jueces, que vienen a ser lo mismo. Y así se han deteriorado los nervios de Marchena, que ya no permite preguntar con libertad a los testigos. Ya no permite el visionado de vídeos que todos hemos visto y que desmienten de pé a pá las versiones alucinadas de fiscal y acusadores.

La última es la sarta de insentateces pronunciadas por los guardias civiles que molieron a palos a miles de ciudadanas y ciudadanos pacíficos. Quien haya fabricado el argumentario de los guardias no tenía su mejor día cuando trató de instruir a los beneméritos agentes. Lo de las malas caras por parte de los aporreados como manifestación extrema de violencia no tiene precio. Y así constará la sentencia, ya lo verán.

Podría hablarse de vodevil de escasa calidad; de opereta ridícula y hasta de comedia de provincias. Pero la cosa es seria, muy seria. Han cruzado la frontera del esperpento.

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