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No son detenciones, son venganzas

Engrilletar a cuatro dirigentes de Sortu por razones ajenas a la realidad no pueden presentarse como detenciones o arrestos. Porque no lo son.

Las capturas de esta madrugada obedecen a una lógica de guerra, a una venganza de la Guardia Civil en carne abertzale pero que, en realidad, responde a una actitud del Gobierno de Sánchez que inquieta y molesta a quien se sabe cancerbero real del Estado.

La Guardia Civil ha querido -y logrado, en alguna medida- recordar a Grande Maslasca quien manda y quien debe tragar. Porque una cosa es administrar y otra mandar.

Nadie en Euskal Herria entiende la redada como una operación judicial argumentada con no se sabe qué argumentos, sino como una provocación enmascarada, un intento más de minar el camino hacia una resolución digna y duradera de un conflicto que arrastra décadas.

Ya lo hicieron en aquellos sanfermines sangrientos del 78 y en Montejurra. Lo hicieron en la persona de Santi Brouard y también en la de Josu Muguruza. Y tantas otras veces.

Son los mismos y con el mismo objetivo: recordar a todos que provocaron una guerra contra el pueblo indefenso y que la ganaron. Ahora su temor les hace fieros.

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