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No son extraños compañeros de cama

Dice el dicho que la política hace extraños compañeros de cama. Y con tamaña simpleza se explican -y hasta justifican- todos los tejes y manejes que han llevado a la noble actividad política al desprestigio.

No comparto el aserto. Los extraños que se amanceban lo hacen por interés, no por política. Como los bandoleros que se reunen para asaltar una diligencia. No tienen el mismo futuro vital, pero se reparten el botín.

La política en Nafarroa no es la suma de extraños ni resulta tan endiablada y enmadejada como pudiera parecer o quisieran vendernos. Las cosas son más simples y vienen de antiguo.

De un lado, el bloque del cambio. El agrupamiento de fuerzas que con generosidad y mirada fija en lo estratégico y no en lo banal del día a día y los tiquimiquis, busca asentar su proyecto en clave de avance social, cultural y en el reconocimiento del derecho de la ciudadanía a decidir cómo y en qué claves ha de sustentarse la convivencia.

Y de otro la derechona de siempre, la que cuando hubo que sacar los correajes y armar el somatén con los fusiles guardados en las sacristías, se armó hasta los dientes y obedecieron a pies juntillas al monstruoso Mola, el que dejó escrita su sentencia: "Hay que sembrar el terror. Hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros".

Esa y no otra es la realidad. La última pirueta de UPN -siempre con la foralidad en el frontispicio de un edificio tan vacío como las arcas de la extinta CAN- al amancebarse con Ciudadanos -siempre con la abolición foral como bandera- no es más que el reagrupamiento de las derechas en beneficio, como siempre, de los caciques.

Basta repasar la Historia para verlo muy claro todo. Y luego, sacar conclusiones.

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