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Nos vemos en la calle

A buen seguro, este sábado decenas de miles de personas abarrotarán las calles de Baiona y Bilbo en demanda de la excarcelación de las presas y presos políticos vascos. Un año más.

Sin duda, ese clamor popular será el reflejo de lo que demanda la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca, que no se resigna a que, en tiempos de paz, buena parte de esa misma sociedad sufra el castigo político -exclusivamente político- a sus seres queridos.

Porque no se trata de hablar con el Código Penal como partitura, sino de asentar los términos en la pura política.

Después de décadas de enfrentamisnto armado, el independentismo ha logrado que la asimilación al régimen postfranquista haya fracasado y, en consecuencia, ETA anunció su autodisolución para que la sociedad siguiera su propio camino.

Los prisioneros políticos son, pues, rehenes de un Estado que se niega a reconocer la soberanía popular. La de vascos y ahora también de catalanes.

Pero tampoco cabe llamarse a engaño: la cita anual en las calles es importante, muy importante, pero no es suficiente. La acumulación de fuerzas, las iniciativas de cada día en cada rincón de Euskal Herria y la acción política e institucional deben conjugarse para que al Gobierno español de turno la situación actual le resulte imposible de mantener.

Lo del PNV es harina de otro costal. Nos vemos, pues, en la calle.

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