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O tripas o inteligencia

Estoy más que convencido de que un eventual gobierno español del PSOE con apoyos diversos y las abstenciones precisas no será bueno para quienes optamos por la emancipación nacional y social. Acumulamos demasiada experiencia para caer como pardillos en la trampa para elefantes que excava Pedro Sánchez.

Recordamos las promesas, incumplimientos, amenazas y crímenes de Estado de Felipe González; no olvidamos el sabotaje contra la paz de Pérez Rubalcaba frente a un tembloroso Rodríguez Zapatero; ahí están el GAL y los pactos de sumisión ante la banca, los fondos buitres y una monarquía cada vez más autócrata y menos vividora.

No nos engañemos. Las sucesivas propuestas y contrapropuestas de Sánchez y su gurú Ivan Redondo, que lo mismo es alter ego del PP que del PSOE, no son buenas. Y es más que razonable pensar que, al modo de los trileros, quiera cambiar de cubilete la pelotita en el último instante. Mi estómago lo mandaría a paseo.

Pero la política es mucho más que eso. Es también el juego de la inteligencia. Y eso nos lleva a considerar que si Sanchez no es bueno, la conexión de Casado, Rivera y Abascal es una apoteosis del mal. No se trata de elegir entre los buenos y los malos, como en las películas spaghietti western. Aquí no comparecen el bueno, el feo y el malo. Aqui la partida se juega entre las blancas y las negras, aunque los matices que les diferencian sean menores de lo que quisieramos.

Yo nunca volveré a creer en el discurso de apariencia bondadosa de los herederos de Felipe González, pero tengo la convicción de que no dormiría tranquilo si el independentismo de izquierda pusiera alfombra roja a los herederos de Franco.

La opción es elegir entre un dolor de tripas o un insoportable dolor de cabeza y conciencia.

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