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Se le llama solidaridad

La mezquindad del Gobierno del Reino de España, a falta de argumentos democráticos, alcanza grados de patetismo difíciles de igualar.

Porque pretender frenar el proceso soberanista de Catalunya con multas que afecten al patrimonio personal de los dirigentes políticos electos o cerrando el grifo a la economía de la Generalitat -como si el dinero que devuelve no hubiera salido de la misma Catalunya- es lisa y llanamente ridículo.

No es así como se impide a un pueblo pronunciarse. Así sólo se encienden más los ánimos.

Y si en Madrid creen que será por dinero, se equivocan de cabo a rabo. Hay un arma muy potente para hacerle frente. Se llama solidaridad. También entre pueblos. Y si nos piden las urnas, deberemos estar a la altura.

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