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Seguro que sonríen


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En ausencia, casi perenne, del patrón, habla Soraya Saenz de Santamaría. “Otegi -dice- está donde tiene que estar”. Quería decir en la cárcel.

Y lo dice el mismo día en que el Parlamento Vasco pide su inmediata puesta en libertad. La suya y la de Rafa Díez. Dos personajes de referencia: el parlamentario que más votos ha obtenido nunca en Gipuzkoa y el secretario general que alzó a su sindicato a la segunda posición en Euskal Herria.

Pero a Saenz de Santamaría -y, en consecuencia, a su patrón ausente, a esa suerte de ectoplasma político que es Rajoy, todo eso y la opinión mayoritaria vasca le trae al pairo. “Buenos estaríamos los alcaldes si le tuviéramos que hacer caso al pueblo” dijo en su día la inefable alcaldesa de Bilbao, Pilar Careaga desde las mismas filas en que ahora milita Santamaría.

Y por eso no pregunta. Para no hacer caso. Porque si preguntara dónde tienen que estar los incontables corruptos de su partido. O dónde debieran estar Galindo y su tropa criminal... Soraya Saenz de Santamaría se vería en un brete. Porque dice que respeta las decisiones de un tribunal cuyas sentencias han puesto en solfa en Europa, pero de la opinión del pueblo -del que emanan leyes y tribunales- no dice ni pío. Como su patrón.

Del PSOE, mejor no hablar. Tienen demasiada basura en el patio trasero y la caradura de insistir en que no hay intencionalidad política en el ensañamiento con los políticos vascos encarcelados. Que se lo pregunten a su otrora admirado Garzón, el que dijo que todo fue “una cabezonería de Alfredo”. Sí, de Alfredo Pérez Rubalcaba, el que mandaba en el PSOE.

Arnaldo Otegi y Rafa Díez saldrán el último día de sus condenas. Y Soraya Saenz de Santamaría caerá demasiado tarde en la cuenta de haber sido una de las carceleras de los Nelson Mandela europeos.

En Euskal Herria hay sobrado sufrimiento tras los barrotes españoles para que peluquines de la política vayan a echar por tierra nuestros sueños.

Hoy, a buen seguro, Arnaldo y Rafa sonríen porque se saben ganadores.

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