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Un día muy especial

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional de los Presos Políticos. Celebrar es un término poco afortunado porque pocas cosas hay más tristes que padecer prisión por defender las ideas propias, vetadas por los poderosos, los dueños de las cárceles, al fin y al cabo.

Hoy es un día, por tanto, especial. Y muy especial en Euskal Herria o Catalunya. En nuestra tierra porque son ya muchas generaciones que no han conocido las cárceles vacías. Y en Catalunya porque la dirigencia política del procés a la libertad sigue en prisión y en el banquillo.

La madurez del colectivo de presas y presos políticos vascos en su reflexión está acreditada y el grado de adhesión ciudadana a sus reclamas, también. Basta repasar sus escritos.

Hoy no vivimos el escenario que vivíamos cuando fueron hechos presos. Hoy -y desde hace años- no se sufre aquí más violencia que la del Estado, en sus diversas formas. Y es ese Estado el que, vengativo, se niega a poner punto final a las consecuencias de un conflicto que se ha prolongado durante décadas. Y la venganza no es el único motivo del terco inmovilismo.

El Estado sabe que la resolución del conflicto en todas sus expresiones liberaría energía social en favor de las fuerzas independentistas. Eso es lo que en realidad le preocupa.

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