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Un discurso y un debate

Hoy las páginas de la prensa se hacen eco -mucho eco- del debate que anoche protagonizaron cinco líderes políticos españoles en televisión.

Como cabía imaginar cada cual se proclamó triunfador en el duelo. Y sus medios afines, al modo de hooligans, los felicitaban.

Tengo para mí que la relevancia y efectividad de estos debates es cada vez más limitada. Lo acredita el desplome de las audiencias.

Y, al tiempo que Casado, Rivera, Sánchez, Abasca e Iglesias repetían lo que ya sabemos de memoria, en Barcelona el Señor de todos ellos repetía con altivez lo que ya dijo hace dos años desde Madrid.

Ayer lo hizo en el corazón de Catalunya, escoltado por dos mil policías y asediado por miles de ciudadanas y ciudadanos que no quisieron permanecer impasible ante la afrenta.

Dijo muchas cosas Felipe VI, pero me quedo con una frase de antología: "Aqui no cabe la violencia ni el desprecio a la libertad". Dime de que presumes y te dire de qué careces, dice el dicho popular y alguien debería susurrarle que a Catalunya la violencia llegó por mar, con sus tropas por protagonistas y que lo hicieron, precisamente, para hurtar la libertad de la gente.

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