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Una castaña... pilonga

Cuando se habla de castañas se pretende devaluar el objeto referido. Se dice que algo es una castaña para denostar, algo que en sí mismo es incierto porque una castaña bien asada en el tamboril puede ser una delicia y, envuelta en papel de periódico y metida en el bolsillo, calienta las partes que más sufren los rigores de diciembre.

Otra cosa es la castaña pilonga, la que no vale para nada, salvo para las guerras entre chavales.

Hoy nos han vendido una pilonga y aún pretenderán que es comestible.

Ya anunció Napoleón que para no resolver un problema, lo ideal era nombrar un comité. Y el tandem Ortuzar-Urkullu debieron aprender de memoria la cita napoleónica.

Un año entero de trabajos, por tierra. Porque los tales expertos no han recogido en su conclusión nada de lo que se acordó en la mayoría parlamentaria y, en aras a la demanda de Urkullu para "ensanchar" el acuerdo, lo han dejado raquítico.

Nos han devuelto una castaña, sí. Pero pilonga.

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