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Una esquela que estremece


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Leo hoy, en el diario GARA, una esquela que estremece y pone en su lugar a cuantos evocan determinada memoria histórica y demandan autocríticas lacerantes a una de las partes con el único objetivo de tapar las vergüenzas del régimen que padecemos por razón del pasteleo de aquel aciago 1978.

La familia de Felix Goya Urbieta, deportado, detenido, encarcelado y hecho desaparecer el 15 de noviembre de 1936 denuncia que en estos 80 años ninguna Administración, Ente Público ni Gobierno ha proporcionado a su familia dato alguno que permita su efectiva localización.

Y es que los que arrasaron a sangre y fuego la tierra vasca, los que hoy siguen honrando y venerando a los suyos, siguen en el poder. Siguen en las grandes compañías, en los suculentos consejos de administración. Son los propietarios de las grandes fincas y empresas. Siguen viajando con chofer.

No nos engañemos. A la muerte de Franco hubo un pacto vergonzante. Y lo vergonzoso del acuerdo es que también hubo víctimas que se sumaron a la firma.

La esquela de Felix Goya Urbieta debiera sacarles los colores a todos.

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