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A un equipo hay que pedirle en función de lo que cuesta

Uno se ha caracterizado por criticar que las expectativas que rodeaban a la Real estaban por encima de sus posibilidades económicas, porque se le pedía entrar en Europa cuando el coste de su plantilla era el 13 ó el 14 de Primera y con ese presupuesto no cabe exigir más objetivo que la permanencia.
Ahora las cosas han cambiado y la Real tiene el octavo presupuesto de la Liga con 68 millones de euros, con diferencia sobre los siete primeros –Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid, Valencia, Sevilla, Athletic y Villarreal, el séptimo con 80 millones–, pero también sobre el noveno, que ronda los 50 millones, que es una cantidad inferior a lo que cuesta la plantilla realista si se suman las fichas y la amortización anual de los pagos por traspasos.
El presupuesto del Levante, por ejemplo, es de 40,5 millones y, con la diferencia de presupuesto y contra el peor equipo de la Liga con 21 puntos en las 28 jornadas, sorprende que Eusebio trasmita tanta satisfacción por el juego de su equipo en la segunda parte en la que con empate en el marcador y con un rival cerrado la Real solo fue capaz de crear dos oportunidades de gol o que Reyes hable de un gran partido.
La Real ha sumado en los doce partidos de 2016 cinco victorias, cinco empates y dos derrotas que han alejado el peligro del descenso en una fase del calendario en la que solo ha jugado, y no ha competido, con uno de los cinco primeros, el Atlético de Madrid. Esos resultados deben servir para no correr peligro de descenso, aunque no conviene relajarse, porque en abril empieza la serie de seis encuentros contra Sevilla, Barcelona, Eibar, Getafe, Villarreal y Real Madrid que se les atraganta a todos los equipos.
Pero más allá de los resultados, que son lo importante, uno entiende que el juego de la Real no está a la altura de su presupuesto y de las características de sus jugadores. Ha competido bien en los últimos partidos a excepción del jugado en el Vicente Calderón, pero las cuatro últimas victorias se han sumado con menos posesión que el rival. Ante el Levante, sobre todo en la segunda parte, la Real tuvo más posesión, pero no se ven los automatismos que defendía Eusebio, ni su propuesta futbolística. Cada vez hay más balones en largo y pese a jugar todo el segundo en el medio campo rival apenas se acompañó a Jonathas en el remate en el área.  
El juego combinativo del equipo es pobre, movido a impulsos individuales y que en 45 minutos solo se creen dos ocasiones en dos pases de Oyarzabal es muy poco. Que sea el juvenil el mejor de una plantilla de 50 millones y el que tenga que crear tres de las cuatro ocasiones que generó su equipo en todo el partido es desalentador. ¿En qué se queda el partido del domingo de la Real sin los tres pases del eibartarra y el gol en segunda jugada de córner fabricado y rematado por dos defensas?
Uno no entiende que se hagan valoraciones tan positivas ni del segundo tiempo, ni del primero, en el que la Real sí jugó con los automatismos de la era Montanier con combinaciones entre Xabi Prieto, Vela y Aritz Elustondo, pero con centritos al área imposibles de rematar. Y con un centro del campo que no impedía al Levante tener el balón…
Si los que están dentro de la Real se conforman, con lo que cuesta la plantilla, con jugar como ante el Levante, uno entiende por qué van solo 18.620 personas a Anoeta a ver un partido que se juega un domingo a las 18:15.

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