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El caso de Lasa y Zabala deja en evidencia la falta de democracia y de normalidad

El domingo ETB recordó con un gran profesional como es Pako Etxeberria el caso de Lasa y Zabala, hace unas semanas emitió la película que llevó a las pantallas la mayor salvajada cometida en las décadas de violencia vivida en Euskal Herria y la elección de Pili Zabala como candidata a lehendakari de Podemos por ser la hermana de una de las víctimas han provocado que en los últimos meses haya estado patente su secuestro, torturas y asesinato. Una barbaridad cometida por la cúpula de la Guardia Civil en la lucha contra ETA, con el apoyo explícito del gobierno del PSOE, contra dos chavales que en su corta actividad en la organización lo único que se les atribuyó fue intentar atracar una entidad bancaria en su pueblo.
Si todos los testimonios de torturas de las personas que han pasado por Intxaurrondo tras haber sido detenidos por la Guardia Civil de manera legal ya resultan terribles a pesar de que intentaban dejar pocas huellas de su barbarie, es mejor no saber lo que pudieron hacerles a Lasa y Zabala cuando pensaban que no importaba dejar marcas porque los iban a matar y a enterrar.
El elemento más noticiable del programa del domingo de ETB fue la demostración de que además de sádicos, asesinos y todos los adjetivos que se les puede dedicar a los guardias civiles que mataron a Lasa y Zabala, eran tontos. Pako Etxeberria demostró que al enterrarlos en cal viva en lugar de conseguir su objetivo de desintegrar antes los cuerpos provocaron lo contrario, que se conservaran mejor, lo que ayudó a que fueran encontrados e identificados. Además fue una referencia en la prensa de la cal viva unida al GAL lo que llevó al inspector de Policía que inició el proceso judicial que acabó en la condena de Enrique Rodríguez Galindo y los guardias civiles en los que el Estado español delegó la lucha contra ETA.
De todo este caso lo más grave no es lo que hicieron estos guardias civiles, sino el tiempo que han pasado en la cárcel por ello. Rodríguez Galindo fue condenado a 75 años de prisión y entró en la cárcel el 9 de mayo del 2000 y fue liberado en noviembre del 2004, cuatro años y seis meses después. El entonces gobernador civil Julen Elgorriaga fue condenado a 71 y estuvo encarcelado menos de dos años. Ángel Vaquero, condenado a 73, recibió el tercer grado a los cuatro y Felipe Bayo y Enrique Villalobos, condenados a 71, apenas cumplieron seis.
Se pueden sacar muchos ejemplos más, pero uno tuvo la oportunidad de conocer a Fernando Alonso y Andoni Murga, que solo cometieron un atentado contra una empresa de madrugada sin poner en peligro a ninguna persona, y fueron condenados a 39 años de prisión, detenidos el 18 de agosto de 1996 y todavía están presos en cárceles gallegas veinte años después. Y hay muchos casos de chavales condenados por actos de kale borroka sin llegar a pertenecer a ETA que han pasado más años de cárcel que los condenados por el caso Lasa y Zabala.
El pilar de un sistema que se considera democrático se basa en que la Justicia es igual para todos y es evidente que el español no lo es. Buena prueba de ello es que por una pelea en un bar en Altsasu puedan llegar a ser encarcelados por la Audiencia Nacional siete jóvenes a los que se les imputa un delito de terrorismo y que se enfrenten a penas de entre 10 y 15 años. O que el policía que mató a Ángel Berrueta de un disparo y su hijo que le acuchilló por no poner un cartel con un lema político tuvieran permisos ya seis años después de ir a la cárcel y a los siete fuera liberado el hijo pese a tener una condena de 15.
Es evidente que no hay democracia ni justicia igual para todos y mientras haya presos tampoco habrá normalidad. Lo que ha sucedido con los condenados por Lasa y Zabala debería servir como ejemplo para que se cierre el conflicto con la excarcelación de todos los presos cuando ya han pasado más de siete años del último atentado mortal de ETA. Más tiempo del que han pasado en la cárcel cualquiera de los condenados por el mejor ejemplo de que los derechos humanos no se han respetado tampoco por parte del Estado.
Porque no hay que olvidar que ETA nace como respuesta al franquismo, no impulsado y financiado por el Estado como el GAL, y que es la propia violencia estatal y la falta de democracia la que alimentó de militantes a ETA, especialmente en aquellos años en los que se concentraron la mayor parte de víctimas de los dos lados.

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