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Fichajes, ilusión, cantera y decepción con la Real

Uno tiene por norma analizar los fichajes de la Real desde antes de que se concreten porque después de visto todo el mundo es listo. Y el
análisis de las incorporaciones en un club que dice ser de cantera uno lo hace desde la base del desembolso económico que suponen, de lo que hay en la plantilla y en la cantera y del estilo de juego y de la línea coherente que ha llevado a la Real de Segunda a Primera y a jugar en Europa en tres de los últimos seis años pese a tener entre el octavo y el duodécimo presupuesto.

Algo conseguido gracias a mantener a sus mejores jugadores, confiar en la cantera y realizar pocos fichajes que no suponían un gran riesgo económico. Justo lo contrario de lo que se ha hecho en los últimos doce meses.

Aperribay no vendió ningún jugador en Segunda en una situación económica crítica cuando parecía casi obligado a traspasar a Xabi
Prieto y esa apuesta tuvo el premio de subir a Primera con diecisiete jugadores de la cantera, 13 entre los 18 más utilizados, y con ocho fichajes, con cuatro incorporaciones ese verano que no suponían ningún abono por traspaso.

También solo incorporó cuatro jugadores, y uno solo duró unos meses, sin asumir ningún riesgo de pagar un traspaso en los dos años previos
a la consecución del cuarto puesto en 2013 con 16 canteranos (11 entre
los 15 más utilizados) y siete fichajes –incluido Sarpong, que no
llegó a jugar– en su primera plantilla.

De los jugadores importantes solo se fue Illarramendi previo pago de
la cláusula el año siguiente en el que la Real se clasificó séptima y
entró en la fase de grupos de la Champions con 15 canteranos (10 entre
los 13 más utilizados) y ocho fichajes. En verano solo llegaron
Seferovic y Granero, que apenas jugó por una grave lesión y en enero
se fichó para sustituirle a Canales. Y únicamente perdió a Griezmann y
Bravo en los dos años previos al sexto puesto de la 2016-17 con 18
canteranos (ocho entre los trece más utilizados) y ocho fichajes, con Juanmi y Willian José como únicos que llegaron ese verano.

Desde entonces la Real ha cambiado radicalmente su forma de actuar.
Por primera vez ha vendido a dos jugadores de la cantera como
Odriozola y Yuri sin hacer valer la cláusula y además han dejado el
primer equipo en dos años Toño, Bardají, Carlos Martínez, Mikel
González, Iñigo Martínez, De la Bella, Markel, Vela, Agirretxe,
Canales, Granero, David Concha, Héctor Hernández, Gaztañaga y Guridi. Y solo Iñigo Martínez previo pago de la cláusula y Canales tras acabar contrato y con oferta para renovar.

Y este verano ya ha traspasado a Juanmi, no se ha renovado a Sandro y
Theo, Bautista va a ser cedido al Eupen de la Liga belga y se esperan
más salidas. A pocos días de comenzar la pretemporada hay 27 jugadores con contrato con el primer equipo sin contar a David Concha, Jon Guridi y Eneko Capilla, que no cuentan, con 14 fichajes si se incluye
a Kevin y Le Normand, que fueron fichados para el Sanse. Además se
espera la llegada de Odegard, con lo que serían cinco fichajes, el
récord con Aperribay en un verano, que rompen con lo que ha dado
resultados a la Real porque casi todos llegan con un coste económico importante y en posiciones bien cubiertas y se espera la salida de jugadores mejores que ellos.

Remiro llega con 24 años sin debutar en Primera, después de una
temporada en blanco y de jugar en los tres últimos años solo uno en el
Huesca porque el anterior solo participó en Segunda con el Levante en
cuatro partidos con Raúl Fernández como portero titular. Rulli lleva
149 partidos en Primera y ha dado un gran nivel desde la llegada de
Imanol en enero tras superar su momento de inseguridad y desconfianza.

Además de perder nivel deportivo, la Real tiene el riesgo de perder dinero porque ha invertido diez millones en el traspaso del argentino
y 2,5 en el de Moya, con 261 partidos en Primera, dos porteros que
hasta ahora han demostrado mucho más en su carrera profesional. Pocos equipos tienen tanto gasto comprometido en fichas y amortizaciones de traspaso para su portería.

Olabe dice además que cuenta con Zubiaurre, que este año cumple 23
años, para que suba al primer equipo, pero el fichaje de Remiro y el
de Ramírez para el Sanse hacen dudar de que piense cumplir una premisa que siempre siguió Loren de que el segundo portero fuera de la cantera o guipuzcoano, algo que solo rompió un mes antes de ser despedido con el fichaje de Moyá con Rulli lesionado y tras un mal partido de Toño en una situación crítica.

Tampoco Sagnan e Isak tienen ninguna experiencia en las cinco grandes
Ligas y es muy arriesgado fichar por 4-5 millones al central y por
6,5-8 al delantero con 19 años. Sagnan apenas ha jugado en los últimos
meses en un equipo de la Segunda francesa y los 13 goles en 16
partidos en la Liga holandesa de Isak no sirven de referencia válida.

En su mismo equipo Fran Sol marcó los mismos goles en 17 partidos
cuando apenas había disputado unos minutos en Primera con el
Villarreal, donde no llegó a debutar el tercer máximo goleador de la
Liga holandesa, Adrián Dalmau, que ha marcado 19. Finbogasson se hartó de meter goles en la Liga holandesa, 53, en los dos años previos a su fichaje y en la Real solo marcó dos con 25 años. Pensar que un
delantero de 19 al que el Borussia Dortmund vende por dos millones
menos de lo que pagó con 17 tras trabajar con él dos temporadas en su
equipo va a destacar en la Liga española representa un ejercicio de
mucho optimismo.

Arriesgan en ese jugador y dan salida a un delantero de la cantera de
23 años con Jon Bautista que ha marcado seis goles en 1200 minutos en Primera y por el que no se ha apostado. El oreretarra si apostó por
la Real cuando renovó en 2017 hasta 2023 pese a trasmitirle su
representante que el Athletic estaba dispuesto a depositar los 30
millones de la cláusula y a pagar mucho más de lo que cobra ahora.
Este caso demuestra hasta qué punto se aleja la Real de lo que le ha
dado resultados y de su apuesta por la cantera. Es triste escuchar a
una persona del entorno de Bautista y a un trabajador de la Real decir
que el delantero ha sido tonto por no irse al Athletic.

Y lo mismo se puede decir de Sagnan porque en su puesto la Real tiene
a Diego Llorente con contrato hasta 2022, a Héctor Moreno hasta 2021,
año para el que acaba de renovar a Raúl Navas, a Aritz Elustondo y Le
Normand hasta 2022 y a Jon Pacheco, internacional juvenil de 18 años y
que es el central que mejor apunta en la cantera en mucho tiempo.

Este tipo de apuestas, como las de David Concha o Babic en su día, se
han demostrado poco productivas. La diferencia está en que entonces se
gastaba un millón en cada uno y ahora mucho más y eso obligará a
vender buenos jugadores en los próximos años para cuadrar presupuestos como sucedió antes de iniciar la deriva que llevó a Segunda y a la ruina económica.

En ese sentido también atenta a lo que le ha dado buenos resultados el
fichaje de Portu por diez millones de euros, aunque sí es un buen
jugador contrastado con veinte goles en sus dos temporadas en Primera.

Si la Real no tendría jugadores mejores o de la cantera en su puesto sería un buen fichaje, pero gastarse diez millones en un atacante de
27 años que destaca por la velocidad, con esa edad ya se pierde la
chispa y no da margen a una venta posterior para dos puestos en
banda en el que están Januzaj, Oyarzabal, Barrenetxea y Merquelanz va
en contra de una política de cantera que busque rentabilidad a la
inversión que se realiza en Zubieta para tener el mayor número de
canteranos en el primer equipo.

Como gastar doce millones el año pasado en el fichaje de Merino con
Illarramendi, Zubeldia, Zurutuza, Pardo, Guridi, Guevara, Zubimendi y
Turrientes en las dos posiciones en las que puede dar su mejor nivel.
Ha jugado en una tercera, la que ocupaba Xabi Prieto, sin poder ofrecer lo que daba el capitán al equipo.

Por eso se espera que se cierre en breve la cesión de Odegard, que es
el único jugador que encaja en el perfil que necesita el equipo desde
la marcha de Xabi Prieto y Canales a la espera de que Roberto López
cubra ese vacío junto a Sangalli. Aunque también esta incorporación
ofrezca dudas, porque es muy joven y solo ha destacado en la Liga
holandesa, que no es una referencia muy válida, por lo menos no
conlleva un riesgo económico grande y que el Madrid no lo quiera
traspasar es una buena señal de que confía en él.

Y todavía no está descartado que puedan llegar un lateral izquierdo
tras renovar este año a Aihen Muñoz y Kevin Rodrigues hasta 2022 y a
Skov Olsen o Mayoral si salen Januzaj o Willian José. Ojalá no sea así
porque el equipo perdería nivel deportivo. Uno cree que con Rulli,
Diego Llorente, Héctor Moreno, Illarramendi, Zubeldia, Zurutuza,
Oyarzabal, Januzaj, Barrenetxea y Willian José y con la forma de jugar
recuperada por Imanol la Real tendría muchísimas posibilidades de
entrar la próxima temporada en Europa como se ha demostrado cuando han jugado la mayoría este año. En la medida de que se prescinda de estos jugadores de gran nivel o se cambie la forma de jugar las
posibilidades serán menores.

Por eso uno no comparte la ilusión con los fichajes ni el empeño en
buscar «exploradores de espacios» en lugar de jugadores que encajen en la forma de jugar que ha dado éxitos en los últimos años. Porque hasta la forma de jugar en la que creen los jugadores está en discusión
cuando la pasada temporada, a pesar de la mala planificación traducida
en un cambio de entrenador a mitad de temporada, en fichajes desacertados y múltiples lesiones la Real peleó por entrar en Europa hasta el último partido jugando como lo han hecho en los últimos años todos los equipos de la Real.

A uno le ilusiona mantener a los mejores jugadores y que lleguen desde
la cantera jóvenes de buen nivel como fueron capaces Aihen Muñoz y
Barrenetxea la pasada temporada de dejar fuera de circulación a dos
jugadores de alto coste como Theo y Sandro. Por eso uno no entiende
que ahora, sin contar al ya traspasado Juanmi, la Real vaya a tener
13-15 fichajes y al menos nueve novedades en la primera plantilla este verano porque tanto cambio nunca ha sido positivo y porque hay muy buenos jugadores en el equipo y en la cantera.

Y tampoco es bueno subir jugadores por subir, sin confiar en ellos. No
es normal que dos de los tres jugadores que subieron la pasada
temporada –Gorosabel y Merquelanz– aparezcan en las quinielas para
salir cedidos– o que suba Guevara con Illarramendi, Zubeldia y Merino
en su puesto, o Le Normand con otros cinco centrales o Barrenetxea si
se ficha a Portu en el puesto en el que puede jugar y siguen Januzaj y
Oyarzabal. Para no jugar habitualmente mejor que salgan cedidos o que
el juvenil mantenga la ficha en el filial.

Por eso uno no comparte ninguna de las decisiones que ha tomado la
Real en los últimos años, más allá de la apuesta por Imanol y la de
Odegard, y la única esperanza que uno tiene es que los mejores
jugadores no quieran irse. Si no la Real tendrá muy difícil cumplir su
objetivo de pelear por Europa porque es un error considerar los
fichajes como refuerzos. Fichar jugadores peores que los que se pueden
ir debilita un equipo y además tantos cambios requieren un tiempo de
adaptación y un choque, como el año pasado con la llegada de Garitano,
entre la forma de jugar de los que llegan y los que están.

Porque la Real está empeñada en su intento de mejorar en cambiar lo
que ha dado resultados. Y cuando se cambia todo lo que ha funcionado,
lo normal es que deje de funcionar. Y ya no solo se cambia en el
primer equipo, también el organigrama de Zubieta cuando no hay ningún club que haya dado más jugadores de Primera de nivel en los últimos años o haya metido a un filial a jugar el play-off de ascenso a
Segunda.

Por eso uno no solo no está ilusionado con los fichajes, está decepcionado porque la Real hace lo contrario de lo que dice. Hace
ahora un año uno recibió la llamada de una persona importante de la
Real para trasmitir que el proyecto de futuro consistía en reducir
sustancialmente el número de fichajes a apenas media docena y apostar
por la cantera.

Un año después se hace todo lo contrario. Y uno entendería que si se
llega a estar en riesgo la permanencia en Primera dos temporadas
seguidas se dude en lo que ha funcionado, pero tras jugar en Europa
tres de los seis años anteriores y tras dos temporadas en los que con
un solo cambio de entrenador y jugando como sabe el equipo rinde a
nivel europeo y está al nivel de lo que le corresponde con el noveno
presupuesto no se puede renunciar a lo que uno predica.

Confiar en la cantera no es confiar en un crack como Oyarzabal. Es
confiar en que Gipuzkoa y Zubieta siempre van a dar, como lo han hecho en toda la historia, jugadores para que la Real logre resultados
deportivos por encima de lo que le corresponde por presupuesto.
Confiar en que deportivamente y económicamente es lo mejor para ser
competitiva porque eso además permite tener un vestuario diferente al
de otros equipos con jugadores que siempre han sido y serán de la Real cuando salgan de Zubieta y eso le da una fortaleza añadida.

Y los dos últimos veranos llevan a pensar que las personas que toman
decisiones en la Real no confían en su cantera y que los ascensos
desde el Sanse solo pretenden maquillar numéricamente esa
desconfianza. Al final, deportivamente, casi es mejor que se les dé la
baja a canteranos como a Kako y Ugarte, que el año próximo jugarán en
Segunda, que se les suba al primer equipo sin verdadera confianza como a Merquelanz y Gorosabel y al año siguiente no saber qué hacer con ellos.

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