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Igor Antón, la grandeza de la normalidad y la sencillez

Igor Antón, la grandeza de la normalidad y la sencillez

La última etapa de la Vuelta tuvo como protagonista a Igor Antón, que decidió despedirse del ciclismo profesional en la carrera que le dio las mayores alegrías y en la que vivió sus peores desgracias deportivas. En la entrevista a GARA que reproduzco bajo estas líneas en su integridad repasa su carrera y habla de su futuro. Cualquier persona que sufre las dos caídas en la Vuelta que le impidieron lograr sus mayores éxitos y que le marcaron en las temporadas siguientes y que debe desarrollar su carrera mientras padece la larga enfermedad y el fallecimiento joven de su madre sacaría a relucir un sabor amargo, pero él prioriza las cosas positivas a las negativas y se siente un privilegiado por haber sido feliz hasta el último día como ciclista.

Lo más reseñable de Igor Antón no es su positivismo ni sus éxitos, sino su normalidad, su sencillez, sus valores humanos, por desgracia cada vez más complicados de mantener en un mundo del ciclismo en el que se intenta aislar a los corredores en las burbujas de sus flamantes autobuses. Los deportistas salen de la sociedad y vuelven a ella cuando acaban sus carreras e Igor Antón ha sabido seguir conectado a su gente, accesible a todos, lo que le ha permitido ser más querido todavía.

Destaca que no cambiaría diez victorias más por el cariño que ha conseguido de la gente, como decía Marino Lejarreta en su día que ésa era su mayor triunfo. Los dos se lo han ganado con creces. Igor Antón además representa la fidelidad. Comenzó en la escuela del club ciclista de su pueblo, Galdakao, y no lo abandonó hasta que completó toda su escalera como junior a pesar de que era uno de los más destacados de su generación.

Pasó a aficionados con la Fundación y no la dejó hasta que el Euskaltel Euskadi desapareció en 2013. Como corredor naranja ha sido un embajador de Euskal Herria y, sin dominarlo desde niño, se ha convertido en un militante impulsor del euskera entre los jóvenes. Un gran corredor y una mejor persona que se va como ha querido sin dejar de ser nunca una persona normal y sencilla. Que sea tan feliz en la etapa reina que comienza ahora como lo ha sido en la deportiva.


Entrevista a GARA

«Hasta el último día fui feliz en el deporte que quería vivir este sueño»

Joseba ITURRIA


Igor Antón repasa en su entrevista a GARA su trayectoria deportiva rodeado de los maillots que ha lucido en el club de Galdakao, el Olarra, Euskaltel-Euskadi, Movistar y el último de Dimension Data en la mano. Con ellos aparece el rojo que lució en la Vuelta de 2010, el amarillo del Tour de Suiza de 2008 y el azul de su última victoria en Asturias en 2015.

¿Cuáles son los primeros recuerdos con una bici en Galdakao?
Tengo muy buenos recuerdos de la pista de atletismo, que para llegar es una subida muy dura y, a parte de mis condiciones, influyó en que fuera escalador porque todos los lunes, miércoles y viernes subíamos esa cuesta para entrenarnos. Empezamos en 1993 y este año volví allí porque hacía mucho que no iba y grabé un video y pensé que han pasado 25 años de competición y entrenamientos y recordaba esas bielas cortas que me pusieron para llegar bien a los pedales en una Fuji, que fue mi mote. En Galdakao estuve nueve años, cinco de escuela, dos de cadete y dos de juvenil. Los mismos que en Euskaltel. Me daba la sensación de que me debía al equipo de mi pueblo. En la primera foto éramos un montón y los últimos años muy pocos. Aguanté hasta al final y la escuela aguantó poco más. Cogí el ultimo vagón de esa escuela y me ayudaron mucho. Mi primer entrenador fue Iñaki Etxabe, padre de un amigo mío.

¿En juniors destaca con trece victorias y le ficha la Fundación para el Olarra amateur (2002-04)?
Tenía que llegar solo para ganar y siempre en montaña... En la Vuelta a Basaya fui quinto y esa carrera me enganchó, no para pensar que iba ser profesional, pero sí para decir que quiero disfrutar de este deporte. Fue una carrera preciosa y vi que allí empezaba lo serio. Fue como aprobar la selectividad para ir a la universidad antes de ser profesional. La clave de que pasar al Olarra fue Xabier Artetxe, actual preparador del Sky. Me llamó y me insistió, era un equipazo y fue un acierto. Era la antesala de ir al Euskaltel. Estuve tres años y le tengo que agradecer lo que me enseñó porque no iba muy mal encaminado y la vida le ha puesto en un sitio muy alto.

Y debuta con el Euskaltel en el Tour del Porvenir del 2004...
Fui el único del Olarra de ese año que lo corrí. Estaba alucinado de vivir aquellas sensaciones. No me lo creía. No sabía que iba a pasar a profesionales y lo veía como un regalo que se acababa en diez días. Se corría por equipos con corredores menores de 25-26, no como ahora que es por selecciones sub’23, y no gané ninguna etapa, solo di algunos destellos, pero hay trenes que pasan y si no los coges no vuelven y se fijaron en mí y Miguel Madariaga me dio la oportunidad de pasar al Euskaltel. En 2005 se saca el Orbea continental y fui el último y el único que tuve la suerte de dar el salto del Olarra al Euskaltel. A veces es demasiado grande, pero me vino muy bien, estaba más que formado de aficionado.

¿Y da sus primeros destellos en su debut en una grande en el Giro de 2005 que logró acabar con 22 años recién cumplidos?
Me avisaron tres días antes de empezar, llevaba unos calcetines de ciclismo y el traje con el que iba Euskaltel a las vueltas y mi amigo se reía de mis pintas... No me había puesto un traje en mi vida. Luego me di cuenta de lo duro que era aquello y se destacó mi ataque en una etapa dura con Di Luca, Bettini, que había sido campeón del mundo, y Garzelli. Dije, estoy aquí y hay que dejarse ver. Lancé un ataque a 30 de meta y, aunque aguanté poco y llegué a diez minutos, la gente lo ha recordado mucho.

¿Y llega la victoria en Calar Alto en la Vuelta de 2006?
A partir del segundo año empecé a notar que asimilo mejor los entrenamientos, que me adapto mejor y a final de temporada exploto en la subida a Urkiola que ganó Mayo y en la Vuelta lo confirmo con la primera victoria en profesionales. Había una preparación previa para que llegara a final de año en condición óptima, había tenido destellos en algunas carreras y después de Burgos y Urkiola fui a la Vuelta sintiendo que iba más hecho que el año anterior al Giro y que iba a estar un poco mejor, aunque no pensaba ganar una etapa. Son los detalles que hacen cambiar tu vida deportiva. Puedes quedar segundo y has andado lo mismo, pero ganar te hace darte cuenta de que puedes hacerlo y confías más.

¿Así en 2007 gana en Romandía y  acaba octavo en la Vuelta?
Ganar en la Vuelta permite que al año siguiente te veas en esas situaciones y gane en Romandía. De hacer una grandísima Vuelta me llevan al primer Tour y veo que todo no era un camino de rosas. Ahí vi la cruda realidad, estaba muy fatigado, muy delgado, abandoné y tuve que descansar. No me veía capacitado para ir a la Vuelta y me medio obligaron y curiosamente mi cuerpo asimiló lo sufrido en la Vuelta, después del descanso me encontré mejor y acabé octavo en la general con 24 años.

Y era sexto en la Vuelta de 2008 cuando sufre su primera caída grave camino del Angliru...
Ese año estaba en la cúspide y si no me caigo en El Cordal podía haber acabado en el podio en la Vuelta. Pierdo por los pelos una Euskal Bizikleta y en Suiza gano una etapa y acabo en el podio. La gente me recuerda mucho la Vuelta de 2010, pero en la de 2008 estaba en uno de los mejores momentos en mi carrera al nivel de Valverde y Contador en la montaña y, si no llega a ser por la caída, habría estado entre el tercero y el quinto.

En 2009 sufre las secuelas de la última caída, pero consigue una victoria especial en Urkiola...
Me deja tan lastrado muscularmente que la pierna no me respondía lo bien que debía. No andaba mal, pero me faltaba condición. Fui al Tour y me lo tomé como una rehabilitación. No lo hice mal, tuve detalles, pero no era el mismo. Aun así conseguí una de las victorias a la que más cariño le tengo en Urkiola. En la Vuelta pillo alguna fuga, pero fue un año extraño.

¿Y llega la caída con el maillot de líder de la Vuelta de 2010 camino de Peña Cabarga tras ganar dos etapas y ser el más fuerte por delante de Nibali?
Antes de eso gano en el Morredero a Contador en Castilla León, en Flecha estoy cerca del podio y de ganar y me empiezan a venir mensajes de que tienes que ir al Tour y digo que déjate del Tour, que es un matadero, y vamos a preparar la Vuelta al 100%. Estaba a un nivel buenísimo, preparé la Vuelta como debía y así salió. En Romandía estaba a un nivel muy bueno y en una etapa en un puerto les metí un minuto en el alto y me cogieron e hice segundo, me ganó Valverde, luego le quitaron la victoria y me la dieron. Era el año más completo y en la Vuelta veía que tenía posibilidades de ganar. No llegas a hacerte muchas ilusiones porque sabes que pueden pasar muchas cosas, tenía más responsabilidad y cosas que no había vivido como atender todos los días a los medios o al control antidopaje. Tengo el recuerdo de sentirme desbordado y al final, si no llega ser por la caída, habría podido ganar y si no en el podio. Tampoco me considero un desafortunado, el ciclismo es así, no he tenido en la vida mala suerte. Fue un día que pasó y la gente lo recuerda.

En 2011 logra sus últimas victorias en grandes vueltas en el Giro en el Zoncolan y en la Vuelta en Bilbo, pero no consigue alcanzar ese mismo nivel.
En Zoncolan el nivel fue brutal, a la altura de 2010, pero no tienes tanta regularidad. La Vuelta era mi carrera ese año y entre los esfuerzos que me supone el Giro no me recupero al 100% para la Vuelta. Al final conseguí resarcirme y volver a entrar en la carrera. Acabo quinto en Peña Cabarga, sexto en Angliru, había perdido las opciones en la general y con esa condición física voy a por la escapada en la etapa en Bilbao y vivo el mejor momento gracias a haber fallado en la general. No hay mal que por bien no venga. He sido afortunado y muchas veces es mejor hacer algo menos para conseguir algo espectacular.

¿La última Vuelta de 2013 con el Euskaltel y el adiós en el podio como ganador por equipos?
No me quiero olvidar del 2012, que logro otro Top 10 en la Vuelta que lo valoro más ahora que entonces. Para mí no había sido un gran resultado y ahora con el prisma de los años valoro ser noveno y lo que es estar allí todos los días. Estoy orgulloso de ese puesto. 2013 fue un año muy extraño, tenemos que luchar contra todas las dudas de ver qué pasa con el equipo. Vamos al Tour con una presión excesiva, parecía que dependía del Tour conseguir un sponsor cuando llevábamos años buenísimos. El Tour fue durísimo y, a partir de ahí, empezamos a pensar en el final de año. Algunos buscan equipo, otros esperan que se solucionara el problema y entre medias conseguimos en el último día que me visto de naranja ganar por equipos y dar la vuelta de honor y de la desaparición. Y tienes sensaciones de pena por algo que empieza en 1994 con la etapa de Sagasti...

Con Movistar (2014-15) logra sus dos últimas victorias en Asturias.
Esa victoria la tenía entre ceja y ceja, tenía que dedicársela a mi ama que hizo tanto por mí y por desgracia falleció. Poder levantar los brazos fue muy importante para mí. Y con el maillot de Movistar gané el Giro con Nairo y compartí victorias con Valverde como la de Donostia.

Y las tres últimas temporadas en el Dimension Data (2016-18).
En el ciclismo lo que me faltaba por experimentar era estar en un equipo extranjero y con mi inglés básico intentar defenderme de una manera fluida, conocer todas las culturas diferentes que hay en el equipo con sudafricanos, eritreos, ingleses, australianos, norteamericanos... de todos los puntos del mapa mundi. Y el tema solidario de la Fundación Qhubeka, que donamos bicicletas a niños necesitados en África para que puedan ir al colegio. Dos veces he tenido la ocasión de hacer ese reparto de bicicletas y la sonrisa que te dan es impresionante. Es un proyecto precioso, solo íbamos una vez al año y era muy intenso, emocionalmente bonito. Después de estar en casa a quince minutos de la sede de Euskaltel a estar en la otra punta del mundo. Es una cosa que se me queda grabada enriquecedora, como haber ayudado en la última vuelta a Amanuel Gebreigzabhier, eritreo, para que mejore.

El del domingo fue el final deseado, ¿que sintió ese último día?
Había que elegir un día. Un deportista no sabe cuando y donde retirarse porque no es fácil. Quieres quedarte con un buen sabor de boca y no todo el mundo lo consigue por muchas razones. Yo elegí retirarme en la Vuelta, donde yo quería, en la carrera que tanto me ha dado, con el detallazo del pelotón de dejarme dar la vuelta de honor. Hasta el último día fui feliz en el deporte que quería vivir este sueño que se realizó. Ahora hay que despertarse del sueño de la mejor manera. De una fiesta hay que saber irse a tiempo, que no te pille el toro.

¿Qué valoración realiza del conjunto de su carrera?
Si me llegan a decir lo que completo el domingo en Madrid lo habría firmado con los ojos cerrados. Por eso la valoración es espectacular. Podía haber ganado algo más, podía haber sido más egoísta, pero el balance es muy bueno porque he vivido los dos extremos. Lo que es ganar y ser gregario y ayudar a grandísimos corredores como Nairo o Valverde o estar en un equipo extranjero con experiencias personales que te aportan y enriquecen tu vida. Los resultados en unas carreras han sido más de lo pensado y en otras se han quedado en menos, pero con los años hay detalles que en su momento no valoras y ahora sí el doble. Por eso la nota es muy buena hasta el final, que es importante dejarlo donde y cuando he querido con buenas sensaciones. Un final precioso.

¿Siente que la mala suerte en las dos caídas y el golpe de la larga enfermedad y el fallecimiento joven de la ama han impedido conseguir mayores victorias?
Son cosas que marcan a cualquiera fuera del ámbito deportivo. La vida no es una línea recta, vas sumando cosas y te formas como persona y deportista. Te puede influir, hay momentos difíciles de superar, pero más allá de los resultados, lo que te queda es la experiencia personal, que la aplicas en la vida. En esos momentos de ansiedad o en los no van las cosas como quieres sigues luchando y los superas. Si no, hace años habría dejado antes la bicicleta.

¿Con qué momento se queda de todos los que ha vivido?
Bilbao. Eso lo eclipsa todo, pero nunca se puede olvidar el momento en el que te dicen que vas a ser  profesional o la primera victoria en la Vuelta. Cuando gané en Bilbao había experimentado otros, estaba más acostumbrado, había ganado en Zoncolan ese año, pero fue el día de mi carrera deportiva.

¿Por encima de las victorias está sentirse querido por la gente?
No sé si será un tópico,  a todo el mundo le van a querer, pero la manera de expresártelo, la cantidad de gente que me ha mandado mensajes... Ayudan las redes sociales, que llegas a más gente, te sientes muy orgulloso y afortunado de haber conocido tanta gente que te recuerda. Es lo que te llevas, no cambiaría ganar diez carreras más por ese cariño de la gente.

Se ha visto en su adiós que ha sido muy valorado su forma de ser por el pelotón y por la afición...
Siempre me acuerdo de Iribar, una institución y le ves y todo el mundo habla bien de él. Yo no soy perfecto. Algún detractor tendré, pero sí que gente con la que no has tenido relación directa te viene a decir el último día que les has llegado. Y de los que más me alegro es de los jóvenes. He intentado estar al lado de ellos, no enseñarles, porque vienen ya enseñados, pero intentas darles consejos, motivación y que luego te digan que les has ayudado es de lo que más ilusión me ha hecho.

¿Qué supone haber liderado el proyecto más identificado con un pueblo como Euskaltel-Euskadi?
Es el equipo de mi corazón, de mi vida. Además he estado en él hasta su desaparición y es para estar orgulloso, he vivido los mejores años de ese equipo, me consideraron un líder, tuve mejores o peores momentos, con mi primera victoria en la Vuelta y la última de Bilbao, volver a estar líder en una Vuelta después de que estuviera Egoi Martínez. Todo el mundo me va a recordar con ese maillot. Tener una afición como la que hemos tenido. Ya la teníamos en la época de Indurain y Marino, pero con la marea naranja se me ponía la piel de gallina y lo he podido vivir in situ... He sido un privilegiado.

Le gustaría que Euskadi Murias y la Fundación Euskadi consigan llegar a lo que fue aquel equipo?
Es el momento y además lo ha demostrado la afición. Salvando las distancias con el fútbol, el ciclismo es el deporte rey en Euskal Herria, hemos tenido años complicados, ha habido una crisis que impedía que saliera un gran proyecto y es el momento de sacar un gran proyecto. Hemos cogido experiencia de estos años que la gente lo reclama, hay mucho tirón y es rentable. Se ve que en la Vuelta la del Monte Oiz ha sido la etapa más vista. El ciclismo necesita esa motivación para los corredores que vengan por detrás. Tenemos mimbres y relevo y hay que apoyarlo ahora para seguir manteniendo el nivel y calidad de corredores que siempre hemos tenido.

¿Ha sido una persona sencilla y accesible, lo que no es habitual en deportistas de tanto nivel?
Sabía que alguna vez llegaría el final y tendría una vida más allá de la burbuja en la que vivimos. Estoy saliendo, no he salido aún de ese mundo irreal e intento poner los pies en el suelo. Te das cuenta de que eres un privilegiado, tienes la suerte de estar bien remunerado y estamos en la élite y no te quejes. Atiende a los periodistas y a los aficionados porque gracias a ellos es por los que estamos aquí.

¿Cómo se ve en el futuro?
Me gusta mucho el tema de la comunicación, el periodismo, propuestas de comentar o entrevistas que me pueda hacer de ciclismo, y lo motivacional. Hace poco hacía con los sponsors del equipo unas charlas motivacionales enfocadas en lo que es el ciclismo más allá de lo deportivo. Saber que hemos pasado muchos momentos complicados de tensiones y ansiedad y esa información trasmitirla. No digo dentro de un equipo, puede ser en muchos ámbitos. Tengo que reflexionar, estar tranquilo, recuperar energías, que han sido muchos años fuera de casa, coger oxígeno y pensar qué quiero hacer y vivir la vida.

¿Qué va a poder hacer que no le ha permitido en el ciclismo?
Algo tan simple como ir al monte. Suelo hacerlo en invierno, pero muchas veces no puedes porque muscularmente no es lo mejor. Viajar un poco más a mi modo aventurero. Me gustaría hacer un trekking con mi aita en Nepal, son cosas que tengo ahí y quiero ir realizando. Ir con la bicicleta con alforjas, hacer viajes con un coche antiguo que tengo,  dormir perdidos en la montaña.
Y disfrutar más de la familia. Quiero hacer un viaje con mi mujer y mi hija por Europa. Tengo ilusión de vivirlo con quien quiero y recuperar muchos eventos a los que no he podido asistir con mis amigos, a una barbacoa en el monte que solo las puedes hacer en períodos cortos y mucas veces es imposible. Disfrutar de Udane, que tiene un año y cinco meses. El mayor desgaste ha sido para mi mujer, aunque me han acompañado a Pirineos cuando estaba concentrado. Me gusta tener la posibilidad de estar más encima de ella. No he podido estar todo lo que quería porque necesitas estar entre algodones. Ahora será bonito verla crecer.

¿Ha hecho muchos esfuerzos por hablar y apoyar el euskera?
En Galdakao es complicado hablar más, no es tan hablado como en Ondarroa o Markina, pero sí que hago esfuerzos y hablo en euskera con muchos corredores como los Izagirre, Pello Bilbao, Markel Irizar... En la Vuelta he hablado con Bingen el director siempre en euskera. De la mano de un ex futbolista como Koikili solemos ir los dos a concienciar a los niños para que en el deporte hablen en euskera. Siempre que me llaman he ido a hacer charlas con los niños relacionadas con el euskera.

¿Algo que no le he preguntado y que le gustaría destacar?
Sobre el ciclismo destacaría cómo ha cambiado. Antes corrías solo en Euskadi, España o Francia y años atrás fuimos a Pekín, empezamos este Giro en Israel, he corrido en Abu Dhabi que no hay ninguna cultura de ciclismo. Al final es el dinero, la globalización. Y luego las redes sociales, cómo entran hasta el fondo de cada ámbito en este deporte y es un arma de doble filo. Antes el teléfono no lo cogía porque no había necesidad y ahora es una locura. Con todo lo bueno que tiene hay una parte mala y pasa factura. Antes ibas a la habitación o abajo al hotel y hablábamos con otros compañeros. Ahora estamos muy abstractos en el mundo del teléfono y las redes sociales.
Corredores como Valverde han podido llegar a los 40 años porque han estado más tranquilos. Ahora con 22 tienes que estar en tantos lugares y compromisos, y con el sistema Adams antidopaje tienes que buscar la localización. Parece que son cosas que dominas, pero te desbordan porque tienes la cabeza más que en pedalear en otras cosas y con 35 años puedes llegar muy quemado de tantas responsabilidades.

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