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La entrevista a Markel Irizar, un ejemplo como corredor y, sobre todo, como persona

La entrevista a Markel Irizar, un ejemplo como corredor y, sobre todo, como persona

Este sábado Markel Irizar pondrá fin a una etapa de 16 años como ciclista profesional en la clásica de Donostia y aprovecho las posibilidades que ofrece el blog para publicar en su integridad la entrevista realizada para hacer un repaso de su trayectoria profesional, pero también de su vida, porque es difícil separar al ciclista y a la persona.

Markel ha sido un muy buen ciclista, porque hay que serlo para ser profesional 16 temporadas, pero sobre todo ha dejado huella como persona y como un ejemplo, especialmente, por la forma en la que ha superado la adversidad.

Es difícil perder con 18 años a un padre que le ha marcado como persona con unos valores que ha querido trasmitir a sus hijos y, cuando supera ese golpe y va a cumplir su sueño de pasar a profesionales, tener que superar un tumor maligno. Pero no solo los ha superado, ha sido capaz de positivizar todo lo que le ha pasado y de ser una persona que trasmite felicidad.

Por eso durante la Itzulia le hice un reportaje porque era su última participación en la prueba vasca, pero le propuse una entrevista amplia para publicar esta semana como ciclista y persona. Aceptó y pidió que fuera en persona, en Oñati y así quedamos un 11 de junio en su cafetería, Bizipoz, para poder tener tiempo para que la entrevista saliera bien. Porque no era una entrevista más, era la entrevista.

Maider, la compañera de Zazpika, propuso publicar la entrevista en el suplemento dominical de GARA, pero a pesar de ampliar el espacio hasta diez páginas, hubo que amputar la mejor entrevista en la que uno ha participado porque tenía especiales ganas de hacerla bien y porque el entrevistado es una persona única a la hora de trasmitir y además estaba predispuesto a hablar de su carrera y de su vida con la naturalidad que le caracteriza.

En la entrevista publicada en Zazpika hubo que cortar preguntas y recortar caracteres con el mismo dolor que uno sufriría al depilarse pelo a pelo con una pinza y por eso aprovecho las posibilidades que ofrece un blog para publicarla en su integridad.

Solo se cambia el orden de las preguntas, para intentar seguir un orden cronológico porque es la mejor forma de repasar su vida, porque no es lo mismo superar lo que pasó cuando era un chaval que soñaba con ser ciclista que más adelante. Fue más de una hora de entrevista, pero merece la pena leerla en su totalidad antes de homenajearle como merece este sábado en la Clásica de Donostia.

Eskerrik asko Markel!!!


¿Cual es tu primer recuerdo con una bicicleta?

El de una bicicleta con tres piñones. Me acuerdo que iba con un culotte de Zahor com mi aita siguiéndome por la carretera de Udana. Mi aita era muy amigo de la familia Egaña, que era dueña de la empresa Zahor, que tenían un equipo profesional en Oñati. Eso hacía que estuviese cerca del equipo porque a mi padre le gustaba mucho. Iba con el aita a las carreras, estaba cerca del equipo… Ahí me entra el gusanillo del ciclismo y se queda hasta ahora.

Mi primer equipo fue el Lizarralde Kirolak en cadetes, luego Ulma, Ulma Cegasa y después pasé al Olarra. Lizarralde Kirolak ha sido la tienda a donde siempre he ido a arreglar la bici. Fue el sponsor del equipo en el que empecé y hasta que ahora Bizipoz se hizo cargo de la escuela de ciclismo, Mikel Lizarralde, que fue profesional con Orbea y luego puso una tienda en Oñati, me ha ayudado siempre. Por eso en el maillot junto a Bizipoz Kafea llevamos Lizarralde en los costados porque fue mi primer equipo y desde entonces mantengo la relación con Mikel. Mientras Bizipoz siga patrocinando la escuela de ciclismo, Lizarralde estará siempre con nosotros.

Con 18 años pierdes al aita…

Teníamos un negocio, era una agencia de seguros y de viajes. El alta tenía mucho don de gentes y nos iba muy bien. Pero se empezó a complicar la cosa. Apenas estaba en la oficina, todo el día de cenas o comidas y la oficina empezó a ir mal. A nivel personal tenía problemas con el alcohol y cuando yo tenia 18 años decidió quitarse la vida. Me lo encontré yo, había saltado del balcón y me tocó lidiar con todo, llamar a la Ertzaintza, a la familia, a mi tío Txus, que estaba trabajando. Siempre digo que llegué al cáncer entrenado porque la pérdida del aita fue dura, pero más duro convivir con todo ese proceso.

Era adolescente y tuve una época complicada. Mi tío Txus me ayudó un montón, al ser hijo único no tenía con quién desahogarme. Muchos días después de cenar iba a casa de mi amama en bici y me desahogaba con él, que es un año mayor que yo. Es hermano de mi ama, pero para mí es mi hermano. Me ayudó un montón, aprendí mucho de ese proceso, de lo que viví con el aita, pero nunca le guardo ningún rencor. Cada día que pasa la figura de mi padre es más grande para mí. Me emociono, pero lo que soy, como soy, se lo debo a él.

Me enseñó las cosas más importantes en esta vida. Me ha faltado él, pero lo que él dejó, los valores y los principios, los he intentado llevar a muerte y le agradezco un montón que ese grano que sembró que me haya podido ayudar tanto en la vida. Mi padre decía que los amigos y la familia son un tesoro y que hay que cuidarlos y he intentado hacerlo, ser consecuente y coherente. Creo que mi padre lo era y he intentado asemejarme a él. No sé si lo he conseguido, pero lo he intentado.

Le has dado la vuelta como si fuera un favor que quiso haceros...

No lo digo a malas. Si hubiésemos seguido así no sé si habríamos sido capaces de tirar para adelante y ser felices. Él lo vio como una muestra de cariño. Pensó que «si sigo así no voy a ser capaz de hacerles felices ni de ser feliz yo mismo y me quito de en medio y que sigan ellos su vida». Creo que lo hizo como una muestra de cariño, de amor. Así lo veo y quiero pensar que él valoró más la vida mía y la de la ama que la suya propia. Fue un acto de antioegoísmo, en vez de de pensar en él pensó en nosotros y así lo he vivido y por eso tengo la figura de mi aita endiosada, con mucho cariño. Hizo cosas mal, pero si son 21 años que me falta y me emociono al hablar de él, es señal de que hizo muchas bien. Si le recuerdo como hijo con tanto cariño con lo que pasó es señal de que como aita fue muy bueno.

Pase lo que pase es importante buscar elementos positivos…

Está claro. Cuando fui a cenar con Alaitz, cuando nos estábamos conociendo de novios, me dijo: «Si te cuento mi historia»… Déjame a mí. Le empecé a contar lo que había vivido con mi padre, que se había suicidado, y Alaitz me dijo que cuando tenía 4 años el GAL mató a su aita (Xabier Perez de Arenaza el 23 de marzo de 1984), en una gasolinera en Biarritz. Nos juntamos dos hijos únicos, con dos amas viudas, con un motxila llena de una manera dramática y trágica. Le hemos dado la vuelta y he aprendido mucho de Alaitz y decidimos que independientemente de todo lo vivido le íbamos a dar la vuelta y disfrutar del momento, de la vida, Guardamos un buen recuerdo de mi padre, Alaitz apenas lo puede tener del suyo, pero cuando hemos tenido que hablar con los hijos lo hemos hecho sin problemas.

Saben desde pequeños el tema del suicido con normalidad, del alcohol, de la violencia. Nuestros hijos son conscientes de cómo murió el aitona Xabi, les hemos inculcado que no hay que odiar y respetar ideologías diversas que hay y que esta sociedad tiene que aprender de los errores del pasado para que las generaciones futuras no tengan que sufrir lo que sufrimos nosotros y nuestros padres.

La canción preferida de Alaitz y mía es Zapalduen Olerkia. «Gure ondorengoek ez dezatela sekula kantu hau kantatuko». Que mis hijos no tengan que sufrir lo que el aitona Xabi y mucha otra gente. Siempre digo, y nunca he tenido problema para mojarme, que el sufrimiento, las muertes, los dramas no entienden de clases sociales, ni de partidos, ni de un lado u otro. Son dramas y sufrimiento. Es justo reconocer todo tipo de sufrimiento y debería ser justo, que tampoco ha sido así, que todas las víctimas tuvieran el mismo reconocimiento. Yo, que lo he vivido de cerca, creo que a nivel institucional no ha sido así.

A pesar de ese golpe, pronto ya es Bizipoz para los compañeros del equipo Olarra en 2001…

Bizipoz es la alegría de la vida. Me caí en una Vuelta a Navarra y estábamos en un hotel superbonito en Zudaire con Joseba Zubeldia y Mikel Astarloza. Me rompí la muñeca y me tuve que ir a casa. Nunca me había pasado antes y le dije a Alaitz: «Creo que voy a ganar la carrera de Abarzuza y si gano vamos al hotel de Zudaire que me dio pena no dormir allí». El 16 de agosto gané en Aretxabaleta y era el 18 en Abarzuza. Dije: «Voy a ganar seguro», les dije a los amigos. «Id, que voy a ganar seguro».

En un momento estaba en la escapada con Javier Ruiz de Larrinaga –entonces corredor amateur y luego cinco veces campeón estatal de ciclocross– y le dije a Xabier Artetxe –entonces director del Olarra y ahora preparador de Egan Bernal y del Ineos– que iba a ganar. «Les voy a dejar en el puerto y voy a ganar, confía en mí». Arranqué en el puerto y gané. Recuerdo que llegó Astarloza y le dijo a Alaitz: «¿Donde está el que iba a ganar hoy?». «Pues ha ganado», le dijo. Fue increíble. «Entonces ahora tenemos que ir a Zudaire a dormir».

Y en el polo morado metimos las dos bicis y fuimos a Zudaire. Y cuando le expliqué la historia al del hotel me dijo «tú no me firmarías en el libro». Abrió el libro y vi que mis compañeros pusieron: «En honor a Markel Irizar, el Bizipoz de nuestro equipo». Y desde entonces me empezaron llamar así hasta hoy.

Y con 22 años le diagnostican un tumor maligno...

Al principio no lo ponían tan mal. Primero era que iba a perder el testículo fijo porque tenían que analizarlo. Luego las noticias malas llegaban poco a poco. Primero te dicen que es maligno, pero que te vas a librar de la quimio. Luego que no. Poco a poco te metes en todo el berenjenal. Cuando me hicieron una ecografría en Beasain no sabía ni a quién llamar. Le llamé a Mikel Astarloza, que estaba en la Vuelta y me desahogué con él. Hice un viaje de Beasain a Oñati que se me hizo eterno. Fui solo porque me dijo el urólogo que no tenía mala pinta, pero me llevé un shock y vine reventado.

Con Alaitz tuve una conversación. Le planteé que si quería dejarlo lo entendería. Después de su historia con su aita no quería si yo cascaba en el camino que fuera la viuda de y la hija de…  Me dijo que si perdíamos y ganábamos lo haríamos juntos, que íbamos a estar a muerte. Y así ha sido. Fui a donde Itziar, la oncóloga, y le dije que de 0 a 100 cuantas posibilidades tenía de curarme, porque soy muy de números. Me dijo que en oncología no hay un 100%. Le insistí y me dijo que el 95% de curarme. Le dije que si me curaba tenía una lista con mil proyectos. «Haz lo que sea, pero cúrame». Me dijo que tranquilo. Le pedía plazos. «¿Cuándo acabo la quimio? ¿Cuándo la última operación? Dame plazos, días, cuántos meses». Y así me iba haciendo un esquema mentalmente. Así lo llevé bien. Hacia equis, quitando días.

La última sesión de quimio fue un 1 de febrero y estaba muy justo de defensas. Me la quisieron aplazar y dije que no porque el 5 era mi cumpleaños. Sufrí lo que no está escrito. Lo llevé bastante bien, pero me acuerdo que, mi madre ni lo sabe, estaba devolviendo con un viaje de la quimio y le decía que se fuera a dar una vuelta, que iban a venir los amigos a hacerme una visita, o a Alaitz que fuera a clases de alemán. No venía nadie, estaba solo reventado, pero no quería que me vieran devolver.

¿Temisteis no poder tener hijos?
Eso es una cosa que me comía por dentro. Antes de hacer el tratamiento in vitro te hacen un espermograma y tenía una movilidad de un 15%. Me dijeron que podía tener hijos de manera natural, pero que era muy complicado, que nos pusiéramos al tema jóvenes porque las posibilidades no eran muy altas. Y con 26 años nació Xabat y afortunadamente no tuvimos que recurrir a ningún tratamiento porque sería volver a abrir heridas, ir a cruces y hospitales, y los tres, Xabat, Unai y Aimar han sido naturales.  

Siendo dos hijos únicos si te dicen que no puedes tener hijos… Mi suegra decía que ya adoptaríamos, pero quería vivir todo el proceso. Tenía complejo de no haber tenido un hermano y quería disfrutar de todo el proceso, de cuando Alaitz estaba embarazada, el parto, verlos nacer… Todo el proceso. Tenía obsesión por tener hijos y teníamos claro que como mínimo íbamos a tener tres. Creo que nos vamos a plantar, pero si hubiera venido un cuarto por mí… A Alaitz sí le hubiera importado porque dice que tendría que salir de casa.  Pero a mí que voy a estar más tiempo en casa…, aunque Unai va a hacer siete años y ya es demasiado tarde. Ser aita es lo más bonito que me ha pasado, ha abierto muchas cosas que he vivido con el aita. Cuando les dices lo mismo a tus hijos hace que tu aita esté más presente. Ha sido un proceso muy bonito.

Le escribió una carta a Lance Armstrong cuando tuvo cáncer y luego él también estuvo pendiente de su recuperación…

Él tuvo cáncer en 1996 y yo era cadete y le escribí una carta deseando que se recuperara. Me mandó una postal en la que me decía que gracias por mi ayuda, que suponía mucho para él. Y cuando yo estuve enfermo mediante Clara, una amiga mía en común con Kepa Zelaia, médico del equipo, que ella falleció de cáncer después, le comentó a Kepa, él le comentó a Lance que había un chaval de Oñati con cáncer y Lance me mandó una carta en Navidades de su puño y letra dándome ánimos y diciendo que me iba a curar. No solo eso. En la primera carrera que coincidimos me llamó al autobús y en su último Tour me mandó una hoja de su libro de ruta firmada y dedicada. Siempre estuvo muy atento a cómo iba todo y vivió de cerca mi proceso.

Antes de detectársele el cáncer había destacado en 2001 y además de ganar dos carreras y el campeonato de Gipuzkoa contrarreloj participó en los Mundiales sub'23...

Había andado muy bien y Miguel Madariaga me dijo que iba a pasar a profesionales. Todo se torció en setiembre de 2002. En la Vuelta al Goierri me detectaron que tenía el bulto. Me hizo la promesa de que si era capaz de demostrar que tenía el nivel suficiente me iba a pasar a profesionales. Acabé el 1 de febrero de 2003 mi última sesión de quimio. En mayo me pilló un coche, pero a finales de ese mes empecé a correr y el 3 de junio, que coincidía con las bodas de plata de mis padres, gané el campeonato de Gipuzkoa de crono élite. Hasta final de año anduve muy bien, muy regular y Miguel me dijo que él cumplía su promesa y que me iba a pasar.

Y en 2005 otro susto.

En la Vuelta en un control antidoping de sangre vieron que estaba muy bajo y se dieron cuenta de que no era muy normal. Me mandaron para casa y luego vieron que tenía un tumor cerca de la aorta, me tuvieron que abrir del estómago hasta abajo. Era benigno y libré bien, pero fue un susto bastante fuerte.

Es importante destacar que antes de tener el problema ya iba a pasar a profesionales, que no pasó por lástima…

Yo soy consciente de que en un momento dado mucha gente puede pensar que pasé por eso. Sé que no habría ido al Radio Shack si no hubiera tenido cáncer, pero tampoco es algo que me dé vergüenza. Es algo que está ahí. Nadie sabe cómo habría sido la historia si no hubiera tenido cáncer y hubiera tenido dos testículos o si en 2005 no tengo otro tumor y me tuvieran que cortar de arriba abajo de los intestinos. La historia ha sido la que ha sido. Lo mejor es aceptar cómo ha venido. Alguno pensará que pasé por misericordia, lo respeto y mucha gente pensará que le he podido ayudar. El tiempo me ha curtido y me ha hecho aprender a vivir con lo que me ha tocado vivir.

Porque para estar 16 años de profesional nadie regala nada…

Una vez que he estado en el extranjero en la estructura de Trek con sus diferentes sponsors he encontrado mi hueco. Había un nicho ahí de gente que podía trabajar en el llano. He intentado empatizar, pensar si yo fuera líder cómo me gustaría que me cuidaran en carrera para poder rendir y he intentado hacerlo lo mejor posible, dar lo mejor de mí por mi líder y por mi equipo y he tenido la suerte de coincidir con Fabian Cancellara, que me metió en su grupo y eso me ha hecho estar en muy buenas carreras y durar muchos años.

Mi fuerte muchas veces ha estado fuera de la carretera. He intentado por mi forma de ser cohesionar, tener el equipo unido, mantener la motivación, intentar que la gente se pudiera evadir de la carrera y hablar de otras cosas. Tener ambiente en la mesa, hacer un poco de vestuario. Siempre he pensado que podría aportar más ahí que en carrera, aunque lo he intentado hacer lo mejor posible. He podido aportar, lo han valorado los líderes. Cada uno tiene sus virtudes y sus defectos. He aprovechado las mías y ha sido importante si a los compañeros les he podido aportar un poco de Bizipoz. Eso es importante.

También ha conseguido resultados a nivel individual…

Gané una corno en Poitou Charentes (2010) y fui quinto en la general y gané la general de Vuelta a Andalucía (2011), fui segundo en una prólogo de París Niza (2008) y en dos cronos de la Vuelta a Andalucía, tercero en una etapa de la Vuelta, noveno en una crono del Tour… He tenido mis momentos que he intentado aprovechar. Hubo una época en Radio Shack que me salían las cronos muy bien. Al final también he conseguido mis cositas. Para estar 16 años, no son muchas victorias, pero he tenido mis momentos y los he podido disfrutar.

¿Con qué se queda de toda su carrera?

Deportivamente con el Tour de Flandes de 2013. Era un momento complicado. Leopard y Radio Shack desaparecían como sponsors y Trek nos dijo una semana antes de las clásicas que asumía el equipo si brillábamos o ganábamos en las clásicas. Eso suponía salvar 75 familias. El equipo estaba supercomprometido, con Fabian como mejor capitán, y se consiguió hacer podio en San Remo, se ganó Strade Bianche, Harelbeke, Flandes y Roubaix. En Flandes nos lo jugábamos todo, consiguió ganar y ese día sabíamos que él había salvado el equipo, que íbamos a tener equipo los años siguientes. Nunca he vivido una victoria así. Fue un momento que nunca olvidaré, una sensación superespecial.

Ha disputado 26 monumentos y en las 21 grandes, seis Tours, diez Vueltas y cinco Giros, solo ha vivido dos abandonos…

Uno en mi primera grande, la Vuelta de 2005, con el tumor que luego me tuvieron que abrir, que era benigno. Y en la de 2016 perdí el conocimiento por una caída, me rompí los dientes y me llevaron al hospital. El resto las he acabado porque las circunstancias me han hecho duro psicológicamente. Me caí en un Tour, me pegué un buen porrazo. Le dijo Alaitz a mis hijos que me había caído y mi hijo mayor le dijo: «Tranquila ama, que el aita es duro y saldrá mañana». Si mis hijos tienen ese concepto de mí… No me ha importado ir detrás, el último o en la grupeta, pero nunca me ha gustado bajarme. Las carreras hay que acabarlas por mucho que haga frío, vaya jodido o me haya caído.

Me recordaba Alaitz el otro día que en una Dauphiné me caí en la neutralizada, me abrí la barbilla, me pusieron una gasa e hice toda la etapa de montaña con esto abierto echando sangre. El médico de carrera me estaba esperando y me dieron los puntos en el autobús. No me gusta bajarme ni ver las carreras en el autobús. Me gusta acabar siempre y va con la forma de ser de cada uno.

Así llegó a la meta este año en la última etapa de la Itzulia después de darle la organización por retirado…

No le doy mucha importancia, pero el fuera de control lo tenía controlado y entramos dentro, aunque nos dieron por descalificados y no sé por qué. La gente se quería ir para casa y animé a unos cuantos para ir hasta meta y me dio pena que el jurado cometiera ese error porque para mucha gente lo más fácil era irse a casa. Hicieron un montón de kilómetros conmigo para acabar y quedar fuera de la clasificación te da pena. Cuando anunciaron que me había retirado Josu Larrazabal, mi preparador, dijo que era raro y pensó que algo me habría pasado. Me mandó un mensaje y y le dije que «ya sabes que muy muerto tengo que estar para no acabar». Tiré para delante, aunque estaba reventado. Estaba tocado por la caída que había tenido, en la mano y en la espalda, que en el Giro me tocó todo el ciático y me afectó hasta el tobillo y he tenido bastantes molestias en el Giro, que me dolía bastante.

Ganó una Vuelta con Horner en 2013...
Pero la más bonita fue la Vuelta de 2017, la última de Alberto Contador con su victoria en el Angliru. Este último Giro también ha sido muy especial por la necesidad de resultados, de disfrutar en carrera y de ser protagonistas. Por el Giro que nos ha salido, porque para mí era el último, lo he disfrutado especialmente.

¿Qué destacaría de los líderes que ha tenido?

En Euskaltel me marcó mucho Roberto Laiseka, que me dio los tres consejos más importantes que los he llevado a rajatabla. En la primera cena en Euskaltel se sentó al lado mío y me dijo. «Chaval, te voy a dar tres consejos. Uno es no quejarte nunca». En el equipo dicen que es la primera regla de Markel, no quejarse. «Allá donde te digan que vayas, no te quejes nunca. El segundo es ser bueno en algo, si no vas a ser sprinter, escalador y, si no, llevando bidones». He intentado ser buen gregario, animar al equipo y hacer de capitán. Y el tercero fue «no malgastes el dinero en coches y cómprate un piso. Si cuando dejes la bici o hagas diez años de profesional tienes un piso pagado es porque las otras dos reglas las has cumplido bien». Según pasé enseguida me compré un piso, antes de los diez años lo pagué y será porque lo he hecho bien. Roberto me marcó mucho.

Luego tuve a Lance Armstrong. Independientemente de que me hubiese gustado que su historia habría acabado de otra manera, o que ciertas cosas no hubiesen sucedido, conmigo se portó muy muy bien y le debo muchísimo.

A Andy Schleck le cogí en horas bajas, pero fue el que más me ha marcado en el tema personal, por lo humano y lo cercano que era, por lo grande que le quedaba todo esto. No acabó de la mejor manera, ahora ya está bien, tuvo un proceso complicado, pero era muy buen chaval, con unos valores impresionantes. A nivel personal me marcó.

Fabian Cancellara es el capitán, el boss. Mi mejor época como ciclista, me dejó ser parte de un sueño de ser un corredor euskaldun brillando en las carreras del pavés, ser partícipe de un equipo que gana Flandes y Roubaix es una pasada. Este año en la última etapa del Giro me llamó y me dijo que es tu última etapa de una grande e intenta disfrutarla. Ha sido el capo, mi capitán.

Alberto Contador me ha marcado por la confianza en sí mismo que nunca había visto antes en nadie. Y era muy detallista. Después de cada etapa me tocaba la puerta de la habitación antes del masaje para darme las gracias. Venía en pijama, en chancletas todos los días y eso se agradece. La primera vez que lo hizo fue en Andalucía y me chocó, luego me fui acostumbrando, estaba superagradecido de cómo agradecía a sus compañeros.

¿Y de los directores y managers?

No tengo ningún problema en reconocerlo. Pasé con Julián Gorospe y con Miguel Madariaga y esos dos primeros años disfruté y aprendí un montón con Unai Etxeberria, con Gorka Arrizabalaga. Teníamos un grupo de gente súper. Luego entró Igor González de Galdeano. Vino con otra filosofía, otra forma de trabajar y no me supe o no pude amoldarme y pasé cuatro años complicados que llegué a dejar de ser yo, no era el Bizipoz. Pase una época difícil a nivel personal.

En 2009 se me presentó la posibilidad de ir a Radio Shack y no me lo pensé. Mucha gente decía que me iba por dinero, ahora puedo decir que me fui ganando menos que en Euskaltel. Lo hacía para recuperarme como persona antes que como deportista. Estaba anulado, la autoestima la tenía baja. Fueron años complicados, No le culpo a nadie. Las circunstancias fueron así. Aunque me duela decirlo, dejar el equipo de casa para ir a uno extranjero fue la mejor decisión que he tomado a nivel deportivo, algo de lo que no me voy a arrepentir.

Al final 16 años no son casualidad. He tenido la suerte de coincidir con tres managers que se han portado muy bien conmigo: Miguel Madariaga, Johan Bruyneel, que por medio de Kepa Zelaia me dio la oportunidad de ir a Radio Shack, y, sobre todo, Luca Guercilena, el que más ha confiado en mí. No es habitual hablar bien de los jefes, pero he tenido tres muy buenos y estoy superagradecido. Estos 16 años no hubieran sido posible si no fuera gracias a ellos.

Tuvo mucha repercusión la nota que firmó tras la decisión de Igor González de Galdeano de dar la baja a Velasco y Txurruka para fichar corredores extranjeros.

Justo había nacido mi hijo Unai, estaba en el hospital con Alaitz, y los firmantes de la carta se pusieron en contacto conmigo y decidimos publicarla ante una injusticia que era darles la baja a Amets Txurruka e Iván Velasco. Después de decirles verbalmente que se quedaban, a última hora decidieron no renovarlos y los de dentro por miedo no pudieron hacer nada y lo hicimos los que estábamos fuera. Mucha gente nos criticó, igual con razón porque no éramos los más indicados porque habíamos dejado el equipo, pero no lo hicimos por nosotros, sino por poner de manifiesto una situación injusta con los dos compañeros y lo volvería a hacer. No sé si las formas fueron las más adecuadas, probablemente no, pero volvería a apoyar a dos personas que eran amigos y siguen siéndolo ahora. Lo hicimos por solidaridad, por poner de manifiesto que se habían equivocado.

Y además éramos socios de la Fundación y teníamos algún derecho de dar nuestra opinión. Nos dieron bastantes palos, pero creo que el equipo no actuó bien. En el caso de Iván había una relación personal y en el de Amets además era un icono en el ciclismo euskaldun. Muchos aficionados no lo entendieron y además demostró su nivel al lograr victorias con Caja Rural. Se mezclaron bastantes cosas y no estuvieron acertados.

Recordaba recientemente Iván Velasco que mucha visión no tenía el que dijo que no había ganadores en aquel equipo…

Es fácil criticar, pero las cosas no se hicieron bien, no es ninguna falta de respeto discrepar de cómo se llevó el equipo. La dirección deportiva no fue buena. Igor no acertó, tanto por las marcas que se dejaron de lado, como Etxeondo, que apostó por el equipo desde el principio. Fueron cosas que fueron minando el proyecto, como traer corredores de fuera de aquí. Decían que los de aquí nos habíamos ido, pero por qué. Había que analizar por qué se fue la gente a ganar menos dinero o por un año cuando Euskaltel ofrecía dos. Hay muchas preguntas que se podían responder. Ahora que han pasado muchos años se podría hablar...

Fue un desastre perder lo que fue Euskaltel…
Sí, pero soy optimista, creo que todavía, ahora ya habría que hacerlo, hay tiempo de recuperarlo. Y en caso de que salga hacia adelante será en gran parte por Mikel Landa, por su compromiso. En el caso de que Mikel reflote todo esto será… Algo que estaba a punto de morir y que vuelva a resurgir. Mikel es el único corredor que ha pasado por todas las categorías de la Fundación, su compromiso con la Fundación es total. Desearía que el ciclismo euskaldun tuviese un equipo Top y que las generaciones venideras tengan las mismas opciones que he tenido yo o muchos ciclistas.

¿Cómo ve el futuro del ciclismo vasco con la presencia de Euskadi Murias y la Fundación Euskadi? ¿Es partidario de la fusión?

No estoy muy puesto para decir si una cosa es mejor que la otra, pero es complicado que haya sitio para dos equipos a nivel logístico, de marcas y corredores. No hay sitio para los dos, debe haber un equipo y supongo que bajo el paraguas de la Fundación por la trayectoria y historia porque tiene un grupo desde abajo, con el equipo continental, trabajan la base. En los términos no entro mucho porque no estoy muy puesto. Pero lo lógico es que hubiera un equipo.

¿Se considera un ejemplo por su forma de superar todo lo que ha vivido ahora que muchos se ahogan por cualquier tontería?

Una vez me pasó con un compañero que no estaba andando bien y le dije que «¿no me estarás intentando dar pena?». Le dije que «he tenido un padre con problemas de alcohol que se ha suicidado cuando tenia 18 años, me han detectado un tumor maligno que han llevado a operarme y darme veinte sesiones de quimio, a los dos años volvieron operarme y a abrirme de arriba abajo. Al padre de mi mujer le mataron a tiros cuando ella tenía cuatro años. He llegado hasta aquí sin quejarme y tus problemas no son mayores. ¿Por no hacer el décimo me vas hacer pucheros?». Me decía que le estaba dejando sin argumentos. «Si intentas darme lástima, lo tienes complicado».

Nuestra historia, la mía y la de Alaitz, es demasiado cañera como para que nadie piense que sus problemas son mayores que los míos. El tema es cómo afrontas los tuyos. La gente me dice «Hi gogorra haiz» y digo que «Gogorra egin naiz». Me he hecho duro, genéticamente soy varón, 1.82… Ser gogorra no está en mi genética. Me he hecho duro por las circunstancias. por estar casado con quien estoy, por la forma de ser de ella, por la educación que he tenido. Siempre he animado ante cualquier problema o enfermedad que tenga la gente. La actitud es importante ante todo. Si todo el mundo saliese de casa pensando que tengo que hacer algo bueno por la sociedad, ser agradable, ser amable,. Si tengo un sitio para aparcar le dejo a otro, sería mucho mejor. Si hacemos todo por echar un capote al de al lado.

En mi casa les tengo a mis hijos escritas tres normas.
«Familia hontan ez dira anai arteko lixkar, haserre eta errespetu faltarik onartzen».
La segunda: «Pertsona baten ezaugarri garrantzitsuenak errespetua eta edukazioa dira».
La tercera, del aita: «Familia eta lagunak altxor bat dira. Zaindu ditzagun».
Cuando se portan mal les digo que a leer…
Y luego mi filosofía que siempre hay que estar «debilaren alde», siempre al lado del débil. En cualquier movida, me gusta proteger al más desfavorecido, me gusta echar un capote. Si tuviésemos todos esa mentalidad de ayudar al que realmente lo necesita este mundo sería mejor y más justo.

Tengo muchos defectos, pero con la humildad siento que tengo el entorno perfecto. Tener unos padres que, sobre todo el aita, daba mucha importancia a estas cosas, a los principios y los valores. Y tener la suerte de juntarme con Alaitz, que me ha enseñado mucho. Nunca le oirás quejarse o protestar. Siempre con una sonrisa. Cuando habla de su aita nunca con rencor, ni odio. Para mí es un ejemplo. He aprendido mucho con ella, es un privilegio haber compartido todos estos años con ella. Somos el yin y el yang. Ella es muy tranquila y yo muy nervioso, así buscamos el equilibrio. Los chavales son más como yo, son intensos, ahí vamos. Cogiendo el equilibrio…

Ha sido embajador de Euskal Herria en el mundo… ha llevado la ikurriña, ha defendido su idioma, su cultura…

Me han dado palos por ello. Soy consciente de que pasé a profesionales por Euskaltel Euskadi, una empresa que era semipública y con las instituciones metidas.Y gracias a un montón de socios, Y anteriormente fueron Ulma y Cegasa, una empresa local con Juan Zelaia, amigo de mi aita, que metió un montón de pasta. Siempre he sentido la obligación de pregonar de donde somos y, si estuviese algo en mi mano, hacer de embajador. Cuando he corrido con la ikurriña me han dado caña. pero ahora la gente ha entendido que nunca he ido en contra de nadie. Aunque vivía en Arrasate estoy supeorgulloso de ser de Oñati y no se mosquean. Saben que soy de Oñati y mis hijos y mi mujer de Arrasate.
 
Con el tema euskaldun es lo mismo. Estoy superorgulloso. Soy parte de esos millones de personas que podemos hablar el idioma más viejo del mundo. Para mí es un privilegio. He intentado explicar de donde somos. Cuando en mi equipo echo los irrintzis Teuns decía que cuando no esté yo ya los va a echar él. Y ya saben cuando es el bueno. Ya es casi tradición. Es bonito que cada uno esté superorgulloso de donde viene, de quién es. Los euskaldunes, con nuestras virtudes y defectos, somos parte de esa pequeña tribu de vascones que han aguantando carros y carretas y han sido capaces de seguir con un idioma, con una forma de ser. Estamos divididos en tres administraciones, tenemos un montón de problemas, pero ojalá nuestros hijos pasen su mensaje como nosotros y que el euskera, que es lo que nos hace euskaldunes, siga durante muchos años.

Vive en Arrasate, pero es de Oñati…
Oñati, aunque esté en el culo del mundo, es un sitio ideal, privilegiado para formar una familia. A parte de ser un pueblo superbonito, muy bien ordenado, no habrá muchos pueblos con un 5% de desempleo que recicle el 84% de sus residuos, que genera su propia electricidad con una central propia, donde hay un movimiento cultural y un gran nivel de compromiso para todo lo que se organiza, con un volumen de voluntarios impresionante.

Estoy superorgulloso de ser txantxiku aunque viva en Arrasate desde hace quince años en el caserío en el que han nacido la amama de Alaitz, su ama, ella y nuestros hijos. Cuatro generaciones. Vivimos derecha e izquierda con mi suegra y estoy muy feliz de vivir en un caserío. Los chavales tienen sitio para jugar… Pero soy txantxiku y superfeliz e intento venir cuando puedo. Cuando me retire vendré mucho más.

Ha querido seguir ligado a Oñati con Bizipoz Kafetegia…
Hay once kilómetros y para la cuadrilla era como ir a Tasmania. «¿A Arrasate? ¿Ya has pensado bien?», me decían. Por eso si voy a montar algo tenía que ser en Oñati. Vuelvo a tener mucho más vínculo con mi pueblo. Bizipoz me ha ayudado al estar quince años en Arrasate y siempre en el extranjero a volver a conectar con mucha gente que tenía la pista perdida. Tienen la imagen tuya de las redes sociales, de entrevistas y poder retomar el contacto es superpositivo. Y me permite quedar con la ama como hoy mismo a echar un café.

¿Siente que ha dejado huella como persona, al margen de como ciclista?

El ciclista se va a acabar. A partir del 4 de agosto lo que he hecho como ciclista es historia. Si alguien me dice que me valora más como persona que como ciclista es que como persona has dejado un poso. Para mí es importante. Como ciclista puedes ser mejor o peor, pero lo que seas como persona es mucho más importante. No me considero un ejemplo, simplemente he tenido el entorno perfecto para hacer frente a las pruebas que me ha puesto la vida. He hablado con naturalidad de todo lo que he vivido. ¿Tiene un cáncer y no lo va a decir? Si se le va a caer el pelo. No he tenido ningún problema en hablar de todo. Lo más importante es el respeto y la educación. Si respetas puedes decir lo que quieras. Con respeto y educación puedes defender casi todo. Creo que he hablado claro. En esta sociedad parece que solo hay que enseñar algo bueno, lo feliz, lo bien que me va. Cuando tienes un problema no existe. Yo no he tenido problema para compartir los buenos y los malos momentos, saber convivir con lo que la vida te está dando. No sé si es una filosofía o una forma de ser de afrontar la vida. Lo he intentando hacer así.

Tengo en casa a otros Bizipoz, a mis hijos. El pequeño es un artista. Tiene un don que es el mayor tesoro, es un feliciano de la vida, un artista. Tiene ese don de sacarte una sonrisa en el peor momento. Yo intento ser Bizipoz. Donde voy intento dar un poco de buen rollo, de energía positiva, de dejar un buen poso. Donde he pasado yo me han abierto las puertas por mi padre y si algún día les dicen que son hijos de Markel Irizar, que tu padre era una buena persona, que me echó en cable, es más importante que decir que gané veinte monumentos.

El otro día había un par de extranjeros parados en un coche mirando un mapa y me di la vuelta para ayudarles. Eso es dar una buena imagen de Euskal Herria. Es como si estamos en los Dolomitas y nos viene alguien a ayudar. ¿Qué pensaríamos de los de allí? Si todos hacemos eso, debilaren alde. Al final echarle un capote. Empatizar. Me gustaría que si estoy en su situación me ayudaran. A mí también me han ayudado un montón. Si no, no hubiésemos cumplido 16 años de profesional.

¿Cómo vives tu despedida en la clásica de Donostia?

Sé que es complicado. Han cambiado el recorrido, sé que tengo que apretar el culo bien para poder aguantar en las subidas. Me he preparado a fondo para hacerlo bien y, cuando esté en Igeldo, le van a dar tila a la carrera y lo voy a disfrutar con la afición. Para eso decidimos que fuera en Donostia delante de mi gente y después despedirme en Oñati. Después de la clásica con mis compañeros vendremos a Oñati, colgaremos la bici, haremos una fiesta, una cena. Quería que en vez que fuese un homenaje a mí, que fuera un homenaje a la gente que me ha ayudado. Hablé con Luca y si he seguido un año más es por tener la oportunidad de retirarme en Donostia, para mí era importante hacerlo en casa como Haimar Zubeldia. Él lo decidió a última hora en el Tour. No lo tenía bastante meditado. Yo con un año de antelación lo tenía programado. En su día se lo dije en el Tour que estábamos juntos, para mí lo perfecto es despedirse en Donostia. Él estaba en duda. Yo lo tenía claro. Él lo disfrutó muchísimo, pensé que no hay mejor marco que retirarse en Donostia.

La afición vasca te ha querido mucho…
Me han querido más de lo que merezco. Me he sentido superquerido. Siempre he pensado que más de lo que me merezco. La gente se ha portado superbien y estoy muy agradecido. Muchas veces lo he dicho, me han querido como si fuera de los buenos sin serlo. Por eso despedirme en casa con mi gente es bonito.

 
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