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La frustración, la amenaza de la ilusión

He de reconocer que esta temporada tengo sensaciones encontradas con la Real. Disfruto con las victorias, con el buen juego, con el nuevo Anoeta y con su ambiente. Me gusta ver feliz a la afición realista, que es lo más importante en la vida, ser feliz, y quiero que le vaya bien a una persona como Imanol por la que tengo una especial simpatía, además de considerarlo el entrenador ideal para los jugadores que tiene.

Pero al mismo tiempo tengo miedo y no me gustan muchas cosas que ya he visto antes. Siento que el club hace lo contrario de lo que defendió Jokin Aperribay en la última Junta y ficha jugadores en puestos con buenos jóvenes formados en Zubieta. Reniega de la política de cantera con pocos fichajes que le ha permitido pasar de Segunda y de la ruina a jugar en Europa tres años en un lustro, uno la Champions, y a la bonanza económica que ha permitido construir esa maravilla que es el Reale Arena. Uno siente que se cometen los mismos errores que llevaron a la peor situación de la historia del club.

Uno tiene la sensación de haber vivido ya esto, de haber ido a Vigo a ver a la Real ganar una Liga tras incrementarse el número de abonados por encima de los 28.000 y ser una gota más en un mar de ilusión. Y teme que se repita la historia y que tras hincharse poco a poco ese globo, explote de repente y con él se imponga la frustración y se repita lo que se vivió en los años siguientes.

Lo que he escuchado y leído después del partido de Anoeta contra el Mirandés es el reflejo del peligro que tiene una ilusión que olvida que el fútbol es un juego en el que puedes ganar, empatar o perder y en el que hay que respetar siempre al rival. Respetarlo de verdad.

Parece que nadie en el entorno de la Real contemplaba que su equipo pudiera sufrir con un rival que ha eliminado a Celta, Sevilla y Villarreal con un gran juego y hay frustración incluso con una victoria.

Esta temporada cada derrota se ha convertido en una tragedia en la que se cuestionaba al gran artífice de que la Real juegue y compita como lo hace, su entrenador. Ahora se convierte en una apocalipsis hasta una victoria y ya no solo se cuestiona a Imanol, también a Oyarzabal y a Odegaard, los dos mejores jugadores del equipo, tras marcar los goles que acercan la primera final en 32 años. Que en Anoeta se cuestione a Oyarzabal es tan incomprensible como que lo hicieran con Messi en el Camp Nou o con Alá en una mezquita.

Todos debemos intentar ayudar a trasmitir mejor lo que es la Real y el fútbol y a desdramatizarlo justo en una semana en la que se hacen públicos los límites salariales que ha establecido la LFP a los clubes y el primer equipo blanquiazul está en décima posición…, por detrás del colista de Primera.

La Real es un club que si confía en la cantera y acierta en los fichajes puede pelear por entrar en Europa todos los años y algunos lo conseguirá. Pero hay otros clubes que tienen más poder económico y lo normal es que esa lógica del fútbol se imponga y muchos años no se consiga ese objetivo. Y como se cometan errores te puedes ir a Segunda y no es tan fácil volver. Que se lo pregunten a los aficionados de Zaragoza, Deportivo, Sporting, Tenerife, Las Palmas…

Y cuando toca un buen año en el que los fichajes rinden, hay cantera de nivel, no hay muchas lesiones y los equipos importantes sufren crisis hay que aprovecharlos y disfrutarlos. Asumir que no es fácil entrar en Europa vía Liga y ganar un título y que si en febrero estás sexto a dos puntos del cuarto y semifinalista de Copa con tres rivales de menor calidad nadie puede salir de un campo indignado con su equipo por jugar peor que el Mirandés y ganar solo 2-1.

Y los primeros que tienen que acertar son los responsables del club. No se puede convocar a los aficionados y anular durante 45 minutos la vía de comunicación principal de la capital con sus hospitales para que reciban al autobús de su equipo cuando se dirige a un partido al que van a ir 35.000 espectadores en un día laborable y no puedes alterar más el tráfico.

Y encima su entrenador dice que eso ha perjudicado al equipo tras arengar a sus aficionados pegando golpes a los cristales del autobús, que luego los rompen los aficionados en ese arrebato de locura que se vivió horas antes del partido.

Uno lleva dos días discutiendo con sus hijos porque no me gusta que después de intentar inculcarles unos valores, el sentimiento a la Real y hacerles abonados cuando tenían 9 y 7 años en Segunda, arremetan contra sus jugadores como la mayoría de chavales que descubren el fútbol en el Reale Arena sin tener presente que los que están en el campo son los que más desean ganar la Copa.

Les critican por no saber llevar mejor la presión y por la ansiedad que tienen chavales con pocos años más o menos que ellos y por no jugar mejor porque estaban desde las siete animando a su equipo porque así se lo han pedido su entrenador y el club.

Y lo hacen después de que al speaker de Bultzada se enfada varias veces porque nadie le hace caso y no animan a su equipo. Pues si cuesta animar, mucho más jugar contra un equipo que no tiene ninguna presión porque nadie le recuerda la historia de su club. Simplemente disfrutan escribiéndola.

Y esa frustración está alimentada por la propia Real. No se puede recurrir al comodín del público cuando todo va bien porque sus responsables, que sí deberían saber lo que es el fútbol y lo que es su club, deberían contemplar que puede pasar lo que pasó y que el MIrandés te puede eliminar como ha eliminado a tres Primeras, y que después de la ilusión aparece la frustración.

E Imanol no puede declarar que el ambiente que él ha generado con acierto en buena medida al apostar por la Copa y por la ilusión que genera se vuelve en tu contra cuando decenas de miles de realistas irán, esperemos, a Sevilla, y recibirán a su equipo, entonces sí de manera justificada, antes de la final.

La Real va a repartir más de un millar de entradas para el partido de vuelta y sería bueno que vayan todos aquellos que confíen en llegar a la final, pero que asuman que también puede caer eliminada, que vayan a disfrutar pase lo que pase, que respeten al rival de verdad y no de postureo, porque esa es la mejor manera de llegar a la final. Que no vaya nadie ni a Miranda ni a Sevilla que vaya a reprochar a sus jugadores su viaje y su ánimo si las cosas no salen como quieren. Nadie les obliga a ir.

Si se aprende la lección del jueves, seguro que dentro de tres semanas se valorará mejor el 2-1. Y lo mismo en Sevilla, habrá que ir a disfrutar de los momentos previos y contemplar que se puede perder la final, que es la mejor manera de ganarla. Porque vivir un título es lo más bonito que hay y hay que disfrutarlo. Pero si se pierde en Miranda o en Sevilla habrá que ser positivo, valorar los momentos buenos que genera la ilusión y no caer en la frustración. Porque ya sabemos a lo que conduce eso en la Real, a volver a afilar la guillotina de la frustración y a cargarse a todas las personas válidas.

No hay nada que más pavor le da a uno que se recupere esa guillotina de la frustración. Porque empezará por Imanol y será duro, pero no parará hasta que se lleve consigo la cabeza del presidente que ha colocado a su club en lo más alto y ha devuelto algo tan importante como es la estabilidad. No repitamos los errores del pasado. No repitamos los errores del pasado.

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