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Más entradas para Sevilla que abonados en Segunda

La ilusión que ha generado la Real, la clasificación para la final de Sevilla y el incremento de abonados por encima de los 35.000 va a provocar un problema para la Real porque la demanda de entradas para La Cartuja va a superar la cantidad que recibirán los dos finalistas, que alguna fuente sitúa en 22.000 para un aforo de 60.000, inferior a los 99.354 del Camp Nou y a los 81.044 Bernabéu, campos que serían ideales por capacidad y cercanía para los dos clubes vascos si no primaran los intereses económicos de la Española.

La Real comunicaba ayer ante la avalancha de llamadas sobre las entradas para la final que, «a la espera de tener toda la información necesaria, en próximas fechas la RFEF convocará en Madrid a los equipos finalistas para detallarles toda la información relativa a la final. Una vez que se haya recopilado esta información, el club ofrecerá una rueda de prensa para explicar cómo será el reparto de entradas, así como otros detalles de la final».

El reparto de las 1.048 entradas enviadas por el Mirandés generó un enfado en la afición porque se necesitaba todo el aforo del campo para satisfacer la demanda y el club solo destinó 500 a los abonados, 236 a sus compromisos, 200 a las peñas y 132 a Viajes Halcón, que las repartió de manera arbitraria. El club tuvo que pedir disculpas y se comprometió a «mejorar el servicio de distribución y venta de entradas para nuestros socios y aficionados de cara a futuras solicitudes».

Las cosas han cambiado mucho en la Real con respecto a la última final de 1988 en el Bernabeu. Acudí como un aficionado más porque eran más las entradas que correspondían al club blanquiazul que el número de socios, se dejó Atotxa con solo 12.593, todo el que quería ir fue, y aquellos años los aficionados estaban bien acostumbrados tras ver a su equipo ganar dos Ligas en 1981 en Gijón y en 1982 en Atotxa, una Supercopa en 1983 en el viejo campo y una Copa en 1987 en Zaragoza.

Han pasado desde entonces 33 años y ahora sí se teme que habrá mucha más demanda que oferta. La pasada semana se superó la cifra de los 35.000 abonados, de los que unos 31.500 son individuales y algo más de 3.500 los denominados como corporativos, y a la hora de repartir las entradas la Real debería tener en cuenta la antigüedad. Hay muchos abonados que no tuvieron la posibilidad de vivir las últimas finales y que han estado con el club en Segunda, cuando en 2010 la Real tenía 20.998 abonados, de los que algunos han fallecido o han dejado de serlo en estos diez años.

Con la construcción del fondo Aitor Zabaleta y la entrada de los jóvenes que han dado un ambiente especial al nuevo campo en junio de 2018, eran 25.320 los abonados, menos de 22.000 individuales y todos no van a ir a Sevilla porque queda lejos y el costo entre entradas y desplazamiento será importante. Los que vieron a la Real en Segunda, en 2018 solo había 22.707, poco más de 19.000 indidivuales y los que se apuntaron cuando Anoeta era solo un proyecto deberían tener también prioridad.

Y no es verdad que si se tuviera en cuenta la fidelidad no irían los jóvenes. Uno tiene dos hijos menores de 20 años que son abonados desde la Segunda División y si se destinaran las 22.000 entradas que va a recibir la Real por antigüedad irían todos los jóvenes que ocupan la grada Aitor Zabaleta y sobrarían para repartir entre los que han entrado este año. No puede ser, como en Anduva, donde vieron el partido personas que no son ni abonados, que no se destinen entradas solo a los abonados y que los 10.000 que han entrado esta temporada, 5.000 en los últimos tres meses, tengan el mismo derecho a conseguir una localidad para la Cartuja que los que han visto al Poli Ejido ganar en Anoeta o los que han dado al nuevo campo su ambiente. Porque la tuvo la Real más de 28.000 abonados en 2003 en el año de la Champions, y más de 10.000 se dieron de baja en pocos años. Hay que premiar la fidelidad, y no solo con una insignia a los que llevan más de 50 años como abonados en esa condición.

Con los jóvenes lo que hay que hacer es facilitar su desplazamiento porque además muchos son grupos familiares. Queda bonito pagar pagar los autobuses a los aficionados palentinos, pero los socios del Mirandés pagaron cinco euros por venir a Donostia en autobús y los afortunados que tuvieron las entradas de Halcón Viajes 25 por hacer el mismo recorrido. Ayer leía a una compañera que el precio mínimo de las entradas para Sevilla va a ser de 60 euros, que hay que cobrar ese dinero por ver una final desde un fondo de un estadio con pista de atletismo. Y hay que pegarse 25 horas de autobús para ir y volver o ir en avión en el día para evitarlas porque los precios de apartamentos y hoteles son imposibles para casi todos. Sería bueno que la Real, y el Athletic, presionen además para que los precios de las entradas no sean abusivos y facilite el desplazamiento de sus abonados.

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