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¿Qué sería del ciclismo vasco sin Murias ni Mikel Landa?

Las últimas semanas todos los medios de comunicación hemos incidido en el alarmante dato del descenso de once corredores en el número de vascos que correrán con profesionales esta temporada. Y eso que 2018 ha sido otro gran año para el ciclismo vasco con trece ganadores en la categoría profesional, con victorias en las tres grandes con Mikel Nieve, Omar Fraile y Óscar Rodríguez, con otras cuatro en el World Tour y puestos en el Top 10 de Giro, Tour y Vuelta con Pello Bilbao, Mikel Landa y Ion Izagirre. Además se han logrado treinta victorias en la categoría amateur a pesar de competir con auténticas selecciones como las de Caja Rural y Lizarte con diecisiete corredores diferentes y solo tres de ellos van a dar el salto a profesionales para cerrar con el peor balance entre altas y bajas que uno recuerda y con el menor número de ascensos desde la categoría amateur.

De los 50 vascos que corrieron con profesionales el año pasado se ha pasado a 39 y pendientes de que Xuban Errazkin pueda correr con el Vito Feirense y no sea sancionado por los resultados en dos controles antidopaje en el Gran Premio Abimota. En el World Tour se ha pasado de los 29 ciclistas vascos del último año del Euskaltel en 2013 a solo diez que cumplirán al menos 29 años este año. En la categoría continental profesional estarán veinte, tres menos que el año pasado, con trece en el Euskadi Murias, y en categoría continental nueve, ocho en la Fundación Euskadi.

Con estos datos parece obligado preguntarse qué sería del ciclismo vasco, cuantos profesionales tendríamos y cuantos jóvenes habrían dado el salto en los últimos años si la empresa Murias no decide cubrir el vacío que dejan a finales de 2014 la desaparición del Euskaltel y del equipo continental de la Fundación Euskadi y si Mikel Landa no acude al rescate de esta entidad en el verano de 2017 cuando Miguel Madariaga estaba dispuesto a arrojar la toalla con la ayuda de Orbea, Etxeondo y, ahora de Euskadiko Kutxa.

El ciclismo vasco depende en buena medida de la decisión de los responsables de Murias de invertir una gran cantidad de dinero en su equipo ciclista y del ciclista alavés de dedicar su tiempo y su imagen a una Fundación que además ha evitado ahora la desaparición del equipo amateur que mayor nivel ha dado el año pasado ante Lizarte y Caja Rural. Además los dos proyectos han impulsado al ciclismo femenino con dos nuevos equipos. Y todo sin ayuda económica de las instituciones. Ningún representante político intervino, además del alcalde de Orereta, en las espectaculares presentaciones de las últimas semanas de los dos proyectos vascos.

No solo el ciclismo, ningún deporte ni actividad cultural puede sobrevivir sin el dinero de las instituciones salvo los equipos de fútbol de Primera, que curiosamente han sido los que más han recibido para renovar sus campos o para sus Fundaciones. El Gobierno Vasco aporta más de seis millones anuales a la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Y los demás clubes de élite vascos tienen, más o menos, ayuda institucional, a excepción de los equipos ciclistas masculinos, que son los que más la necesitan a pesar de ser los dos únicos que tienen socios y colaboradores individuales. No compiten en un espacio cerrado que permita vender entradas o abonos, ni pueden tener ingresos por derechos de televisión y los gastos son mayores porque el ciclismo exige preparaciones en altura antes de los objetivos o en la costa mediterránea en la pretemporada y desplazamientos costosos para acudir a las carreras. O hay más dinero o ninguno de esos dos proyectos podrá crecer y difícilmente sobrevivirán.

El ciclismo necesita el apoyo de las instituciones porque se corre el riesgo de que Murias y Mikel Landa se cansen. Y no vale la excusa de que, como hay dos equipos, no se apoya a ninguno si no se unen. Las instituciones han mantenido artificialmente a tres equipos de baloncesto cuando apenas tienen jugadores vascos. El ciclismo es uno de los pocos deportes en los que los vascos son competitivos a nivel internacional y las instituciones deben apoyarlo para que subsista, como sucede con la pelota o el remo a través de ETB.

Porque el futuro del ciclismo vasco es negro si no cambia un criterio establecido en 2012. Entonces gobernaban el PSOE y el PP en la CAV, que quisieron traer etapas de la Vuelta y dejar de apoyar al Euskaltel. Se dejó de apoyar al ciclismo vasco para poner dinero solo para eventos, para etapas o para estudiar la llegada del Tour a Bilbo. Que ahora que las cinco instituciones principales de Euskal Herria están gobernadas por el PNV el criterio sea el mismo resulta desolador. Y no se trata de unir los dos proyectos, que solo provocaría que haya doce opciones menos para correr con profesionales a los jóvenes, sino de apoyar a los dos equipos en función de la categoría en la que compitan y del calendario que tengan.

Poner un millón al Euskadi Murias y 250.000 a la Fundación Euskadi sería un impulso importante para reforzar los dos proyectos y evitar la desaparición del ciclismo vasco. Si ahora nos alarmamos porque se ha pasado de los 50 a los 39 profesionales, si desaparecen estos proyectos no quedarían en dos años una veintena. El ciclismo, el único deporte en el que se puede formar una selección vasca que compita en la élite internacional con una gran repercusión, necesita la ayuda institucional como la tienen todos los demás deportes y actividades que no tienen ese nivel ni tanta difusión internacional ni apoyan tanto la cantera y el deporte femenino.

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