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Crónica de un festival anunciado, día 3

Touch me not, de Adina Pintilie

La opera prima de la directora rumana Adina Pintilie se llevó el Oso de Oro en la Berlinale de este año después de un fallo del jurado no exento de polémica. La cinta, desde luego, escapa de lo previsible y no se atiene a ninguna clase de fórmula narrativa. Habrá incluso quien diga que juega con la paciencia de los espectadores. Con una propuesta cercana al documental, Touch me not, ensaya una meditación sobre la normatividad de los cuerpos y de las prácticas sexuales. La presencia avasalladora de las cámaras invade la intimidad de los personajes y despliega un juego metafílmico entre los observadores y los observados.

Hay que aplaudir el trabajo de fotografía de George Chiper, que combina secuencias de un minimalismo absoluto y una blancura cegadora con un universo de catacumbas y de perversión poblado de planos cerrados y claroscuros. Las escenas sexuales son de una belleza perturbadora y la presencia de los cuerpos fascina e incomoda a partes iguales. Al son de una música machacona e inquietante, Touch me not se desenvuelve como un híbrido entre el experimento social y la indagación psicológica. Una Laura interpretada por Laura Benson se mueve entre diálogos y monólogos reveladores, y en última instancia, con el pretexto del sexo y el amor, divaga sobre las restricciones, sobre el libre albedrío y sobre la esencia de la libertad. Hay una frase significativa y lapidaria que corona y resume la película: “Dime cómo te han amado y te diré cómo amas”.

Michael Inside, de Frank Berry

Más que digno acercamiento de Frank Berry al drama carcelario con una película que ha dado que hablar en Irlanda y que ahora intentará conquistar los Premios del Cine Europeo. Dafhyd Flynn interpreta a Michael CmCrea, un joven que vive en Dublín con su abuelo Francis (Lalor Roddy) y que se ve envuelto en un juicio por posesión de treinta gramos de cocaína, una deuda con sus proveedores equivalente a dos mil euros. Michael ingresa en prisión para cumplir una condena menor de tres meses y entre trapicheos y ajustes de cuentas se ve obligado a buscar alianzas y respetar jerarquías para sobrevivir a la ley del más fuerte.

La cárcel se presenta para Michael como una versión amplificada de los abusos escolares y como una extensión descarnada de las disputas que libran las pandillas en la calle. El mensaje de Michael Inside es determinista y el destino se presenta como una fuerza inamovible: si tu madre murió de sobredosis, si tu padre terminó en prisión, si tu entorno social es turbulento y tus condiciones materiales son precarias, la salvación es imposible. Frank Berry maneja un realismo crudo y sin florituras que sirve para retratar la crudeza y la inequidad de nuestras instituciones. La cámara de Tom Comerford es enérgica y veraz cuando captura el rostro desapasionado de Michael. Todo para condensar una idea demoledora: la condena empieza cuando sales de la cárcel.

El rey, de Alberto San Juan

Durante dos años, El rey se representó como obra dramática en el Teatro del Barrio de Madrid hasta que el proyecto, avalado por la buena acogida del público, dio el salto al largometraje. Con la codirección de Valentín Álvarez, Alberto San Juan presenta en la sección Revoluciones Permanentes del Festival de Sevilla su primer trabajo detrás de las cámaras. La película se aproxima a la figura del rey emérito, Juan Carlos I, y plantea una mirada crítica sobre el papel salvador que la historiografía oficial le ha otorgado en sus relatos sobre la Transición. La mirada de Alberto San Juan no es neutral. El filme sitúa el ex monarca a la cabeza de una maniobra de Estado que sirvió para legitimar a los poderes franquistas en su tránsito hacia el nuevo régimen democrático.

El rey se presenta como el delirio atormentado de un monarca que en 2014 se ve forzado a delegar la corona y siente que se ha terminado un ciclo de cuatro décadas de poder. Es hora de volver la vista atrás y ver pasar ante su conciencia los personajes que le acompañaron desde su infancia. Con una escenografía mínima y voluntariamente teatral, vemos desfilar por delante de la cámara a un repertorio variado de personajes de la historia de España, desde Adolfo Suárez hasta Chicho Sánchez Ferlosio pasando por Rodolfo Martín Villa, Luis Carrero Blanco, Felipe González o Salvador Puig Antich. La trama concede una importancia central a la educación del monarca bajo las faldas de Francisco Franco, interpretado con pulso hilarante por Alberto San Juan. El rey es un relato ágil y tiene la virtud de resumir los episodios más ignorados de la Transición española con un punto de cinismo y humor pero también con una pedagogía impecable.

Samouni Road, de Stefano Savona

Cuenta Stefano Savona que le llevó diez años de trabajo terminar este documental sobre la familia Samouni, víctimas palestinas de la operación israelí Plomo Fundido de 2009 contra la Franja de Gaza. Samouni Road combina escenas cotidianas de calma documental con pasajes de animación a cargo de Simone Massi y recreaciones de la visión de los drones de combate. Esta es la historia de 29 crímenes, pero sobre todo, es la historia de un pueblo que lleva a cuestas la memoria de sus muertos y que sobrevive atrapado en un trozo de tierra sometido al bloqueo de Israel. Savona indaga en las lealtades y las rencillas de los protagonistas, pero muy en especial, se demora en la mirada incontaminada de los más pequeños. La niña Amal Samouni sonríe y le muestra a la cámara el terreno desolado donde antes de los bombardeos hubo un sicomoro y dibuja con garabatos infantiles el momento en que vio cómo asesinaban a su padre. Debajo de la rabia, sin embargo, Savona encuentra una resolución que apunta a la alegría y la esperanza.

La ciudad oculta, de Víctor Moreno

El cineasta canario Víctor Moreno ha dejado claras sus intenciones en la presentación de La ciudad oculta. Su trabajo renuncia a los códigos narrativos tradicionales y se propone armar un metraje a base de sensaciones. Lejos de exponerse como un largometraje al uso, La ciudad oculta bascula entre el documental y el videoarte en un viaje a los desconocidos universos subterráneos de cualquier gran ciudad. Vemos túneles apenas iluminados, goteras, raíles de metro, pero también ratas, gatos, formas fantasiosas de chispas o de agua. La fotografía de Jose A. Alayon busca los contrastes y se recrea también con imágenes de cámaras de seguridad, formas pixeladas o paneles de control del metro. Es la cara B de la urbe, un mundo escondido de trabajadores que no vemos pero que movilizan la maquinaria que rige en secreto nuestras vidas. La propuesta de Víctor Moreno no hace otra cosa que poner ante nuestros ojos el panorama cercano pero desconocido de las entrañas de la tierra.

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