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El frustrado fichaje de Herrera deja las limitaciones del fútbol vasco al descubierto

El interés del Manchester United por Ander Herrera ha vuelto a dejar en envidencia que es el dinero el que manda en el mundo del fútbol. No es nuevo, pero para un club como el Athletic que proclama unos valores distintos vuelve a caer como un duro golpe contra su filosofía.

El equipo sufrió mucho la temporada pasada tras la salida de Javi Martínez al Bayern y la voluntad mostrada por Llorente y Amorebieta para dejar el club y la historia parece volver a repetirse.

La implicación de los jugadores con el Athletic es necesaria para la supervivencia del equipo y lo que ha quedado claro tras lo sucedido con Herrera es que Marcelo Bielsa no era el problema, como se decía la temporada pasada.

Si Herrera no ha recalado en el United es porque los gestores del conjunto inglés han decidido que el coste de su fichaje es demasiado alto. Asimismo, da la sensación que el centrocampista rojiblanco ha sido utilizado para rebajar el precio de Fellaini. El Manchester descartó a Herrera tras conseguir cerrar el fichaje de Fellaini con el Everton por 26 millones de euros. Herrera costaba 36 y esos 10 millones de diferencia han sido la causa de que el traspaso no se cerrara.

El último caso ha sido el de Herrera, pero este verano se ha repetido la misma situación con Illarramendi en la Real por lo que ningún equipo está a salvo. El conjunto txuri-urdin puede pagar caro su buen hacer en Liga y en Europa. Futbolistas como Iñigo Martínez, Vela y Griezman, pueden ser muy apetecibles para los grandes equipos. Asumir su marcha es una opción, pero después no vale lamentarse.

Las cifras que manejan los grandes clubes que ganan los títulos y los nuevos ricos son inalcanzables para los equipos de fútbol vascos. Athletic, Real y Osasuna nunca podrán comprar a los mejores jugadores del mundo y aciertan a encontrar un sitio en ese mundo o siempre serán devorados por los ricos.

A ráiz de la salida de Mario Gotze al Bayern, el Borussia Dortmund anunció que los jugadores de su plantilla no iban a tener clausulas de rescisión. En Inglaterra ocurre algo similar y los clubes están obligados a entenderse para cerrar un traspaso. Evidentemente, aunque los clubes tengan la última palabra, el jugador puede presionar negándose a entrenar como ha hecho Gareth Bale para provocar su salida.

Los equipos vascos deben reflexionar sobre esta situación, reconociendo sus limitaciones para hacerle frente y apuntalando los aspectos positivos.

Si por cada millón recibido por Javi Martínez o Illarramendi, Real y Athletic fueran capaces de sacar un jugador no habría ningún problema. Reutilizar ese dinero en potenciar el trabajo de cantera en el fútbol vasco es fundamental, pero también es necesario hacerse una pregunta: ¿Por qué un jugador va a preferir quedarse en casa antes que salir fuera?

Por dinero está claro que no.

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