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Sueño de una noche de invierno (Hezkuntzaren aldeko akordioa 1)

“Las cosas que más me agradan son las que de forma mágica suceden”, esto dice el duende en la obra de Shakespeare “Sueño de una noche de verano”. Esta es la frase que me ha venido directa a la cabeza al leer el documento presentado por la consejera de Educación Cristina Uriarte (“Acuerdo por la educación-Bases para el acuerdo”). Porque, según iba leyendo, más me daba la impresión de que lo que allí se contaba correspondía a una fabulación con poca conexión con el mundo real.

El documento arranca con una formulación incontestable: “La Educación es, para una sociedad, para un País, una de las apuestas estratégicas de mayor calado y complejidad”. Por supuesto, estoy de acuerdo, quién no. El que no está de acuerdo es el Gobierno Vasco, que al elaborar sus presupuestos no concede esa supuesta importancia a la educación. Veamos, ahora se han recuperado los niveles de recaudación previos a la crisis, ¿se nota en la educación? Se nota a peor, pues se invierte menos, ni siquiera se ha igualado la inversión en educación previa a la crisis. En 2009  fue de 2.832.616 euros, y en 2018 son 2.722.850, una cantidad inferior; además, conviene señalar que en 2009 había 360.781 alumnos/as y en este curso 17-18 son 399.112. Con otras palabras, misma recaudación, más alumnado, menos inversión en educación. Para ser una “apuesta estratégica de calado”, no parece muy coherente. Quizás, siguiendo uno de los lemas de Isabel Celaá, consejera con el PSE y pionera de los recortes en educación, el objetivo es “hacer más con menos”. Ya lo decía el duende: “las cosas que más me agradan son las que de forma mágica suceden”.

No soy especialmente pesimista, ni suelo pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí observo que durante los últimos años (desde el inicio de la crisis con Celaá hasta el tiempo actual del PNV de Uriarte) los recortes y las políticas seguidas por el Gobierno han dañado seriamente la educación pública: se facilita la segregación del alumnado, ahondando año a año en la brecha social pública-privada; se desmantela con cuotas desorbitadas el ciclo 0-3 años en la pública (Partzuergo) mientras se subvenciona el mismo ciclo en la privada, con más desregulación y más prerrogativas en la matriculación; se dota de medios insuficientes a los centros frente a los retos y trabajos planteados, empezando por la pura gestión administrativa hasta llegar a la atención a la diversidad del alumnado. Por eso, me pregunto en qué realidad vive quien escribe, textualmente: “El sistema educativo vasco es parte de nuestro patrimonio y sobre esta base seguimos construyendo. Partimos de una base sólida y asentada”. Francamente, me da miedo pensar que quieren seguir construyendo tal como han “construido” estos últimos diez años.

Un mecanismo psicológico de defensa habitual es la negación o bien ocultación, negándose a mencionar siquiera aquello que, por el motivo que fuera, no resulta agradable. Al Departamento de Educación le sucede con la LOMCE. Como si no existiera. Dice el documento: “En Euskadi sigue plenamente vigente la Ley 1/1993, de 19 de febrero, de la Escuela Pública Vasca, aprobada con un amplísimo consenso político y social”. Plenamente vigente, dicen. ¿Por qué la LOMCE -y otras leyes educativas anteriores- llevan el adjetivo “orgánica”?  ¿Porque es más elegante? ¿No será porque al definirse así quedan por encima de toda legislación autonómica? En la reflexión (escasa) sobre los cambios en educación de los últimos años no se menciona la LOMCE, el cambio de normativa más importante ocurrido recientemente. ¿Si no hablas de ello es como si no existiera? La Ley de Escuela Pública Vasca contó, dice el documento, "con un amplísimo consenso político y social". La LOMCE y su adaptación a la CAPV Heziberri, ¿cuentan con ese mismo consenso? Esto se omite, pero es la realidad de la política del Gobierno Vasco en este tema. Digamos dónde estamos y no hablemos de la Ley de Escuela Pública Vasca como si desde entonces no hubiera sucedido nada.

Dice el documento: “El diálogo, la reflexión compartida, el acuerdo son las bases sobre las que hemos construido nuestro sistema educativo y sobre las que tenemos que pivotar el cambio“. A mí me hubiera gustado que hubiera sido así. Pero la realidad es otra: muy poco diálogo, bastante imposición, poquísimos acuerdos. Es lo que yo veo, será que no tengo esa “visión mágica” para percibir cosas que algunos parecen ver. Respecto a los y las trabajadoras del sector público, hay convenios laborales sin renovar desde 2003 (laborales) o desde 2010 (profesorado, firmado en minoría por CCOO y UGT). Estos convenios han sido, además, modificados unilateralmente por la administración en muchos aspectos importantes; tampoco ha habido, durante muchos años, voluntad real de negociar. Respecto a la reflexión compartida, me gustaría saber en qué foros se ha producido. Yo más bien he percibido afán propagandístico de la administración con logros y proyectos que se venden a la opinión pública. Y, junto a eso, críticas, demandas, propuestas de asociaciones de madres/padres, de sindicatos, de movimientos sociales, incluso de ayuntamientos que pocas veces encontraban respuesta y diálogo franco por parte del Gobierno.

Hasta aquí el comentario sobre la primera parte del “Acuerdo por la educación”.  (CONTINUARÁ-JARRAITUKO DU)

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