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A la sombra de la parra

No hace mucho que las casas de campo y caseríos tenían alguna parte o pared cubierta con una frondosa parra que proporcionaba una subyugante sombra durante los meses de calor. Eran los tiempos de la inteligencia natural; la de la naturaleza, quiero decir.

Esta foto actual de una casa en Nafarroa muestra que todavía queda algo de aquella liturgia de verano. Y que aún hay lugares que conservan algo que rememora el jardín de Epicuro y su frase sobre la «buena vida» que, según dijo, consiste en «un trozo de queso, un vaso de buen vino, la sombra de una parra y una conversación estimulante con los amigos».

Algo tiene la hoja de parra para que transmita de golpe todo ese concepto de buena vida que sobrevive a los siglos. La imagen atestigua que nada tiene que ver con consumos, producciones, actividades ni tecnologías. Pero es que ni siquiera lo que decía el filósofo ateniense tiene nada que ver con el concepto actual del epicureísmo, que a menudo se confunde con sibaritismo.

Aunque esté en Liedena, bien podría ser el jardín de Epicuro. Al margen de formalidades gastronómicas, el refinamiento está en la comida y en degustarla con una buena conversación de horas a la sombra, entre amigos, bajo la parra y con el frescor y fortaleza de unas paredes antiguas.

Son placeres del verano. Mientras esta sobremesa exista, el fin del mundo puede esperar un poco todavía.

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