1 iruzkin

Mirar y no ver

«Miras pero no ves». Me da la impresión de que solo quien tenga más de cincuenta entenderá la frase a la primera, sin pensarlo. La escuché muchas veces, casi tantas como acompañaba los pasos de mi abuela por caminos y atajos que resistían con toda la dignidad posible a las embestidas del asfalto. Ella miraba, y veía lo que yo no: menta, verbena, cola de caballo, hierba luisa y manzanilla.

Aunque la razón que les dio forma siga tan sólida como un viejo puente romano, hay frases que caducan: Mirar y no ver es una de ellas, la de que los mayores son la voz de la experiencia es otra.

El caso es que entre hierbas y frases, hoy hemos llegado a vernos así a nosotros mismos, como en la instantánea de arriba. En tiempos en que lo único que florecen son los dispositivos tecnológicos, buscamos el  regocijo íntimo en situaciones de estrambote. Cuento en la imagen más de veinte móviles. Hay otros tantos que no se aprecian, pero se evidencian. Las personas de la foto no ven nada; pero es que además de no ver, ni siquiera miran. Su emoción se enfoca en el efecto minimizado de la realidad, como en esas pinturas del cuadro dentro del cuadro que se repite a sí mismo, empequeñeciéndose hasta el infinito.

Brazos en tensión, manos que parecen rezos y miradas al cielo más absurdo. Entre lo ridículo y lo cómico. Con una única excepción: la anciana de gafas moradas. Obsérvenla en su placidez, en esa posición de descanso y disfrute sobre la barrera que separa al público del escenario donde se encuentran los actores objeto de deseo. Es la única que goza del momento, de la realidad y del espectáculo. Es, sin duda, el espíritu más libre y, en consecuencia, el más inteligente que desprende la imagen publicada hace unos meses en el Boston Globe.

Piensen en ella la próxima vez que se les ocurra captar el momento mágico con su teléfono móvil. Háganlo, porque además, y aunque nadie me crea, esa juvenil anciana es mi abuela. Esto es cierto, tan cierto como que ella nunca estuvo en Massachusetts, jamás oyó hablar de Johnny Depp y no vio un smartphone en su vida. Ni falta que le hacía.

/