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Que no hablen ni las paredes

Hace tiempo que el surrealismo se instaló en estos paisajes. La pintada que aparece en la imagen no lo es. No es surrealista. Es, simplemente, una clara denuncia de algo que todo ser humano debería compartir. Empezando por cualquier institución de cualquier lugar del mundo.
El delito de tortura no existe en algunos países europeos. Italia es un ejemplo. Por eso se está llenando de torturadores nazis que buscan allí su refugio particular. Hay otros en los que la tortura está penada, pero sea por activa o por pasiva, la realidad se retuerce hasta difuminar cualquier vestigio de su existencia. La versión oficial dice que en el Estado español no se tortura, salvo en casos muy excepcionales que, claro está, se investigan en profundidad. Los hechos, sin embargo, dicen que se tortura y que no es algo excepcional. Los hechos y el Tribunal de Estrasburgo, que ha condenado cinco veces al Estado español por no investigar las denuncias de ciudadanos que afirmaron haber sido torturados.

Siete personas han sido detenidas por la Guardia Civil en Burlata acusadas de injurias contra la Guardia Civil por denunciar las torturas sufridas por varios jóvenes recientemente. Entre ellos están la madre, el padre y el hermano de uno de ellos y el mural que aparece en la imagen es el motivo de la detención.

No sé ustedes. Yo no lo veo. No veo la injuria. No veo el motivo. No veo más que retazos de realidad pasmosa, esa que otra vez lleva a convertir al denunciante de torturas en denunciado.
No lo veo, como ocurre con la tortura en tantos despachos judiciales, cuartelillos y comisarías. Pero con una diferencia. Yo sí he mirado y remirado la imagen. He buscado hasta dejarme las pestañas algún elemento tridimensional en la pared, cualquier imagen subliminal, un yoquesé simbólico, por simple que fuera, que diera pistas para entender que quienes deben garantizar la legalidad –jueces, fiscales y policía– detengan a personas que denuncian ese delito que la legalidad debería combatir. Y concluyo que se han debido de enredar en el bucle. No me extraña. Son muchos años de real irrealidad. Por si acaso, de tortura, que no hablen ni las paredes. 

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