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Somos marionetas

Serán pocos en el planeta quienes no hayan visto el anuncio de un perfume en el que Julia Roberts abandona una fiesta de lujo en la que todos sus participantes son marionetas exquisitamente atadas, incluida ella. Ese en el que, en un gesto casi lírico, rompe los hilos de diamante que la atan a los convencionalismos, se eleva sobre el resto al subir por la escalera y accede a un nivel superior, tan lujoso como el anterior, pero abierto al aire de una vida bella. Ahí es nada, el triunfo personal de la rebeldía en la elección de un perfume.

La fotografía de arriba no es tan sofisticada; se entiende a la primera, aunque en virtud de alguna ley no escrita, hay ideas que van quedando obsoletas. La imagen, en cualquier caso, es global, como la pregunta que suscita. Quién mueve los hilos y desde dónde. La parlamentaria de la oposición húngara que se ha subido a su escaño con el títere del presidente tiene clara su respuesta, pero tirando del mismo hilo no es complicado llegar al anuncio del perfume y al mercado.

El mercado es un concepto. No tiene cara, ni tronco ni extremidades, así que no nos puede asustar, ahogar ni atenazar. Aunque lo haga con más sigilo que una boa constrictor.

La marioneta de la foto tiene los hilos cortos. Los globales son larguísimos; atrapan el mundo entero. Pero de vez en cuando está bien que alguien, como la parlamentaria húngara, venga a poner las cosas en su sentido original. Y le ponga cara al títere. De paso, nos recuerda que todos somos marionetas. Y cada vez más enredadas.

Foto: A.Kisbenedek/AFP

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