Benat_zaldua_tx
Las elecciones más incómodas para el independentismo

Más de dos meses después de las elecciones del 27S, en plenas y delicadas negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP y con el futuro del proceso independentista en el aire, hay muchas gafas para observar la contienda del 20D en Catalunya. Muchas capas superpuestas, y además irregulares. Veamos.

2015/12/04

Aunque el independentismo se desgañite recordando que las elecciones estatales no son la segunda vuelta del 27S, el unionismo las venderá como la reválida, consciente de que en unas generales buena parte del independentismo se queda en casa y que, por contra, los partidos estatales movilizan más que nunca a su electorado. Aunque el resultado nunca será comparable al del 27S, porque difícilmente la participación llegará al 75% alcanzado entonces, conviene en este caso ir poniéndose la venda: en el cómputo global, el unionismo ganará las elecciones en Catalunya. Así lo indican todas las encuestas, incluida la publicada por la Generalitat el miércoles, que daba entre 18 y 21 diputados a las dos candidaturas independentistas y entre 26 y 29 escaños a la suma de los partidos estatales.

A nadie se le escapa que la marcha de las negociaciones entre JxSí y la CUP condiciona el estado anímico del electorado independentista. Y las perspectivas no son buenas. Un acuerdo como el propuesto el miércoles por David Fernández (que defendió ceder dos votos a Mas a cambio de un plan de choque) podría ser todo un revulsivo durante la campaña. Sin embargo, dado que la CUP tiene su asamblea nacional extraordinaria el 27 de diciembre, no habrá acuerdo ratificado hasta después de las generales.

Así, de la misma manera en que las negociaciones influirán sobre los resultados del 20D, esos mismos resultados incidirán sobre las conversaciones. Y es que otra de las capas de esta campaña que arranca es la pugna dentro del campo independentista, en el que CDC esconde sus siglas, en vías de liquidación, detrás de la coalición Democràcia i Llibertat (DiL), mientras que ERC aspira a revalidar el sorpasso de las elecciones europeas. Dado que todas las encuestas auguran que DiL perderá como mínimo cuatro o cinco de los dieciséis escaños que ahora tiene CiU, habrá que seguir muy de cerca cómo el previsible bajón del nacionalismo conservador influye tanto en las negociaciones con la CUP como en el equilibrio interno de JxSí.

Pero ojo, porque la marcha de las negociaciones no afectará solo al resultado de los partidos independentistas, sino que condicionará la campaña en el resto del Estado. Con el proceso al ralentí, Catalunya difícilmente tendrá el protagonismo que todos le adjudicaban hace apenas dos meses, aunque cualquier movimiento de calado en el escenario catalán tendrá su réplica en Madrid. El PP lo espera como agua de mayo.

Lo mismo cabe decir sobre el desempeño de los partidos estatales en Catalunya. Los 47 diputados que los catalanes envían al Congreso siempre han sido claves para las victorias del PSOE en Madrid, tanto con Felipe González como con Zapatero. Pero, en esta ocasión, el PSC tiene enfrente a Ciutadans, que come terreno a los socialistas a golpe de aparición televisiva de Albert Rivera. La pugna entre ambos partidos será memorable, seguramente escaño a escaño, voto a voto.

Del PP nadie espera nada en Catalunya, ni el propio PP, mientras que la gran incógnita es, probablemente, En Comú Podem. Se trata de la candidatura de Podemos e ICV-EUiA en la que, esta vez sí, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, se dejará la piel. Si el proceso vuelve al eje de la campaña, no tienen mucho qué hacer, pero si continúa en un segundo plano, darán qué hablar.